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sábado, 9 de agosto de 2025

A tumba abierta

Joe Hill es hijo de quien es, y eso se nota en el estilo de su literatura (al menos, de la que yo he leído). Cualquiera de sus relatos -parece desenvolverse mejor en el relato corto que en la novela y, desde luego, no tiene el ritmo frenético de su padre- podría incluirse sin problemas en uno de los muchos volúmenes que ha publicado Stephen King, y no creo que nadie notara la diferencia. O no demasiado.

Eso sí, hay una cosa que le distingue de él, y es que parece incapaz de escribir un solo relato que tenga un final feliz o, al menos, no terriblemente trágico. Por lo demás, este volumen se lee como todos los demás, en un suspiro.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 24 de abril de 2025

Si te gusta la oscuridad

Últimamente, Stephen King tiende a escribir novelas largas… mucho. Por eso, de vez en cuando resulta reconfortante leer volúmenes como éste, compuesto de historias más cortas, aunque algunas serían lo que los angloparlantes llaman novellas, esto es, algo más largo que un relato y más corto que una novela.

De todos los relatos, dos me han llamado la atención. En el que abre el volumen, Dos cabrones con talento, hay un episodio -un octogenario que se rompe la cadera y que fallece poco después- que me recuerda un caso personal. En El quinto paso, el giro final es de esos que te deja descolocado, en la mejor tradición de su autor.

Quizá no sea el mejor volumen de relatos del autor de Maine, pero satisfará a sus incondicionales. En mi caso, al menos, lo ha hecho.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

sábado, 24 de agosto de 2024

Holly

En la línea de las demás historias en las que interviene Holly Gibney, Stephen King deja claro desde el primer momento quién es el culpable. La duda, por lo tanto, es cómo y cuándo lo descubrirá la protagonista, y quiénes -porque, no olvidemos, el autor de Maine no tiene escrúpulo ninguno en acabar con quien sea- caerán por el camino.

Como en casi todas sus historias desde hace cosa de una década, King deja bien a las claras sus ideas, políticas y de cualquier tipo. En el postfacio habitual viene a señalar que el que la protagonista comparta sus postulados es poco menos que mera coincidencia, y que sería capaz de retratar a una heroína con la postura contraria.

No estoy yo tan seguro…

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

martes, 6 de agosto de 2024

Cuento de hadas

Las primeras quinientas páginas de esta novela cayeron en un suspiro, apenas dos o tres días. Por circunstancias que no vienen al caso, me vi en una situación en la que apenas podía hacer otra cosa para pasar el rato que leer. Las trescientas y pico restantes me llevaron cosa de diez días, porque estuve bastante más ocupado.

Al leer este libro tuve la sensación de transitar por un terreno ya conocido, como si el autor de Maine estuviera reelaborando viejas tramas dándoles un aspecto nuevo, pero no tanto como para no apreciar un cierto aire de familia, podríamos decir.

Así, un mundo paradisíaco corrompido por fuerzas oscuras y un héroe con un revólver al cinto trae recuerdos, inevitablemente, de la saga de la Torre Oscura (hay, además, campos de amapolas). Un adolescente de metro noventa y cien quilos de peso te hace pensar en el propio King, más aún si te dice que acabará convirtiéndose en profesor de literatura y, más tarde, en escritor.

Como peros, le pondría dos: en primer lugar, no hay final feliz (al fin y al cabo, es King); y, lo que es más importante, no se explica cómo descubrió Howard Bowditch el pasaje que lleva a Empis (pasaje que, puesto que tiene escaleras, tuvo que ser construido o, al menos, reformado por alguien).

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

viernes, 16 de febrero de 2024

Billy Summers

Esta novela de Stephen King guarda ciertas similitudes con Mr. Mercedes, en el sentido de ser básicamente realista. Y digo básicamente porque en cierto momento de la trama hace su aparición un cierto hotel situado en las Rocosas de Colorado. De refilón, poco más que un cameo, pero se le menciona.

