Cuando salió la denuncia por presuntos abusos -recordemos, la presunción de inocencia es uno de los pilares del Estado de Derecho, por más que las feminazis y la fauna adyacente se empeñen en afirmar que los varones heterosexuales somos una panda de degenerados que sólo pensamos con la bragueta- contra Julio Iglesias, la población se dividió en dos grupos: los que le consideraron culpable sin más pruebas, y los que le concedimos el beneficio de la duda.
Vamos a admitir que existe un sesgo de
confirmación por mi parte, pero empezaron a aparecer pruebas que no sólo no le
incriminaban, sino que apuntaban a que todo era un montaje creado por una de esas
oenegés sedicentemente feministas y aprovechado por el desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer como una cortina de humo
para tapar su montaña de escándalos.
Y cuando se supo que una de las denunciantes tiene una cuenta erótica en OnlyFans (perdón por la redundancia), uno empezó a pensar que quizá no habría quedado tan traumatizada por los presuntos malos tratos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario