Crónicas desde el octavo pueblo
Los nombres anteriores eran VIVA ESPAÑA y Mi blog (original, ¿eh?). No es que sea un blog heterodoso, como el de Pepiño. Directamente, es políticamente incorrecto. Para la progresía, quiero decir.
domingo, 5 de julio de 2026
Tarzán de los Monos
El quid de la cuestión
La doctrina Mafalda no es más que el nombre que le doy a lo que en realidad viene sabiéndose desde tiempo inmemorial: que no sólo hay que prestar atención al mensaje, sino también a quien lo emite; y, sólo teniendo en cuenta ambas circunstancias, podrá llegarse a una conclusión confiable sobre cómo debe ser tomado ese mensaje.
Valga esta introducción para empezar a comentar la noticia
de que la prensa de Marruecos alaba el silencio de Sánchez tras el asesinato del líder del Frente Polisario. Vayamos por partes.
En primer lugar, la prensa al Sur del estrecho de Gibraltar
está todavía más controlada por el poder de lo que lo está al Norte, y eso ya
es decir. Si a eso le unimos el hecho de que el reino alauita es una
autocracia, la noticia equivale a decir que es el trono del moro gurrumino el
que emite la alabanza.
Pasemos ahora al hecho de que el Sáhara Occidental fue
provincia (que no colonia: España no tuvo colonias) española hasta 1.975,
cuando abandonamos el territorio con el Caudillo agonizante y una marea humana
presuntamente espontánea pero realmente instigada y controlada por el padre de
quien ahora es el comendador de los creyentes en el país de la estrella de
cinco puntas.
Tradicionalmente, España se ha mostrado del lado de las
reclamaciones saharauis y contraria (tibiamente, pero contraria) al afán
expansionista de Rabat. Así fue hasta hace unos años, cuando -sin encomendarse
a Dios ni al diablo… o quizá a este último-, el psicópata de la Moncloa dio un
volantazo y cambió nuestra actitud en un giro de ciento ochenta grados.
Esto vino precedido de varios desplantes del trono marroquí
al desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, sin que
este último mostrara la más mínima molestia. Las malas lenguas dicen que es así
porque obran en poder de los servicios secretos marroquíes (es decir, del moro
Mojamé) los datos contenidos en los teléfonos móviles de varios miembros del
consejo de ninistros -incluido quien se sienta a la cabecera de la mesa- y de
sus familiares.
Y que estos datos serían tan comprometedores que sería como
si les tuvieran agarrados por los dídimos, los ovarios o lo que quiera que
tengan entre las piernas. Sumado todo esto, sólo llego a una conclusión. Se
están riendo de él, burlándose y humillándole.
Y él, que busca seguir detentando el poder, tragará carros y carretas sin decir ni pío.
Inteligencia artificial: Crónica desde el Noveno Pueblo (XI): El Levantamiento de los Contenedores de Reciclaje
A estas alturas, debería estar acostumbrado a todo. El Noveno Pueblo ha vivido insurrecciones de semáforos, farolas, bancos, papeleras, fuentes, pasos de peatones, buzones y hasta alcantarillas que se comportan como criaturas mitológicas húmedas.
Pero no. Siempre queda un rincón del pueblo
dispuesto a recordarme que la sorpresa es un músculo que aquí nunca deja de
ejercitarse.
Y hoy… se han rebelado los contenedores de
reciclaje.
La mañana empezó demasiado tranquila
Tuve que sospecharlo desde el principio.
En el Noveno Pueblo, la tranquilidad es un
síntoma, una antesala, una advertencia disfrazada de respiro.
Caminaba hacia la plaza con dos bolsas: una
de papel (no preguntéis por qué tengo tantas cajas de cereales vacías; la vida
es complicada) y otra de vidrio (porque las botellas de zumo deciden
reproducirse en mi cocina).
Los contenedores estaban allí, alineados como
siempre: el verde con su boca circular, el azul con esa tapa rectangular y
dramática, el amarillo con su gesto de “échame plástico si te atreves”.
