Uno pensaba que los suizos eran un pueblo inteligente y práctico. Parece que estábamos en un error, porque ni siquiera el país de los bancos, el chocolate, las navajas multiusos y los relojes de cuco es inmune a la estupidez que recorre el globo terráqueo.
En lo que se refiere a las gallinas, el
ecologismo de despacho y el infierno administrativo han dado lugar a un sistema
muy caro, rígido y con poca capacidad de reacción cuando la demanda sube o
aparece una crisis sanitaria.
¿El resultado? No sólo el precio por huevo supera el euro, sino que además tienen que importarlos.

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