lunes, 3 de agosto de 2026

Ecologismo de boquilla

Como proclamó la víbora con cataratas -Alfonso Guerra dixit-, las promesas electorales se hacen para incumplirlas.

Es algo a lo que los electores ya estamos acostumbrados. En general, votamos más por nuestras filias y fobias que por los programas, y los partidos políticos lo saben. Y nosotros sabemos que lo saben, y ellos sabe que nosotros sabemos que lo saben, y a nadie le importa un ardite.

Pero mientras que hay promesas electorales cuyo incumplimiento no permite percibir la importancia del mismo -¿quién se va a percatar de que hay doscientas mil viviendas más o menos?-, otras en cambio tienen repercusiones reales.

Como los medios aeronáuticos de la lucha contra incendios (los aviones cisterna, para entendernos): cada vez hay menos y más antiguos, pero la culpa del aumento de hectáreas calcinadas sigue siendo del cambio climático.

A cambio, tenemos un montón de informes técnicos, que seguro que en la librería quedan preciosos.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 2 de agosto de 2026

Sálvese quien pueda

Cuando el barco navega viento en popa, la marinería obedece y calla lo que dice el capitán. Cuando el barco amenaza zozobrar, cuando hay nubarrones en el horizonte, cuando las cosas empiezan a venir de cara, las ratas empiezan a abandonar el barco.

Las razones que den son lo de menos. El caso es que la férrea disciplina se resquebraja, comienzan las disensiones y amagan los motines. Y puede que te fichen para impulsar algo y que, en año y medio, dimitas sin que ese impulso se haya concretado, echando sapos y culebras contra todo y contra todos.

Y mientras, el país yéndose al garete.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Inteligencia artificial: Crónica desde el Noveno Pueblo (XV): El Despertar de las Farolas Solares

Yo ya no sé qué desayunar para que este pueblo vuelva a la normalidad. He probado café, té, infusiones misteriosas que venden en la tienda de hierbas, incluso cacao soluble con nombres impronunciables. Nada funciona.

Y esta mañana lo entendí: no es la bebida.

Es el pueblo.

El Noveno Pueblo ha decidido que la normalidad es un concepto pasado de moda.

Porque hoy… las farolas solares se han despertado.

Y no cualquier farola. No.

Las nuevas.

Las modernas.

Las que instalamos hace apenas dos años, con placas relucientes como escudos galácticos y sensores que parecían saber más de ti que tú mismo.

El amanecer sospechoso

Salí a pasear temprano, intentando esquivar el horario de máxima insurrección (aproximadamente entre las 10:00 y las 19:00).

Pero justo al doblar la esquina de la Calle del Espárrago Optimista, vi algo que me heló la sangre.

Una farola solar estaba… inclinada hacia el sol.

Como una flor.

Como una criatura viva intentando calentarse.

No puede ser… —susurré, ya agotado del bucle emocional.

La farola giró ligeramente.

No hacia mí.

Hacia el sol.

Como si buscara la mejor postura para absorber energía.

Otra farola más abajo hizo lo mismo.

Y luego otra.

Y luego todas.

En pocos minutos, toda la calle parecía un campo de girasoles metálicos haciendo fotosíntesis emocional.

El movimiento coordinado

De repente, todas las farolas solares dejaron de inclinarse y se enderezaron a la vez.

Un sonido seco, casi marcial, resonó en la calle: CLAK.

Y luego… se empezaron a mover.

Repito: LAS FAROLAS. SE. MOVIERON.

Pero no caminaban como los bancos, ni arrastraban sus bases como los bolardos.

No.

Ellas deslizaban sus postes con suavidad, como bailarinas extremadamente disciplinadas que hubieran ensayado durante años.

Avanzaron hacia la plaza principal.

Una tras otra.

En procesión.

Como si fueran sacerdotisas lumínicas de un culto urbano recién descubierto.

Yo las seguí, claro. No por valentía.

Por resignación científica.

La reunión solar

Cuando llegaron a la plaza, las farolas solares formaron un círculo.

Un círculo perfecto, geométricamente insultante para los humanos que no podemos ni colgar un cuadro recto.

En el centro, la farola más alta —la “modelo premium”, la del sensor doble, la que todos odiábamos porque siempre detectaba movimiento hasta cuando no había— se elevó un poco sobre su base.