No es, como digo, el típico producto del autor de Maine en cuanto al tema: es descarnadamente realista, casi como si lo hubiera escrito un Forsyth de la última época (tan alejado de los escenarios internacionales), o quizá (por momentos me lo ha recordado, aunque nada más lejos de su estilo) un Grisham fuera de los juzgados.

Sí es puro King en cuanto a su estilo de bola de nieve: las cosas empiezan despacio, con parsimonia, y a partir de cierto momento empiezan a acelerar hasta el estallido final. También en cuanto a su falta de escrúpulos, en el sentido de que ningún personaje está a salvo. Y lo mismo en cuanto a su inquina anti Trump, aquí algo más matizada.

Por otra parte, me ha resultado un poco metaficcional. De hecho, no sé si el adjetivo, amén de su dudosa existencia (el corrector ortográfico me lo marca como incorrecto), es adecuado. Quiero decir que se trata de una novela en la que uno de los personajes escribe una novela. Que esa novela-dentro-de-la-novela sea autobiográfica , y una especie de precuela al libro en el cual se encuentra, es lo de menos.

Finalmente, el último tramo del libro me resulta -hoy vamos de adjetivos poco utilizados y que no estoy seguro de que sean ajustados- poético, lírico y bastante melancólico.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

lunes, 4 de septiembre de 2023

La última misión de Gwendy

En este tercer volumen, Stephen King regresa para ayudar a Richard Chizmar a poner fin a la historia de Gwendy Peterson. Y será efectivamente el fin dado el desenlace del libro: si hay más volúmenes sobre la (misteriosa) caja de botones o sobre la propia Gwendy, deberán ser precuelas o intercuelas.

La historia adolece de dos de los (para mí) defectos de las últimas historias del escritor de Maine. En primer lugar, muestra indisimuladamente sus simpatías demócratas, o sus antipatías republicanas (personificadas en Donald Trump), a lo cual no me opongo, siempre que no sean tan descaradas: como ya he comentado en alguna ocasión, nadie duda del talante demócrata de John Grisham -suyo será el próximo libro que lea-, pero es más sutil al plasmarlo por escrito, o al menos eso me parece.

En segundo lugar, está esa manía de ligar todas sus narraciones al mismo universo (o multiverso), concretado en la saga de la Torre Oscura. Al menos, esta novela, al transcurrir tras el séptimo volumen de la saga (de hecho, trasncurre también en nuestro -cercano- futuro), deja bastante claro que el Rey Carmesí está muerto.

Por lo demás, como los otros dos volúmenes de la trilogía: tipo de fuente grande, interlineado y márgenes amplios, capítulos cortos… se lee en un suspiro.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 31 de agosto de 2023

La pluma mágica de Gwendy

Esta (relativamente) inesperada continuación de La caja de botones de Gwendy está escrita sólo por uno de sus coautores, Richard Chizmar. A pesar de ello, la influencia de Stephen King se deja notar, y no sólo por el hecho de que Chizmar sea un admirador confeso del prolífico autor de Maine.

Para empezar, la historia está bastante imbricada con lo que podríamos llamar el Kingverso, ese mundo (o cosmos) donde transcurren las historias de King y que ya, cuando yo había leído (y él había escrito) bastante menos de lo que lleva ahora, pensé que era raro que los personajes no acabaran cruzándose, si todas las historias transcurrían en uno de los estados más pequeños (el undécimo, según Wikipedia) y menos poblados (el décimo, misma fuente) de la Unión. Premio: al poco de pensarlo, empezaron a cruzarse.

Un dato curioso es que Richard Farris, que en otras historias de King (Apocalipsis, La torre oscura) es una presencia malvada, aquí parece ser benevolente o, al menos, neutral (este extremo quizá se explique en el tercer volumen -sí, lo hay- de la serie… o no).

Un aspecto que no me ha gustado demasiado es la aparición -al igual que en el segundo volumen de la trilogía iniciada con Mr. Mercedes- de un elemento que podríamos llamar paranormal. Quiero decir, si no recuerdo mal, en La caja de botones el único elemento no realista de la trama era la propia caja, y todo lo demás era verosímil. Pero aquí aparece de repente un poder de la protagonista (no daré más pistas), que soluciona el problema de la trama en un pispás y que desaparece inmediatamente.

Como digo, ya veremos qué pasa en la tercera parte…

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

martes, 14 de junio de 2022

Después

Para ser una novela de Stephen King, Después es bastante corta. Podría decirse que es lo que yo suelo decir de las sandías: si les quitas toda el agua, te quedas con una cereza. En esta novela no hay tiempos muertos, ni digresiones, ni largos soliloquios. Va al grano; tanto, que hay muchas cosas que se quedan en el aire y que, conociendo al autor de Maine, no sería descartable que rescatara en alguna otra narración.

Y nada, mi comentario ha resultado casi tan breve como la novela...

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 29 de agosto de 2021

Elevación

Esta novela podría considerarse como la versión buenrollista de Maleficio. En las dos, el personaje principal pierde peso; pero mientras que en la novela de Richard Bachman el protagonista era un capullo, aquí es un buen tipo.

Siempre suelo establecer la distinción entre adelgazar y perder peso. Lo segundo es relativamente fácil (corre más y come menos, acostumbro a decir); lo primero es mucho más difícil, porque no sólo entra en juego la grasa, sino también los músculos. Hablando en términos científicos, si pierdes peso, bajas tu densidad; si adelgazas, la aumentas (y si haces las dos cosas, la mantienes, más o menos).

Por establecer un paralelismo, esta novela me recuerda al relato La vida de Chuck, uno de los cuatro que componen La sangre manda, el libro de King que leí antes de este. No es tan dramático, aunque sí es igualmente melancólico.

Para terminar, la pega que le pondría es que la pérdida de peso del protagonista no queda explicada. No sabemos cómo ni por qué se produce y eso, para decirlo corto y claro, me fastidia bastante.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

sábado, 28 de agosto de 2021

La sangre manda

Una anécdota que suelo contar (esto es casi una perogrullada: tiendo a repetir las anécdotas una y otra vez) es que cuando era pequeño no quería leer los libros de Stephen King porque (oh, sorpresa, oh, maravilla) eran de miedo.

Todo cambió un verano de finales de los ochenta, cuando a uno de mis hermanos le dejaron It y decidí leérmelo. Desde entonces, he leído casi todo lo que ha escrito el autor de Maine, y puedo decir que, además de escribir terror (aunque, después de todo este tiempo, estoy como quien dice curado de espantos), escribe de casi todo.

King alterna las novelas interminables (tipo Duma Key) con colecciones de relatos o, como en el caso que nos ocupa, lo que los angloparlantes llaman novellas: más largas que un cuento, más cortas que una novela. Y los cuatro relatos que componen el volumen son tan distintos como cabría imaginar.

El teléfono del señor Harrigan es una de las típicas historias de miedo, del estilo (es el concepto que tengo) de Alfred Hitchcock presenta o Cuentos desde la cripta, en la que el protagonista tiene el buen sentido de parar a tiempo. La vida de Chuck es una alegoría, casi lírica, sobre la importancia de la vida de cada cual, la pérdida irreparable que supone su muerte y un trasunto del en mí contengo universos. La sangre manda es un nuevo relato con Holly Gibney -ya decantado totalmente hacia lo sobrenatural-, una especie de continuación de El visitante y una muestra de lo que King es capaz de hacer cuando no se dedica a estirar las historias: el ritmo es endiablado y no da respiro. Finalmente, La rata me recuerda en cierto modo La ventana secreta (o el concepto nebuloso que tengo de esa novela, ya que hace mucho que me la leí y no la he revisitado) y las transacciones a las que debe llegar un autor para terminar su obra, pactos fáusticos incluidos, al menos en el universo de King.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 19 de agosto de 2021

Muerte al alba

Es la segunda novela que leo en apenas un mes que parece un intento de hacer una versión propia de It. Al igual que Un verano tenebroso, ésta se publicó en 1.991 (un lustro después que la novela del autor de Maine). El resto de los rasgos característicos son muy similares: un grupo de preadolescentes (en este caso, el más reducido de las tres novelas: sólo cuatro), el papel que juegan las bicicletas, una cierta maldad bajo una cubierta de la América rural idílica (en cierto modo, más difusa que la de las novelas de Simmons y King, pero también mucho más terrenal), un personaje que en el futuro será escritor (en esta novela es indudablemente el protagonista principal, además de narrador en primera persona y especie de alter ego del autor).

