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martes, 3 de noviembre de 2020

Mis frases de cine favoritas (36)

Como ya deben saber los que leen este blog con cierta asiduidad, el de Robin Hood es uno de mis mitos favoritos. Sean Connery, recientemente fallecido, quizá no fuera un gran actor en términos puramente artísticos -aunque fue ganando aplomo con los años-, pero era desde luego un animal cinematográfico capaz de robar la película a todo un Kevin Costner aunque no apareciera ni un minuto, o de hacer verosímil el enamorar a una mujer que podría ser su hija. Audrey Hepburn, por otra parte, era una de las actrices favoritas de mi madre.

No es de extrañar, por tanto, que el último parlamento de la Hepburn en Robin y Marian -una de las versiones más hermosas y más tristes (más melancólicas, por lo tanto), si no la que más, que se han hecho sobre el bandido de Sherwood- acabara apareciendo en esta serie:

Te amo. Te amo más que a todo. Más que a los niños. Más que a los campos que planté con mis manos. Más que a la plegaria de la mañana o que a la paz. Mas que a nuestros alimentos. Te amo más que al amor, o a la alegría, o a la vida entera. Te amo más que a Dios.

Aunque también tendría cabida en la de Traductor benefactor porque, como puede verse, la versión española no se corresponde exactamente con la inglesa:

I love you. More than all you know. I love you more than children. More than fields I’ve planted with my hands. I love you more than morning prayers or peace or… or food to eat. I love you more than sunlight, more than flesh or joy, or one more day. I love you more than God.

Es decir:

Te amo. Más que todo aquello que conozcas. Te amo más que a los niños. Más que a los campos que he plantado con mis manos. Te amo más que a las oraciones matutinas o la paz o… o los alimentos para comer. Te amo más que a la luz del sol, más que a la carne o la alegría, o que a un día más. Te amo más que a Dios.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 18 de noviembre de 2012

Robin Hood (III) – El hombre del rey

Angus Donald sigue con su revisión del mito de Robin Hood. A diferencia de los dos anteriores volúmenes de la saga, en este hay menos detalles desagradables (aunque alguno hay) y algo más de intriga. También se solucionan algunas cuestiones (como los problemas con sir Ralph Murdac) al tiempo que surgen otros (singularmente, las razones de la muerte de Alan Dale). Por otra parte, también avanzan los hechos acaecidos durante la vejez del narrador, sin llegar tampoco a solucionarse del todo.
En resumen, un libro entretenido. No pasará a la historia, pero cumple.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!