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lunes, 19 de mayo de 2025

Descubriendo la rueda

Con el cambio de milenio, la izquierda española dio en considerar que todo lo bueno, moderno y provechoso se debía a ellos. Que ellos lo habían inventado todo, y que antes de ellos no había nada… lo cual plantea el problema de qué pasaba con la sociedad oscura, atrasada y retrógrada en la que habían crecido y que les había dado lugar.

Antes de que llegaran zETAp, los neocom, los cocuquistas y el psicópata de la Moncloa, por ejemplo, pareciera -a tenor de sus proclamas- que las mujeres no trabajaban, no tenían derechos y no ocupaban puestos de responsabilidad. Que, como dije hace un par de días, antes de ellos -y con gobiernos de derechas, nada menos- todo aquello que negaban existiera no les hace bajarse de la burra.

Y en el día de los inocentes anglosajón -aunque es dudoso que lo sepan o que aprecien la ironía-, el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer lanzó una aplicación oficial que permitiría a los ciudadanos llevar su Documento Nacional de Identidad en el teléfono móvil con validez a efectos legales. Lo malo es que ya existía otra con casi el mismo nombre (Mi DNI frente a MiDNI) pero sin validez oficial.

Si es que, como no son capaces de mirar más allá de su ombligo, pasa lo que pasa.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 16 de junio de 2024

Estupidez natural

Como dije hace unos días, cada vez que un titular dice una parte del gobierno, es bastante fácil saber a qué parte del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer se refiere la noticia.

Porque siempre, indefectiblemente, inevitablemente, inexorablemente, esa parte es la comunista. Como sus correligionarios del otro lado del charco -aunque cada vez es más difícil distinguir a los de la mano y el capullo de los de la hoz y el martillo-, las propuestas liberticidas siempre salen del mismo sitio.

Y siempre lo hacen del mismo modo, envolviendo sus ideas autoritarias en un lenguaje grandilocuente y rimbombante. Porque cuando exigen promover la alfabetización mediática y digital para que la ciudadanía pueda identificar y discernir información falsa de la verdadera, a lo que se están refiriendo es al uso de la inteligencia artificial para controlar las campañas electorales de sus rivales.

El que no se planteen la posibilidad de que algún día dejarán de detentar el poder puede ser una muestra de inconsciencia… o que el subconsciente traicione su voluntad de retenerlo, como decían en Scaramouche, a perpetuidad.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

sábado, 5 de noviembre de 2022

Todos por el mismo carril

Por una vez, no me voy a dedicar a mis temas habituales: el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, el separatismo catalán, la nefasta gestión de la pandemia de la COVID-19, la invasión rusa de Ucrania o la crisis en el Partido Popular.

No, hoy voy a hablar de tecnología. Porque, hace ahora un mes, el Parlamento Europeo aprobó un cargador único -el USB-C- para los dispositivos electrónicos. Dado que desde hace años prácticamente todas las marcas habían adoptado ese estándar para sus nuevos modelos, la medida podría interpretarse como dirigida directamente para la marca que, tozudamente, ha mantenido siempre un cargador distinto, es decir, Apple.

Desde mi punto de vista, esta medida tiene básicamente dos derivadas, una buena y otra no tanto. La buena es para los usuarios, que podrán estar razonablemente seguros de encontrar un cargador compatible para su dispositivo. Y la mala es… para los usuarios, porque el obligar a todas las marcas a usar un solo modelo elimina (o, al menos, reduce drásticamente) la posibilidad de innovaciones, que sólo pueden surgir de la doble competencia.

El tiempo dirá si la decisión fue o no acertada.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

