Sin entrar en la faceta literaria, respeto
bastante a Arturo Pérez-Reverte, aunque me gusten en general sus libros.
Sin embargo, le cogí ojeriza durante una temporada
por lo que consideré un engaño en la trama de su obra El club Dumas,
todo el rato apuntando en una dirección para acabar cambiando de rumbo en las
diez últimas páginas.
Pérez-Reverte puede ser alguien pagado de sí
mismo (razones tiene para ello), pero respeto que no deje títere con cabeza: lo
mismo dispara contra tirios que contra troyanos, sin discriminar ni morderse la
lengua.
Sin embargo, creo que en esta ocasión se ha
quedado corto. La ocasión es un evento de la Fundación Cajasol, coordinado por
el propio Pérez-Reverte y el periodista Jesús Vigorra, titulado 1936. La
guerra que todos perdimos. Y a este evento se ha negado a acudir -después
de haberse comprometido a participar- un juntaletras (llamarlo escritor sería
denigrar enormemente la profesión de literato) por incluir a José María Aznar
(según el vomitapalabras, la persona que más daño físico ha hecho al pueblo
español recientemente), y a Iván Espinosa de los Monteros, (que, según el
excretatérminos, ayudó a fundar un partido que atenta contra mi libertad de
expresión, contra mi derecho a existir y que defiende unos valores que no
comparto y contra los que lucho, unos antivalores).
El muy gilipollas -no hay otro nombre para definirlo-
no se da cuenta de que, haciendo eso, está atentando contra la libertad de
expresión de esos que dice detestar. El muy imbécil parece haber olvidado a
terroristas y separatistas, que sí que han hecho daño -del físico y del otro- a
España y los españoles. El muy cretino no se percata de que no es más que un
tonto útil de esa izquierda liberticida, intolerante y autoritaria que hoza en
España.
O sí se da cuenta y no le importa, lo cual es
peor.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!