Como he dicho, los malos de la novela no tienen nada de sobrenatural: un clan de rufianes sureños y un nazi huido (huy, perdón, espóiler). Tampoco hay mucho de sobrenatural en la trama, si exceptuamos el personaje de la Señora, que parece tener alguna clase de conexión con el mundo espiritual, la habilidad de convertir cartuchos en culebras y el dotar a la bicicleta de Cory de una especie de inteligencia artificial que le permite prevenir peligros y esquivarlos.

Una novela entretenida, en la que los protagonistas son chavales y que está narrada desde el punto de vista de un chaval, lo cual tiene no poco mérito. Eso sí, el título en español -que no tiene ninguna relación con el Boy’s life original- se carga todo el inicio de la novela.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

lunes, 1 de marzo de 2021

El Instituto

En esta novela, como en tantas otras, Stephen King emplea lo que he dado en llamar la técnica de la bola de nieve: la acción avanza despacio, con calma, coge gradualmente velocidad y acaba con un espectáculo pirotécnico digno de un blockbuster hollywoodense.

Dos aspectos a destacar de esta novela: el primero, que comienza en un escenario y con un personaje que, aparentemente, no tiene nada que ver con la trama principal; el segundo, que la trama me recuerda poderosamente a la saga de El corredor del laberinto, porque una misteriosa organización tiene atrapados a un montón de preadolescentes que acaban rebelándose y tirando todo abajo (en este caso, literalmente).

Sí, lo sé, leo demasiado. Y King empieza a ponerse un poco pesado con sus referencias políticas...

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

viernes, 8 de enero de 2021

La caja de botones de Gwendy

Esta novelita (¿cuento largo?) de Stephen King y Richard Chizmar se lee en un suspiro. No sólo porque tenga pocas páginas, sino porque el tipo de letra es grande y la estructura -capítulos cortos- ayuda bastante.

La historia en sí tiene el típico toque de King en su variante cotidianeidad con sólo un ligero toque fantástico. De hecho, al final uno acaba preguntándose si todas las cosas buenas que le pasan a Gwendy se deben a la caja o habrían acaecido igualmente si no se cruza con Richard Farris.

Y aquí está lo que para mí es el punto flaco de la obra, uno que viene siendo habitual en las obras -no en todas- más recientes de King: la manía por ligar todo con su universo de la Torre Oscura (¿es Farris un alias de Randall Flagg?), el empleo de la misma jerga (garlar). La verdad, prefería cuando las cosas encajaban de manera menos forzada, en los primeros tiempos: que el sheriff que aparecía en (creo) La zona muerta fuera luego destripado en Cujo (u otra ligazón parecida).

Al menos, acaba (razonablemente) bien y no muere (demasiada) gente.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 31 de diciembre de 2020

22.11.63

Hace mucho que tenía esta serie basada en la novela homónima de Stpehen King, pero nunca encontraba el momento para ponerme a verla. Estas vacaciones de Navidad, alejado de internet salvo por mi móvil, ha sido el momento.

Aisladamente considerada, la serie no es mala. De hecho, sigue con bastante fidelidad el libro aunque, por lo que recuerdo, mete algunas tramas adicionales al tiempo que, supongo, elimina otras (es un libro bastante gordo, conforme acostumbra el señor King). James Franco, que parece más despierto -o menos fumado- que de costumbre, hace un papel aceptable como protagonista, y está bien secundado.