viernes, 28 de febrero de 2020

Del género gilipollas

Normalmente, cuando el consorcio –o lo que sea- que regula la adición de nuevos emojis a la batería ya existente, añade nuevos, siempre hay algún descontento. Porque falta la peineta, porque la paella no parece una paella o porque falta esta o cual bandera que no representa una mierda, pero que es especialmente querida para el protestón.
Sin embargo, con la última tanda han logrado rizar el rizo de la estupidez. Reproduzco un pasaje del artículo, que lo dice mucho mejor que yo, y luego comento:
La idea de esta nueva lista es continuar la tendencia de hacer que los emojis sean neutros y que cualquier persona pueda sentirse representada por ellos, independientemente de su género. Así, por ejemplo, se dotará de características tradicionalmente relacionadas con los hombres, como tener bigote, a emojis vestidos de novia en una boda o se creará un Papá Noel de género neutro. En el apartado de banderas, aparecerá la transgénero.
Lo de que cualquier persona pueda sentirse representada es una solemne tontería. Siempre habrá alguien que no se sienta representado, como yo mismo en el caso de la novia bigotuda: o bien es una mujer barbuda, cosa que no soy, o bien es un varón travestido, cosa que tampoco soy.
En cuanto a lo de un Papá Noel de género neutro, ¿qué significa tal cosa? Quizá que no tenga barba, quizá que vaya maquillado… Vamos a ver: Papá Noel es un varón blanco, con espesa barba blanca y pasado de quilos. Cualquier cosa que no sea eso será cualquier cosa disfrazada de Papá Noel, pero no será Papá Noel.
En cuanto a la bandera transgénero, por mí como si se la meten por… donde les quepa.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 17 de mayo de 2018

Sarah Connor, ¿dónde estás cuando haces falta?


En los escritos de Isaac Asimov, como un modo de luchar contra el síndrome de Frankenstein (esto es, que la creación se vuelva contra el creador), los robots que aparecen están gobernados por las denominadas tres leyes de la robótica, a saber:
  1. Un robot no hará daño a un ser humano, ni permitirá con su inacción que sufra daño.
  2. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Más tarde, estas tres leyes serían matizadas por la Ley Cero (Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño)… pero esa es otra historia.
Dejando aparte el hecho de que tales leyes son un constructo de ficción que sirvió a Asimov (y a otros autores) para plantear historias en las que entraba en juego la interacción entre varias de estas leyes, parece que en nuestro mundo estamos todavía muy lejos de implantar algo parecido en las llamadas inteligencias artificiales. Sólo así cabe interpretar la noticia de que en el caso del coche autónomo de Uber que atropelló a una mujer cuyos sensores habían detectado, el software decidió ignorar los datos al estar configurado para no reaccionar si no lo tenía muy claro (es decir, en la duda tira p’alante).
Porque la alternativa –que vayamos camino del mundo de Terminator- da mucho miedo…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

viernes, 23 de octubre de 2015

A buenas horas…

Algunos, quizá porque en cuestiones de dinero tendemos a pensar con la cartera y no con los testículos, opinamos que la subvención a fuentes de energía que no eran rentables y que no lo serán en una buena temporada era, para decirlo pronto y mal, tirar el dinero.
Otros, en cambio, han tardado una década en darse cuenta de que se les fue la olla con las renovables. Nunca es tarde para rectificar, pero…
…¿quién nos devuelve ahora lo que hemos tenido que pagar de más en la factura de la luz como consecuencia de esa ida de olla?
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 18 de marzo de 2012

Cableando la casa

Todo comenzó a principios de este año. Mi padre y yo, de camino a casa de un primo de mi padre, pasamos por el trabajo de mi hermano (después de aquello, nunca jamás volveré a quejarme de que mi lugar de trabajo está atestado de papeles, palabra). Allí vi lo que dio origen a todo: un RAID (creo que ese es el término) de discos SCASI. Evidentemente, conocía el concepto de las unidades de disco de red (en mi trabajo las tenemos desde hace muchísimo tiempo), pero nunca había visto tan de cerca una. Y como mi corolario a la Ley de Moore (esa que dice que la velocidad de los procesadores se duplica cada dieciocho meses) viene a ser que cuanto más grande sea un disco duro, antes se llenará (básicamente, porque si tienes espacio a raudales no piensas en economizarlo… hasta que ya no te queda espacio), una lucecita se encendió en mi cabeza, y pensé Hum… sería interesante tener algo así en casa.
Le comenté el asunto a un conocido mío –al que llamaremos el Niño del Reloj por motivos que no vienen al caso-, e inmediatamente se puso a investigar sobre las posibilidades. La primera idea fue utilizar una CPU en una torre con cuantas más bahías mejor, de hecho, estuvimos considerando una con siete bahías, lo que nos (me) permitiría tener hasta veintiún TB de almacenamiento (teniendo en cuenta que, de momento, los discos más grandes que conozco son de 3 TB). Los requisitos de hardware, dejando aparte los discos duros, no tendrían que ser elevados, puesto que el ordenador se limitaría a funcionar como servidor de red (algo que también llevaba años pensando, pero que nunca llevaba a cabo).
Sin embargo, no mucho después el Niño me dijo oye, ¿y si pones un NAS? Mi respuesta, claro, fue algo como ¿yesoquesloqués? Me lo explicó: puesto que lo que quería hacer era tener discos en red, que fueran visibles por todos los ordenadores de la casa, no era necesario recurrir a una CPU: bastaba con un sistema de discos de red, algo que tenía toda su lógica. Le dije que adelante y tras otro proceso de investigación me decidí por un Thecus N4100EVO, en el que coloqué (de momento) un disco de 3 TB.

