No es lo primera vez que lo cito, ni probablemente será la última, pero Julius Marx definió perfectamente a los seguidores de su (espero) no pariente Carlos cuando dijo aquello de estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros.
Y es que, si para los políticos en general
-hay excepciones, pero pocas- los principios son cosas de usar y tirar, para el
desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer (y, en
particular, para el psicópata que lo comanda) son meros reclamos con los que
engañar a las masas y distraer a la plebe. Una vez han perdido su utilidad, los
tiran, se olvidan de ellos y pasan al siguiente.
Es lo que ha pasado con el fútbol
(profesional) femenino. Cuando ganamos el mundial femenino y se montó el
escándalo que se montó con el beso no consentido de Rubiales a Hermoso (qué
apellidos tan poco descriptivos… lo siento, pero es que tenía que hacer el
chiste, bastante políticamente correcto estoy siendo), la izquierda se subió al
carro e hizo de ello bandera… aunque Rubiales fuera amiguete del psicópata, si
no recuerdo mal.
Pero como obras son amores, y no buenas
razones, ahora resulta que, a pesar de las bonitas promesas, los partidos de la
liga femenina se quedan fuera de la quiniela esta temporada -el Ministerio de
Educación, Formación Profesional y Deportes no ha llegado a tiempo para adaptar
el Real Decreto 419/1991 que regula el reparto de ingresos de las apuestas
deportivas-… y la liga femenina sin los cinco millones que iba a suponer dicha
inclusión.
Y es que, digan lo que digan, el fútbol femenino interesa muy poco… y a muy pocos.











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