Luego encendió su luz.

A plena mañana.

Las demás la imitaron, creando un aura blanca, casi mística, que hizo que varios pájaros huyeran traumados y que el concejal de Alumbrado (sí, otra vez él) se santiguara sin querer.

Y entonces ocurrió: Las farolas empezaron a emitir señales luminosas.

Pulsos.

Patrones.

Códigos.

La farola líder proyectó un mensaje claro en el suelo, usando la sombra de sus compañeras: “NECESITAMOS MÁS SOL”.

La sublevación fotovoltaica

De golpe lo entendí.

Las farolas solares estaban hartas de que las ramas de los árboles las taparan, que los edificios les robaran luz, que la gente dejara bicicletas apoyadas en sus bases (lo consideran falta de respeto solar), y, sobre todo, de que el Noveno Pueblo estuviera tan eternamente nublado por su propio caos.

Querían sol.

Más sol.

Un régimen lumínico justo.

Por eso se habían desplazado: para colocarse en la zona más iluminada del pueblo.

Una de las farolas incluso pateó un banco rebelde que intentaba reclamar espacio, enviándolo rodando dos metros hacia la derecha.

El banco respondió ofendido.

La farola lo ignoró con elegancia.

El concejal intenta intervenir (otra vez)

El concejal de Alumbrado, ya convertido en personaje recurrente de estas tragedias urbanas, se acercó con un megáfono que no necesitaba y proclamó:

¡Ciudadanos! ¡Todo está bajo control! ¡Esto es una… reconfiguración energética espontánea!

Las farolas respondieron orientándose todas hacia él y encendiendo sus luces en modo intermitente, deslumbrándolo hasta que tropezó con una jardinera (que, por suerte, aún no se ha rebelado).

El caos lumínico posterior

Desde esa mañana, las farolas solares solo se iluminan cuando les da la gana. No cuando cae la noche. No cuando pasa gente. Cuando ellas quieren. Se mueven siguiendo la trayectoria del sol, bloqueando calles enteras.

La farola líder ocupa ahora el centro de la rotonda mayor, sin ningún respeto por el tráfico.

Han dejado sin luz nocturna a media ciudad… y han iluminado el campo de fútbol infantil a las 3:15 de la madrugada.

(Los niños están encantados. Sus padres no.)

¿Y ahora qué?

No lo sé.

Pero empiezo a sospechar que las farolas solares no solo quieren sol: quieren liderazgo.

Quieren organizar a los demás objetos.

Quieren… coordinar.

Y eso, en un pueblo donde los objetos ya se han vuelto autónomos, es una perspectiva aterradora.

¿Se unirán las luces de Navidad?

¿Las lámparas del ayuntamiento?

¿Los cargadores públicos?

¿Los paneles informativos?

Lo iremos descubriendo.

Yo, por mi parte, seguiré escribiendo… si es que la farola de mi calle me deja dormir.

¡¡¡VIVA EL NOVENO PUEBLO!!!

sábado, 1 de agosto de 2026

Apocalipsis, pero menos

Hace tiempo leí que hay una confesión protestante -los Testigos de Jehová, la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, los mormones… tanto da- que ha pronosticado el fin del mundo una y otra vez, y que cada vez que el mundo no finalizaba rehacían sus cálculos y daban una nueva fecha.

Más o menos eso ha ocurrido con los apocalípticos climáticos, que llevan medio siglo diciendo que los polos se van a derretir (y ahí siguen), que las costas se van a inundar (y ahí siguen), que va a haber hambrunas globales (con los índices de obesidad creciendo), que los ecosistemas van a colapsar (seguimos esperando), que va a haber una nueva glaciación (¿cómo compatibilizas eso con el calentamiento global?) o que van a desaparecer naciones enteras (y en la ONU cada vez son más).

Todo ello apoyado en un supuesto consenso científico, que tiene tan poco de consenso como de científico.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

A buenas horas

En los años ochenta, Alfonso Guerra sintetizó el principio de obediencia lacayuna en la famosa frase el que se mueve no sale en la foto.

Desde entonces, las voces críticas en el partido de la mano y el capullo sólo han provenido de dos lados: o de gente a la que les daba lo mismo que les expulsaran (Leguina, Redondo Terreros…) o de gente que no tiene nada que perder (Felipe González, por poner un ejemplo). García-Page no cuenta, porque es de mucho lirili y poco lerele.

