A lo largo de su mandato, mi gran duda sobre
zETAp era qué defecto era de mayor magnitud en él, si la maldad o la
estulticia. Cada vez que creía haber llegado a una conclusión, el susodicho
hacía algo que me devolvía a la zozobra y la incertidumbre.
Desaparecido de primera línea de la política,
concluí que era, sobre todo, estúpido. Un bobo solemne, como le definió
bastante acertadamente Mariano Rajoy.
Pero hete aquí que ha vuelto a la actualidad
por sus manejos con Venezuela, haciendo no se sabe si de intermediario o de
mamporrero entre la narcodictadura bolivariana y el desgobierno socialcomunista
que tenemos la desgracia de padecer, y metiendo en el ajo al par de trolls que
tiene por hijas (de su mujer, la gorgoritos, no se sabe nada, de
momento).
Y, visto lo visto, podemos afirmar, sin temor
a equivocarnos, que, siendo como es bastante limitado intelectualmente, su
maldad, su avaricia y, sobre todo, su falta de escrúpulos, superan con mucho a
su idiocia.
Y eso que, a pesar de la que está cayendo, cree,
como todo marxista, que puede seguir engañando a todo el mundo, y por eso maniobra para colocar a su asesor, un ex general chavista, como ministro en la todavía
dictadura bolivariana, aunque haya desaparecido del mapa en conductor de
autobuses que hablaba con los pajaritos.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!