Por azares de la vida (o no), han venido a coincidir en el tiempo la apertura de la fase de juicio oral de dos procesos que afectan a los dos principales partidos españoles. Pueden parecer lo mismo, pero no lo son.
Por un lado está el llamado caso
mascarillas, que afecta a gran parte de la cúpula del partido de la mano y
el capullo y que supone que, aprovechando el aparato del Estado -y más de cien
mil muertos-, una panda de tuercebotas aprovecharon para llenarse los
bolsillos.
Por el otro está el caso Kitchen, que
afecta a parte de la cúpula de Interior de cuando gobernaba el partido del charrán,
y que enjuicia una presunta operación policial clandestina con el objetivo de sustraer
documentos sensibles al exgerente y extesorero del partido, Luis Bárcenas,
mientras este estaba en prisión, con la ayuda del excomisario José Villarejo.
Y por cosas de la vida, tanto las defensas
como la acusación (del PSOE) intentan parar este último juicio. Los segundos,
porque quieren que se impute a María Dolores de Cospedal; los primeros, porque
creen que la Audiencia Nacional no es competente.
Y mientras, el rey de las cloacas se adhiere a ambas tesis.






















