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martes, 5 de marzo de 2024

Cantar de los Nibelungos

Como decía ayer a la hora del café (en mi caso, té),  al comentarle el asunto a una compañera de trabajo, la primera vez que entré en contacto con esta historia mi edad debía medirse en un solo dígito. Si no recuerdo mal, fue en el tebeo Mortadelo, de la Editorial Bruguera, donde durante bastantes semanas dedicaron una página a publicar una versión ilustrada del mito; versión que, como no adquirimos todos los números, conocí de manera discontinua.

Ahora sé, o deduzco, que se trataba de la historia que podríamos llamar escandinava -por más que probablemente derive de, o se recoja en, la literatura islandesa, país que queda bastante lejos de Escandinavia-, y que se resume en lo siguiente: la historia empieza con los padres de Sigfrido (Sigmundo y Sieglinda), sigue con la crianza de Sigfrido por Alberico, la muerte de Fafnir por Sigfrido, el rescate de Brunilda -que ha sido castigada por Wotan (Odín), al desobedecerle en relación con Sigmundo, a yacer dormida rodeada de un círculo de llamas- por Sigfrido, el favor de Sigfrido (en los poemas épicos, los héroes son gente muy ocupada) a Günter de vencer a Brunilda para que el rey pueda desposar a la valquiria y le permita desposar a su hermana Krimilda, la muerte de Sigfrido por Hagen y la inmolación de Brunilda en la pira funeraria del héroe, mientras el oro de los nibelungos pasa a ser el oro del Rin. Se corresponde, por lo tanto, básicamente con la trama de la tetralogía wagneriana.

El Cantar es, en cambio, la versión germánica de la leyenda. Es una versión completamente atea, en el sentido de que no hay intervención divina (ni cristiana ni pagana) de ninguna clase. Empieza con Sigfrido ya crecido y enamorado de Krimilda; sigue con la cadena de favores a Günter en relación con Brunilda, aquí sólo una doncella guerrera que mata a los pretendientes que no logran vencerla (tal que la Atalanta griega), continúa con el asesinato de Sigfrido por Hagen (del que es cómplice Günter, que de cobarde pasa a miserable)… todo esto sólo en la primera mitad del poema. Porque en la segunda -que no conocí hasta que, ya con dos dígitos de edad, tuve que informarme (en una enciclopedia ¡de papel!) para un trabajo del colegio- Krimilda se casa con Atila, invita a sus parientes a la corte del huno y allí acaba con ellos.

Se trata, como he dicho (y a diferencia de otros poemas épicos de la época, como el Mío Cid o la Canción de Roldán), de una narración en la que el cristianismo no interviene para nada; bastante sanguinario, tanto más cuanto más avanza la trama, hasta desembocar en una orgía final de sangre (literalmente); e hiperbólico en grado sumo, puesto que cualquier rey o señor poco menos que silbaba y le surgían rápidamente contingentes de centenas, por no decir miles, de soldados.

Supongo que lo próximo que caerá, no sé cuándo, será la Canción de Roldán

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 1 de junio de 2023

Mitos nórdicos

No recuerdo exactamente cómo llegué a saber de este libro. Tampoco me acuerdo exactamente de qué pensé, pero colijo que debió ser algo como eh, es mitología nórdica, y encima escribe Gaiman… no puede ser malo.

La primera sorpresa se produjo cuando me llegó el libro: era mucho más delgado de lo que esperaba. Y ahora que lo he leído… pues ni fu ni fa, se deja leer pero no me aporta nada, e incluso me trae recuerdos de los dos libros de Nigel Frith -Asgard y Jormungand- que leí hace treinta años y que, si fuera mal pensado, casi diría que Gaiman ha fusilado.