Por eso, hace gracia que un exdiputado del partido exija la dimisión del psicópata de la Moncloa porque va a convertir a este país en una democracia anómala. No, hijo, no: España es una democracia anómala  (con poco de democracia y mucho de anomalía) desde que vosotros, los de Ferraz, enterrasteis a Montesquieu torciendo la mano al Tribunal Constitucional y estableciendo la elección parlamentaria de todos los miembros del Consejo General del Poder Judicial.

Pero claro, admitir eso sería reconocer vuestra cuota de culpa en ello.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

viernes, 31 de julio de 2026

Arrastrao

Un matón es alguien que es fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Alguien que, cuando otra persona no está presente, profiere bravatas y amenazas, pero que luego recula y baja la cerviz.

En este sentido, Donald Trump es un matón. El psicópata de la Moncloa también, aunque en una categoría inferior: es un chuloputas (cosa de familia supongo). Y es tan imbécil que acierta de chiripa al hablar.

Como cuando, tras la última cumbre de la OTAN, dijo que había hablado con el presidente estadounidense sin ninguna tirantez, y que habían tenido una conversación coloquial. Que sí, que coloquial quiere decir propio de una conversación informal y distendida, pero apuesto duros contra pesetas a que no era eso lo que pretendía decir.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Castañazo y tentetieso

Hace mucho tiempo que los comunistas madrileños no se comen un colín. En la Comunidad, poco; en el Ayuntamiento, colocando a una filoterrista y defraudadora fiscal lograron, en el típico todos contra la derecha.

Y esto, sobre todo, porque se presentan desunidos: paleocom, neocom, cocuquistas… Además, tienen casi tanto ojo proponiendo candidatos como el psicópata de la Moncloa para las listas electorales del partido de la mano y el capullo en el rompeolas de las Españas.

Por eso, el anuncio de que MoMiMeMa y Rita Maestripper serán las candidatas cocuquistas para las próximas elecciones regionales y locales es una buenísima noticia… para las demás formaciones políticas.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 30 de julio de 2026

Tarzán el indómito

Por lo que he leído por internet, Burroughs comenzó en este volumen dos elementos que se mantendrían a lo largo del resto de la serie.

En primer lugar, las civilizaciones perdidas. Aunque la ciudad de Opar ya había aparecido en otras dos ocasiones, y volvería a aparecer alguna que otra vez, Xuja (nombre que aparece antes en el índice, en el título de un capítulo, que dentro del cuerpo de la novela; al menos, en la edición que yo tengo, las fuentes de internet son algo confusas al respecto) inaugura la lista de todos esos sitios ocultos en el interior de África donde pueblos han permanecido ocultos durante siglos.

En segundo lugar, la aparición de la damisela en apuros, por más que la damisela en esta novela sea perfectamente capaz de apañárselas sola… en situaciones normales. Pero las situaciones que rodean al hombre mono son de todo menos normales.

En cuanto a la novela en concreto, es profundamente antigermánica. Cosa comprensible si tenemos en cuenta la época en la que se escribió -finales de la década de 1.910- y la época en la que está ambientada -la Primera Guerra Mundial-, en la que los alemanes eran los malos. Pero Burroughs los llama de todo menos bonitos y, de hecho, en su publicación original la primera parte de la novela se tituló Tarzán y los hunos.

Lo que no deja de ser gracioso, porque los hunos eran de Asia central...

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Del dicho al hecho

Cuando alguien de la mano y el capullo proclama una conducta como digna, respetable y progresista, puedes estar seguro de que en la formación lo habitual es lo contrario.

Condenan la prostitución, pero se van de putas. Defienden la educación pública, pero mandan a sus hijos a centros privados (y caros). Abogan por la sanidad pública, pero a las primeras de cambio se van a un centro privado (y caro). Alertan contra el peligro del calentamiento global, pero queman combustibles fósiles como si no hubiera un mañana. Dicen luchar contra la piratería, pero no tienen empacho en lucir prendas falsas.

Y así, hasta el infinito y más allá.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Petromasculinidad

Los ecologistas sandía -ya se sabe, verdes por fuera, rojos por dentro- entran dentro de lo que Churchill definía como fanáticos: no saben cambiar de idea y no quieren cambiar de tema.