El NAS, instalado y operativo
Estaba en mi casa, con mi flamante adquisición, hacia las seis de la tarde. Montar el hardware fue cosa de cinco minutos, como quien dice. Pero el software… ¡ay, amigo, con el software! Hasta las once no terminé. Quizá es porque estuviera un poco espeso, o porque no acertaba con la tecla correcta, pero no lograba ver el NAS en red. Ya me temía que el disco que había comprado no fuera compatible cuando logré hacer lo correcto y voilá, ya tenía mi NAS operativo. Puse a copiar los ficheros que tenía en mi ordenador (casi un TB) y me fui a descansar.

Los ficheros, copiándose en el NAS
El siguiente paso era hacer que el disco duro multimedia que tengo en el salón estuviera conectado a la red. Si iba a centralizar todos mis archivos de video en el NAS, el poder acceder a ellos sin levantarme del sofá y sin tener que haberlos copiado sería un lujo. Así que, de nuevo con la ayuda (presencial esta vez, y no a distancia) del niño del reloj me dispuse a intentarlo. Antes había hecho la prueba de reproducir un ISO ubicado en el NAS a través de la red. La cosa no fue perfecta (la fluidez no era total), pero deduje que un hardware y un software (los del disco duro multimedia) orientados específicamente a este cometido obtendrían un mejor resultado.

Router (izquierda) y splitter (derecha)

Lo primero fue conectar por cable el disco duro al splitter que había comprado para tener suficientes puertos de red (otro sabio consejo del niño del reloj). Costó un poco, porque me empeñaba en meterme en la red doméstica, cuando lo que había que hacer era ir a Workgroup, pero lo conseguí. Y, como había pensado, la reproducción de los ficheros era perfecta, fluida, no importaba lo grandes que fueran los mismos.
Una vez comprobada la viabilidad del asunto, el paso final era dejarlo bonito. Es decir, aprovechando que en todas las habitaciones (cocina incluida, aseos excluidos) de la casa hay registros ciegos, decidí aprovechar los del cuarto de los ordenadores y el salón para llevar el cable desde el splitter hasta el disco duro multimedia. Y para que la cosa no quedara demasiado cutre (un cable que entra en la pared y luego sale), decidí poner clavijas hembra de RJ-45. Serían unas falsas clavijas de red, puesto que de enchufar un ordenador a la del cuarto de los ordenadores sólo podría ver el disco duro multimedia, y no todo la red; pero darían el pego.

El cable, por el pasillo
Al principio pensamos en meter el cable de red por el mismo corrugado que usa el cable que me trae la señal de Internet; sin embargo, dos cables eran demasiado para el calibre del conducto, así que optamos –cuando ya habíamos metido toda la guía- por emplear el del teléfono que, al ser el viejo hilo de cobre de toda la vida, dejaba espacio de sobra.

La guía, asomando por el corrugado.
El conducto por el que finalmente llevaríamos el cable no aparece en la foto.

Como siempre, el colocar la segunda clavija llevó mucho menos tiempo que la primera.

La clavija RJ-45 hembra, instalada y plenamente operativa

Y, una vez estuvo todo montado, el niño del reloj se marchó a su casa… con mi agradecimiento y su (sana) envidia. Al día siguiente estrené la instalación viendo, de un tirón y sin tirones, El gigante de hierro (si no la habeis visto, os la recomiendo).
El disco duro multimedia gestionando los contenidos del NAS
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!