En cualquier caso, creo que Gaiman es mucho mejor trabajando con sus propias mitologías que con las ajenas.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 19 de diciembre de 2019

Guerreros de Troya III: El ocaso de los reyes

En todas las versiones que he leído del mito de Troya –y, podéis creerme, llevo unas cuantas-, prácticamente sólo hay dos constantes: al final, Troya cae… y Agamenón es un capullo sin escrúpulos. Da lo mismo que la historia se cuente desde el punto de vista de los griegos (Homero), de los troyanos (Virgilio), de los hititas (Gisbert Haefs), de uno que pasaba por allí (Fernando Díaz-Plaja), de varios de los anteriores o del propio Agamenón. Da lo mismo que la trama contemple la existencia de las deidades griegas o que se desarrolle en un plano puramente terrenal y humano. Da lo mismo quién muera antes, después o durante.
Aunque, ahora que lo pienso, no es exactamente que Agamenón sea un capullo. Es, simplemente, un político maquiavélico, en el estricto sentido de la filosofía política: se marca un fin, y para él ese fin justifica todos los medios, y cualquier medio. Sólo que en un mundo de héroes, en el que el honor y el respeto a la palabra y a los compromisos es sagrado –al fin y al cabo, en el origen del mito se encuentra la promesa que todos los pretendientes de Helena hicieron de ayudar al que finalmente resultara elegido-, aquél que no sigue ese criterio resulta, por comparación… precisamente un capullo.
Dicho lo cual, Gemmell –los Gemmell, habría que decir, puesto que David falleció antes de terminarlo y fue rematado por su viuda-, además de optar por un punto de vista que podríamos llamar realista –no existe aspecto sobrenatural de ninguna clase (salvo, quizá, las visiones proféticas de Casandra), y el asedio de Troya dura más bien diez meses que diez años, plazo este último que no soportarían ni los sitiadores ni, sobre todo, los sitiados- altera la sucesión que podríamos llamar clásica o canónica de los hechos, cambiando el orden y el lugar de las muertes de algunos personajes principales. Por otra parte, deja en el aire el destino final de alguno de los personajes de la novela, como Xander o el propio Ulises, e introduce de rondón hechos más o menos coetáneos, como ese Gershon que es indubitablemente Moisés o la destrucción de la isla de Tera.
Como defectos de la versión que he leído, hay malas traducciones (en el texto se habla del Cabo de las Mareas o del palacio del Gozo del Rey, mientras que en los mapas aparecen, respectivamente, Cabo Tides y King’s Joy), errores ortográficos de bulto (como decir que alguien no se ha echo a la mar) e incoherencias, puesto que la Jano es, sucesivamente, una birreme, una trirreme y una galera…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!


miércoles, 31 de agosto de 2011

Guerreros de Troya II: El escudo del trueno

La segunda novela de la trilogía de Gemmell sobre la guerra de Troya sigue la línea del primer volumen. La historia es la conocida por todos, aunque con algunas ligeras alteraciones que hacen que no se pueda dar nada por supuesto. Tiene su gracia que Aquiles sea moreno y Héctor rubio, cuando siempre me los he imaginado al revés. Por lo demás, Gemmell vuelve a centrar la historia en unos personajes periféricos, por así llamarlos, que se ven lanzados en medio de la vorágine que culminará en la tercera y última parte... que a saber cuándo será publicada en España.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

miércoles, 24 de agosto de 2011

Guerreros de Troya I: El arco de plata

Esta novela es la primera parte de la trilogía que David Gemmell escribió sobre la guerra de Troya (como le dije a mi padre, he leído ya tantas versiones de la historia que prácticamente sólo me queda la narración contada desde el punto de vista del caballo…).
Al principio pensé que esta vez el punto de vista sería el de un egipcio, pero no. El narrador omnisciente prefiere centrarse en la figura de Helicaón (quien luego descubriremos que es Eneas) y en los personajes que éste va conociendo.
Un rasgo que merece destacarse de esta historia es que casi ninguno de los personajes es como estamos acostumbrados a encontrárnoslos: Príamo es joven (relativamente), Paris es un alfeñique, Helena (de momento) es fea, Anquises un sujeto desagradable, y Agamenón… bueno, ése sigue siendo un bastardo sin escrúpulos (y eso que aparece apenas unas pocas páginas). Y Ulises, un cuentista simpático al que no conviene en absoluto tener como enemigo.
Como he consultado en Wikipedia, sé más o menos cómo acaba la cosa, y he de reconocer que Gemmell, además de crear unos personajes a los que se coge simpatía, sabe cómo dar algunas sorpresas bastante inesperadas.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!