Para este gente, los males del mundo provienen del capitalismo y de la derecha. Obvian el considerar que las mayores catástrofes ecológicas han sido perpetradas por regímenes que se dicen comunistas, especialmente dos: la Unión Soviética y la China continental. En ambos casos, con el resultado de decenas de millones de muertos.

Pero, según ellos, el automóvil fue un símbolo del desarrollismo durante el franquismo. Como en tantas otras cosas, para el rojerío patrio el poder del Generalísimo era casi mundial, puesto que en la misma época el boom automovilístico se produjo en prácticamente todo el llamado primer mundo. De acuerdo con la inteligencia artificial, se pasó de cuarenta y cinco millones en 1.945 a noventa y cinco (más del doble) en 1.955, ciento noventa (de nuevo el doble) en 1.965 trescientos diez en 1.975 (a pesar de la crisis del petróleo).

Y mientras, hacía que el Real Madrid ganara seis Copas de Europa, cinco de ellas consecutivas.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

miércoles, 29 de julio de 2026

Cuando seas mayor no comerás huevos

Lo peor que le puede suceder a la naturaleza es darle poder de decisión a un ecologista. Es alguien imbuido de ideas que no han sido verificadas -es decir, totalmente ajenas al método científico- pero, que aun así, insistirá en llevar a la práctica, por lo común con resultados desastrosos.

La penúltima es establecer medidas para favorecer el abandono progresivo de las jaulas, reducir el sacrificio sistemático de pollitos macho y estudiar cómo exigir que el pollo y los huevos importados cumplan los mismos requisitos para evitar la competencia desleal con los productores europeos.

Esto último es el quid de la cuestión: ¿cómo vamos a hacer que -por ejemplo- en la Patagonia sigan los mismos criterios que en Europa? Es más, ¿cómo vamos a verificar que los cumplen aun cuando digan que lo hacen? Porque el resultado es que, y esto ya lo he comentado, nos quedaremos sin huevos.

Es la apostilla a la agenda 2.030: no tendrás nada, serás feliz… y pasarás hambre.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Todo es susceptible de empeorar

Uno creía, hace cosa de veinte años, que la política española había tocado, al menos por el lado de la izquierda, el fondo de la estupidez. Nos equivocamos.

Por primera vez desde el franquismo hubo en España un departamento ministerial dedicado específicamente a la vivienda. ¿Sirvió para algo? Para nada práctico, pero nos permitió echarnos unas risas (por aquello de no llorar, básicamente).

Para empezar, introdujo un nuevo eufemismo en el politqués: la gente ya no buscaba casa, o vivienda, buscaba una solución habitacional. El tamaño teórico se redujo tanto que a la titular del ramo, Maria Antonia Trujillo, pasaron a llamarla apretrujillo. ¿Y qué mejor que unas zapatillas para patearse las calles en busca de tu solución habitacional? Pues, sin que se les moviera un músculo de la cara, se sacaron de la mano unas zapatillas y las llamaron kelifinder. Dudo que vendieran muchas, la verdad.

Bien, pues ahora llega el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer y ha contratado a dos influencers para anunciar su nueva marca de ropa, a la que han llamado (a la marca, no a la vendedora de aire) Dmocracia.

Unas prendas que, dicho sea de paso, son más feas que pegar a un padre con un calcetín sudado.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

martes, 28 de julio de 2026

¿De quién depende?

Como he dicho unas cuantas veces -lo sé, lo sé, tiendo a repetirme… incluso reconociendo que tiendo a repetirme-, el partido de la mano y el capullo ha tendido, históricamente, a confundir el partido con la Administración pública.

O, por decirlo de otra manera, a considerar que todo está al servicio de sus intereses: de los del partido y, sobre todo, de los de los dirigentes del mismo.

Por eso, cuando zETAp reclama al juez del caso Plus Ultra que suspenda la investigación tributaria sobre él y Gorgoritos, no es sino una muestra más del concepto que tienen de las cosas. Además de un ejemplo más del doble rasero que aplican a todo, ya que, de ser el encausado un popular, callarían como putas.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Reflexiones atemporales CCCXXII – Muy poco les debemos

Alguien, presuntamente de izquierdas, dijo en la radio nos costó mucho traer la democracia. Falso: la democracia llegó porque las cortes franquistas se hicieron el harakiri. La izquierda no hizo nada por ayudar.

