En la conversación calmada a la que me referí
la semana pasada, uno de los temas que salió a colación fue el de la invasión
marroquí de Ceuta. Al respecto se plantearon diversas cuestiones que me
hicieron reflexionar, y que paso a intentar responder.
La primera: ¿lo organizó Marruecos en
solitario, o contaba con el apoyo de Estados Unidos? A ver, es un hecho que
Rabat ha jugado bien sus cartas para convertirse en el aliado más fiable de Washington
en el Magreb. Eso no quiere decir que Estados Unidos vaya a apoyar
automáticamente todas las decisiones marroquíes, máxime cuando afectan a otro
(teórico) aliado y, para remate, miembro de la OTAN.
Pero, por otra parte, con el psicópata en la
Moncloa no es que gocemos de las simpatías del inquilino del 1.600 de la
Avenida de Pennsylvania. Y es un hecho que los servicios de inteligencia de
Estados Unidos están al tanto de todo lo que ocurre en el mundo. Por tanto,
sabían lo que se estaba organizando. Apoyaran o no, es irrelevante: el hecho es
que no hicieron nada y, como dijo Jesucristo (también dijo la inversa), el que
no está contra mí, está conmigo. Es decir, consintieron.
Segunda cuestión: ¿por qué en ese momento? Se
me ocurren dos razones (la segunda, según me he puesto a escribir, o al menos
completada en este momento… pero es que cuando puse esta entrada en lista,
todavía no se había producido).
La primera resulta evidente: la salud del
sátrapa alauita no ha sido buena en los últimos tiempos (años, por lo menos),
pero su deterioro parece haberse acelerado. Por decirlo claro, se está
muriendo, y lo sabe. Y no quiere morirse sin completar la obra de su
padre, que ya se quedó con el Sáhara Occidental. O, por citar doblemente a
Tolkien en su Akallabêth, por un lado los años pasaron y el rey
sintió que la sombra de la muerte se aproximaba a medida que se alargaban los
días; y el miedo y la cólera lo ganaron; y por otro, infatuado, y ya a
la sombra de la muerte, pues el curso de sus días estaba acercándose al fin.
Es decir, que se muere, lo sabe (me repito) y quiere pasar a la historia.
La segunda razón es lo que puse en su día: para
distraer a la población. De puro consumo interno, pues. La mejor manera que
tiene un autócrata de que aquellos sobre los que manda se olviden de su tiranía
es darles un enemigo externo que galvanice sus ánimos y en el que enfoquen su
rabia. Pero es que, además -y esta es la parte que no sabía-, se acercaban las
elecciones legislativas, y al modo de todos aquellos para los que la democracia
es sólo una herramienta para guardar las apariencias (sí, me estoy refiriendo a
Su Sanchidad), necesitaba enardecer a las masas y arrastrarlas a votar por la
opción política que más le convenía.
La cuestión final es ver si tendrá éxito o
no. Pero eso sólo el tiempo lo dirá…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!