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domingo, 19 de julio de 2020

Una llanura tenebrosa

El cuarto volumen de la saga de Philip Reeve, Máquinas mortales, es también el más largo, y el único -exceptuando, naturalmente, el primero- que es prácticamente un continuará del anterior.
Con este último libro se ha confirmado mi opinión de que esta saga tiene más calidad puramente literaria que otras de literatura juvenil surgidas hacia el cambio de milenio. Los personajes evolucionan, tienen matices, dudan, se arrepienten… y, llegado el caso, mueren.
Es gracioso, por decirlo de alguna manera, cómo Reeve hace referencias a lo que para nosotros -los lectores- es el presente y para los personajes de la saga no es sino un pasado lejano y nebuloso. Tan lejano, que no queda claro cuánto tiempo ha pasado desde nuestros días hasta el momento en que se desarrolla la trama: puede ser un milenio, pero también varios. En el primer caso habría pasado tanto tiempo como desde el comienzo de las Cruzadas hasta hoy, pero en el segundo tanto como desde el nacimiento de Cristo, la fundación de Roma, la guerra de Troya o la construcción de las pirámides. Para que luego digan que la historia de la humanidad no es sino un avance hacia cotas cada vez mayores de civilización y progreso…
A señalar que la obra cierra la serie en lo que podríamos llamar un círculo, y que no hay un final feliz típico; al menos, no para los protagonistas principales (aunque sí para uno al que, al comienzo de todo, no le augurarías demasiado recorrido).
Resumiendo: me alegro de haber comprado la serie (tras haber visto la correspondiente película, claro), y he disfrutado grandemente leyéndola.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

sábado, 27 de junio de 2020

Inventos infernales

El tercer volumen de la saga de Máquinas mortales reafirma mi impresión tras leer el segundo libro: para ser una serie juvenil -aunque ese calificativo se suele dar a cualquier producto cultural (música, cine, literatura…) en la que los protagonistas (vale, en el caso de la música, los intérpretes) son adolescentes, por más que los temas que traten sean adultos-, el nivel de la misma es notable.
No es sólo que los personajes evolucionen -bastante más que los de la coetánea saga de Harry Potter, a mi entender-, sino que el autor plantea cuestiones de lo más variadas, desde la lealtad o la piedad a si el fin justifica los medios.
Por otra parte, si tanto la primera como la segunda parte tenían finales, aunque abiertos, lo suficientemente concluyentes (por así decirlo), el de esta tercera pide a gritos un cuarto (y último) volumen.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 14 de junio de 2020

El oro del depredador

En este segundo volumen de la saga de Máquinas mortales, su autor, Philip Reeve (obsérvese cómo introduzco palabras superfluas para separar dos hiperenlaces), logra, no diré que hacer evolucionar a sus personajes principales, pero sí dotarles de matices, de una cierta riqueza de carácter. Los personajes, en general, no son monolíticos, no son blancos o negros: tienen grados de gris, tanto los principales como los secundarios, y los buenos como los malos.
Por otra parte, también hay ciertos giros argumentales sorprendentes -quizá un poco menos por el hecho de haber comenzado a leer la saga por la precuela-, y por lo que he podido leer en Wikipedia, se van sentando las bases para futuras tramas y lo que, a todas luces, resulta un final de lo más adulto para una serie teóricamente juvenil.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

lunes, 1 de junio de 2020

Máquinas mortales

Leido el primer volumen de la tetralogía de Máquinas mortales -volumen y saga comparten nombre-, he de decir que la película producida por Peter Jackson resulta razonablemente fiel al libro. Quizá, en un afán de no repeler a posibles espectadores, mata a menos personajes. Igualmente, y de modo similar a Juego de Tronos, el personaje desfigurado -Tyrion Lannister en Poniente, Hester Shaw en la obra que nos ocupa- lo es menos en la pantalla grande que en la página impresa.
Centrándonos en el libro, tiene muchas de las cosas que me gustan en una novela: ritmo trepidante -casi tanto como en de Londres dirigiéndose a toda marcha hacia el cubil de la Liga Antitracción-, una premisa original y falta de escrúpulos a la hora de matar personajes (esto último no es algo que me guste personalmente, soy un sentimental, pero sí es algo que respeto en un autor).
Por criticar algo, el comportamiento de los personajes adolescentes no resulta siempre verosímil. El de Tom, en concreto -Hester, al fin y al cabo, ha vivido una vida amarga que la ha endurecido- es más el de un adulto poco breado por la vida que el de un quinceañero.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

martes, 26 de mayo de 2020

Vuelos nocturnos

Cuando anunciaron la película de Máquinas mortales, no tenía ni idea de que detrás de la misma había una novela, mucho menos una saga. Naturalmente, una vez vista la película, como me gustó me faltó tiempo para comprarme la saga. Tuve suerte, relativamente, porque el tiempo trascurrido desde entonces me permitió también adquirir esta precuela y leerla antes.
Es una obra corta, con tipo de letra grande, generoso interlineado y abundantes dibujos. Eso, unido al estilo, razonablemente ágil, hace que se lea en un suspiro. En ella, presenta (dado que se escribió después de la saga principal, quizá sería más correcto decir retoma) algunos elementos de la franquicia: las ciudades móviles, los navegantes del aire, ciertos cíborg imparables…
En resumen: se lee rápido, se lee bien y entretiene.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!