Por ponerle alguna pega, diría que no quedan nada claras las motivaciones de Oswald para hacer lo que hizo salvo que, simplificando, estaba pirado. A cambio, el final es el que tiene que ser: el de la novela y, por lo tanto -otra constante de King-, agridulce.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Tiempo extraño

Cuando empecé a leer este libro -formado por cuatro novelas cortas, o cuatro cuentos largos-, mi pensamiento fue que Joe Hill no puede evitar ser hijo de quien es. No sólo escribe historias del mismo género que su padre, sino que incluso emplea -o eso me parece a mí- un tono y un estilo parecidos; tanto, que algunas podrían pasar perfectamente por obras del padre y no del hijo.
Sin embargo, conforme avanzaba, añadí mentalmente una matización: el hijo puede llegar a ser tan cabrón con sus personajes (y con el lector) como el padre, pero en ocasiones lo es todavía más. Ya no es sólo que mueran personajes buenos, sino que incluso pueden llegar a ganar los malos, al menos cuando llegas a la última página (uno asume, o quiere asumir, que tras el final de Cargado el villano será abatido a tiros por la policía o se pegará él mismo un tiro).
Y luego está la tercera historia, En el aire, en la que junto al (relativo) horror hay abundantes pinceladas de humor. Eso, sin olvidar la mala baba, claro.
En resumiendas cuentas, que me ha gustado. Pero iba predispuesto.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 23 de agosto de 2020

El visitante

Como parece que en mi lista de lecturas los libros de Stephen King y los de John Grisham van el uno del otro en pos, tras El caso Fitzgerald me he endilgado esta novela del autor de Maine.
Como en la mayoría de sus obras -por no decir todas-, la duda no es si el bien acabará triunfando sobre el mal, sino cuántos de los buenos llegarán vivos a la última página. Y en ese sentido, esta novela no defrauda. Sigue también el que llamo método de la bola de nieve: la historia discurre lentamente al principio, para luego ir acelerando y acelerando hasta resolver todo en una gran traca final.
El malo es en esta ocasión el hombre del saco, el sacamantecas, el coco. Stephen King logra meter todo eso dentro de una novela de detectives, una especie de spin off de la trilogía de Bill Hodges, manteniendo más vínculos con las dos últimas novelas de la misma que con la primera, en el sentido de que el elemento sobrenatural no sólo está presente en la trama, sino que es un elemento esencial de la misma.
Por momentos, esta novela me ha recordado a It, en el sentido de que un grupo de personas (todos varones, menos una chica) deben enfrentarse a un ente sobrenatural… y a su propio escepticismo, en el caso de algunos.
Para finalizar, una observación: yo habría traducido outsider no por visitante, sino por forastero o extraño.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

sábado, 7 de marzo de 2020

Bellas durmientes

Teóricamente, este libro está escrito a cuatro manos entre Stephen King y su hijo menor, Owen. Sin embargo, salvo en la idea -y esto, porque el propio padre ha dicho que era del hijo-, se me hace difícil diferenciarlo de cualquier otra obra del autor de Maine. Mismo estilo narrativo, misma técnica de bola de nieve, misma muerte de algunos personajes queridos, mismo final agridulce… Como diría Groucho Marx, todo en este libro recuerda a otros de King.
Por otra parte, he leído algunas críticas que tildaban esta obra de feminista. Después de leerla, mi opinión es que es más bien femiñoño, o tópicamente feminista: los varones, salvo excepciones, son violentos, mientras que las mujeres, también salvo excepciones, están llenas de buenos sentimientos, son altruistas y generosas y demás.
En resumen, una trama sexistamente maniquea.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

