Las características de los del partido de la mano y el capullo no varían con el tiempo, sólo se intensifican.
Por ejemplo, cuando salió a la luz el asunto
de los GAL, el entonces presidente del gobierno -que, por comparación con los
que han venido después, casi parece un estadista de talla mundial- afirmó que
se había enterado del asunto por la prensa.
Ahora, la hermana del Pitecantropus pucelensis
ha desarrollado la ley de desmemoria democrática mediante una instrucción,
en lo relativo a quienes tienen derecho a solicitar la nacionalidad española.
Vamos a dejar de lado si la citada ley es o
no inicua -en mi opinión lo es, como su predecesora- y a considerarla no sólo
legal sino lícita. Pero lo que no cabe es que la instrucción en cuestión realice
una interpretación de la norma que desarrolla que excede de los límites
previstos.
Visto la que se le viene encima, la susodicha
ha intentado anular la querella admitiendo que la norma que defecó pudo ser desacertada. En un país normal, y si tuviera un mínimo de vergüenza, dimitiría.
Como es una sinvergüenza y España es cualquier cosas menos normal, no lo hará.

