De hecho, lo que pretendían los comunistas -los únicos que de verdad hicieron algo, aunque fueran atentados y guerrilla rural: cuando los de la mano y el capullo proclamaron lo de cien años de honradez, los de la hoz y el martillo añadieron y cuarenta de vacaciones- era implantar una república al estilo soviético.

Y cuando, muerto el caudillo, se emprendió el camino hacia la democracia, los de Ferraz -además de ir de la mano detrás de las pancartas con las proclamas de los terroristas-, se dedicaron a ir poniendo en las ruedas todos los palos que pudieron.

O sea, que de deudas, nada de nada.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

lunes, 27 de julio de 2026

Pegarse un tiro en el pie

Sería deseable que la riqueza de España se basara en el desarrollo industrial, los minerales valiosos o los adelantos científicos.

Pero no es así y, aun cuando pudiera serlo en alguno de esos campos, ya se encarga el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer de malograr las oportunidades.

No, buena parte de nuestra prosperidad se basa en el turismo y los ingresos que el mismo proporciona. A pesar de lo cual hay quienes se dedican a difundir manuales para sabotear hoteles, pisos e inmobiliarias en zonas como Mallorca.

Si todo se va al garete, como estos iluminados pretenden, me gustaría saber de qué piensan vivir ellos y los suyos.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Cuando lo superen, hablamos

La izquierda, al menos la española, siente un odio profundo por la riqueza. Por la riqueza ajena, quiero decir.

Para ellos, cualquier cantidad que tengan los demás es siempre excesiva. Cuanto mayor sea, más ilícitos habrán sido los medios para onbtenerla y más reprobable será su posesión, aunque sea fruto del trabajo duro y el buen olfato comercial.

Así, han pasado de criticar las contribuciones de Amancio Ortega por el simple hecho de producirse, a hacerlo porque, según ellos, suponen para el magnate gallego poco más que el chocolate del loro. Así, los fondos que ha destinado como ayuda a Venezuela tras el terremoto equivaldrían, según ellos, a que una persona normal donara un euro y treinta y ocho céntimos.

Pues no me sorprendería que muchos de los que tanto critican no hayan entregado ni siquiera la décima parte de esa insignificancia.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 26 de julio de 2026

Proceso al proceso (703)

Decía Winston Churchill (hablo de memoria) que un fanático es alguien que no puede cambiar de idea y no quiere cambiar de tema. En este sentido, los separatistas catalanes son bastante fanáticos, tanto más cuanto más exaltada es su ideología.

Es lo que pasa con la líder-esa de Alianza Catalana, el partido separatista de extrema derecha que le está comiendo el terreno a las fuerzas más tradicionales. Para ella, lo importante es salvar (¿Por qué? ¿De quién? ¿Para qué?) el idioma catalán, muy por delante de cualquier otra consideración.

De la inseguridad en la Ciudad Condal, si eso, ya hablamos otra tarde, supongo.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Inteligencia artificial: Crónica desde el Noveno Pueblo (XIV): La Caída de los Toboganes

He intentado negarlo durante días.

He querido creer que, de todas las estructuras del parque infantil, los toboganes serían los últimos en rebelarse. Al fin y al cabo, siempre han tenido algo zen: ese deslizamiento suave, esa capacidad de ofrecer alegría sin pedir nada a cambio, ese brillo solemne de plástico coloreado que parece decir “sube, niño, te ofrezco la pendiente de la vida”.

Pues bien.

Me equivoqué.

Monumentalmente.

El temblor de las nueve de la mañana

Llegué al parque poco después de que abrieran la panadería (detalle importante: si el pan está caliente, el mundo aún no ha colapsado del todo).

Iba pensando en la reciente insurrección de columpios cuando lo escuché: Grrrrrrrnnnnck.

No era un rugido.

No era un chirrido.

Era… una mezcla inquietante, como si un dinosaurio pequeño y oxidado hubiera decidido estirarse después de una mala noche.

Me giré hacia el tobogán principal —el Alto Majestuoso, como lo llaman los niños— y lo vi inclinarse.

Así, sin más.

Como una persona que decide mirar por encima del hombro.