sábado, 16 de noviembre de 2019

Fin de guardia

Servidor está predispuesto a que le gusten los libros de Stephen King. No deja de ser irónico que fuera un autor que esquivé hasta bien entrada mi segunda década de vida, y que me estrenara con It, quizá no la mejor de sus obras pero sí la sublimación de su estilo (algo parecido a lo que ocurre con La alternativa del diablo y Frederick Forsyth, que también fue el primer libro que leí del británico).
A lo que iba. Esta novela cierra la trilogía que el autor de Maine dedica a Bill Hodges. Tiene, por tanto, un aire cierto (que no un cierto aire) a melancolía, a acabarse, a fin de un ciclo, desde el título hasta la última página… aunque, por lo que he leído en Wikipedia, parece que Holly Gibney aparece en al menos una obra posterior de King (posterior tanto en su fecha de elaboración como en su posición dentro de la cronología interna de lo que podríamos llamar el Kingverso, el mundo en el que transcurren las historias de Stephen King), así que…
Mr. Mercedes se caracterizó por ser una novela, llamémosla así, realista: nada de demonios o monstruos (al menos, en el aspecto físico), nada de poderes paranormales, nada de entidades sobrenaturales. King ya había tenido obras de este estilo –Cujo es la primera que me viene a la mente-, aunque ninguna de esta temática (lo que podríamos llamar género policíaco).
Quien pierde, paga siguió más o menos esta línea, pero ya apuntaba elementos fantasiosos. Esa tendencia cristaliza en la tercera parte: es un elemento pequeño –que no voy a descubrir aquí- pero esencial para la trama, que para el resto se apoya en elementos completa y (podríamos decir) científicamente tangibles.
A pesar de todo, casi estoy por perdonárselo al autor. Como he dicho al principio, estoy predispuesto a que me gusten sus novelas, y me gusta ese estilo que tiene y que llamo de bola de nieve: empieza despacio para luego ir acelerando y acelerando. Aunque aquí hay un matiz, porque poco después de mitad de la novela parece ralentizar el paso y narrar los últimos sucesos con más calma, o por mejor decir a cámara lenta.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

martes, 30 de julio de 2019

Fuego

El mayor hándicap de Joe Hill es ser hijo de quien es. Probablemente, de tratarse de otro autor no habría visto, o creido ver, tantas referencias o influencias, pero es que en Fuego (un título mucho más dramático –e irónicamente apropiado a la temperatura de los días en que lo he leído- que el original El bombero) percibo retazos de Apocalipsis (por una plaga que diezma la población, aunque aquí los enfermos sean los buenos), Ojos de fuego (evidentemente, por la piroquinesis) y Los Tommynockers (por, si no recuerdo mal, esa especie de mente grupal).
Por otra parte, también hay ciertos rasgos del autor de Maine, como esa tendencia a liquidar a personajes con los que el lector se ha encariñado y, además, sin avisar: ahora está vivo, ahora está muerto.
En cambio, Hill dosifica bien el suspense, dejando al lector en ascuas, en plan ya hablaría con él cuando volviera… sólo que tardó mucho más de lo que suponía. También hay giros de la trama que resultan inesperados (al menos, para mí); personajes del tipo Jason o Freddy, en el sentido de que resulta (casi) imposible matarlos; malos que resultan no ser tan malos, y buenos que resultan no serlo; y una escena post-créditos que vale un potosí.
En resumen: aunque la sombra de su padre es alargada, Joe Hill hace un meritorio esfuerzo por salir de la misma. No es una obra maestra –en este sentido, para mí El traje del muerto sigue siendo su novela más original-, pero entretiene, y mucho.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 23 de mayo de 2019

El bazar de los malos sueños

Este volumen de relatos (relativamente) cortos de Stephen King no contiene ninguno que ya hubiera leído, que yo recuerde, con la excepción de Billy Bloqueo. Los relatos contienen las características generales de la obra de King: personajes infantiles a los que se hace sufrir (en el primero de los relatos), finales no siempre satisfactorios (en el sentido, no de que sean incoherentes, sino de que uno –yo- habría preferido otro final), cierto humor negro en ocasiones, ciertos giros de guión inesperados… También hay, en las introducciones que hace a cada relato, referencias a periodos concretos de su vida, como el accidente que sufrió a principios de siglo (una constante desde entonces) o la etapa en que estuvo casi permanentemente ebrio y colocado en algún momento de los ochenta.
A señalar que, leyendo el relato titulado Herman Wouk todavía vive, me entró la curiosidad de saber cuándo murió el autor de El motín del ‘Caine’ y de (más importante para mí) Vientos de guerra y Tormentas de guerra. Me encontré con que, según Wikipedia, acababa de morir ese mismo día –el Viernes 17 de Mayo-, a los ciento tres años. Curioso.


¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!