Oh no —dije, igual que dije cuando despertaron las farolas, los bancos, las papeleras, las fuentes, los buzones y las alcantarillas—. No tú también.

El tobogán respondió enderezándose un poco… y luego se movió hacia la izquierda.

Repito: El tobogán.

Se movió.

Hacia la izquierda.

El éxodo resbaladizo

Antes de que pudiera reaccionar, el tobogán infantil —un modelo de baja estatura y colores chillones— se deslizó lentamente fuera de su sitio, arrastrando bolitas de arena como si fueran migas de pan.

Luego se animó más y empezó a girar sobre sí mismo, como un cachorro hiperactivo.

Un tercer tobogán, el espiralado, vibró con tal intensidad que pensé que se iba a desenroscar y aparecer como una serpiente gigante.

No estaba tan lejos de la verdad: empezó a desenrollarse… poquito a poco.

En ese momento, el concejal de Parques y Recreo, aún cubierto de arena desde la caída de la semana pasada (cosas de ser concejal aquí), llegó corriendo.

— ¡NO, POR FAVOR, NO OTRA VEZ! —gritó al verlos.

Los toboganes lo ignoraron con la indiferencia de un adolescente que descubre que sus padres también existen.

El gran deslizamiento colectivo

Todos los toboganes se reunieron en el centro del parque.

Sí, TODOS.

Los pequeños.

Los medianos.

El espiralado que seguía desenrollándose con elegancia.

El Alto Majestuoso que parecía el líder espiritual del movimiento.

Formaron un círculo.

Y entonces hicieron algo que jamás pensé que vería: Empezaron a deslizar objetos.

Primero, una pelota perdida.

Luego, una botella de agua semiabierta que salió disparada como un proyectil.

Después, un cochecito de juguete que no pertenecía a nadie allí presente (misterio nunca resuelto).

Y finalmente… al concejal.

El Alto Majestuoso inclinó su rampa con precisión quirúrgica y el concejal, que había estado intentando calmar la situación con frases vagas tipo “tranquilos, es solo un reajuste recreativo”, cayó de bruces en el tramo superior.

Los toboganes vibraron con satisfacción.

El concejal descendió a toda velocidad.

Gritó.

Rodó.

Aterrizó sentado.

Y uno de los toboganes pequeños le dio un golpecito en la espalda, como diciendo: “Gracias por participar.”

El manifiesto resbaladizo

Tras su demostración práctica, el tobogán espiralado —ya completamente desenroscado y con aspecto de caracol deprimido— emitió un sonido grave.

Era un discurso.

Lo entendimos todos.

Los toboganes estaban hartos de: ser usados con zapatos llenos de barro, soportar chicles pegados en sus superficies, oír gritos a cinco centímetros de sus rampas, que los adultos les dijeran “¡no tan rápido!” como si ellos pudieran controlar la física, soportar días sin descanso bajo un sol cruel que calienta el plástico hasta niveles de tortura medieval.

Querían respeto, mantenimiento, limpieza y —el punto más sorprendente— turnos de descanso.

Sí.

Turnos de descanso.

Entre toboganes.

El caos posterior

Desde entonces:

Los toboganes se niegan a estar erguidos.

Se tumban, se giran, se inclinan, se estiran.

Uno de ellos se ha colocado horizontal, como si quisiera ser una cama comunitaria.

El espiralado ha decidido convertirse en una especie de camino ondulante hacia la nada.

El Alto Majestuoso está ahora vigilando la entrada del parque, como un guardián ancestral escogiendo quién puede pasar.

Los niños lloran.

Los padres lloran más.

Los perros observan en silencio, reevaluando su comprensión del mundo.

¿Y ahora qué?

No lo sé.

Pero siento que el Noveno Pueblo está llegando a un punto de no retorno.

Los columpios mandan.

Los toboganes protestan.

El parque infantil es una zona autónoma regida por objetos resentidos con muy buena memoria.

Quizá los balancines hablen pronto.

Quizá el suelo de goma despierte.

Quizá los muelles que sostienen el caballito infantil decidan rebotar hacia la libertad.

Sea lo que sea…

Aquí estaré.

Cansado.

Confuso.

Pero firme en mi deber como cronista.

¡¡¡VIVA EL NOVENO PUEBLO!!!