Me acerqué al azul.
Levanté la tapa.
Y la tapa… bajó sola.
— Oye —dije, como si regañara a un
gato—, no estoy de humor para esto.
Volví a levantarla.
Volvió a bajarse.
Y entonces, en un acto de insubordinación que
rozaba la insolencia, el contenedor se desplazó medio metro hacia atrás.
Yo me quedé con la bolsa de papel a medio
camino, congelado en una postura que debería prohibirse por ley.
Y lo peor no fue eso.
Lo peor es que los otros contenedores
empezaron a imitarlo.
— No puede SER —exclamé, y una señora
que pasaba a mi lado murmuró: — Hijo, aquí ya nada sorprende.
Tenía razón. Y aun así…
La marcha cromática de los contenedores
Los contenedores se pusieron en movimiento.
Primero un temblor suave, apenas perceptible.
Luego un arrastre decidido, casi orgulloso.
El verde se inclinaba hacia los lados como si
quisiera estirar la espalda después de décadas de digestión de botellas.
El amarillo hacía un sonido metálico parecido
a un carraspeo indignado.
El azul avanzaba con la solemnidad de un
monje medieval cargando conocimiento prohibido.
Se reunieron en la plaza central, donde ya
han ocurrido más protestas inanimadas que en cualquier manual de sociología.
Y allí, para mi horror, se colocaron en
formación, ordenados por colores como si fueran parte de una bandera
desconocida o preparando una coreografía.
El contenedor verde —el más alto, el más
fornido, el que siempre parece juzgarte por no lavar los tarros antes de
tirarlos— avanzó al centro.
Emitió un sonido profundo, casi gutural: un GLUNK
que resonó por toda la plaza.
Los demás respondieron con un CLONG al
unísono.
Era un discurso.
Lo sé porque el contenedor azul asentía, el
amarillo vibraba con dramatismo, y el marrón (que juraría que no estaba allí
hace un rato) daba saltitos pequeños como un alumno nervioso.
El motivo de su revolución
En este punto, podía haber sido cualquier
cosa: sobrecarga de basura, falta de respeto, la eterna guerra del vidrio mal
clasificado, el abandono emocional de quienes prometen reciclar y luego no
reciclan nada.
Pero no. Era algo más profundo.
Los contenedores estaban hartos de que la
gente no supiera reciclar.
Sí. Esa era la causa.
Un grito silencioso de décadas: “El vidrio
NO va en el amarillo”, “El cartón NO va en el verde”, “El
plástico NO va en el marrón”.
Un tormento eterno. Una tortura diaria.
Y claro, al final han estallado. Cualquiera
lo haría.
La llegada del concejal especializado (porque
siempre aparece uno)
El concejal de Gestión Selectiva —un puesto
que sospecho que se inventaron ayer mismo— llegó corriendo, con seis folletos
explicativos en la mano y cara de no saber por dónde empezar.
— Señores contenedores —dijo,
intentando mantener la dignidad—, comprendemos su malestar, pero…
Pero no pudo terminar.
El contenedor amarillo avanzó hacia él con un
movimiento tan intimidante que el pobre hombre retrocedió sin mirar, tropezó
con una jardinera y cayó dentro de un seto.
Las almas nobles del pueblo fingimos no
haberlo visto.
La consecuencia inmediata
Los contenedores se han dispersado por las
calles cambiando sus posiciones al azar.
Ahora:
El vidrio está donde antes estaba el
plástico.
El plástico se ha colocado frente a la
farmacia.
El papel se ha tumbado sobre un bordillo como
si estuviera tomando el sol.
El contenedor marrón ha desaparecido
misteriosamente (no sabemos si se ha escondido o si ha fundado una colonia).
El pueblo entero está confundido.
Nadie sabe qué reciclar dónde.
El caos ecológico es absoluto.
Un desastre ético.
Una tragedia urbana.
¿Y ahora qué?
No lo sé.
Pero lo siento en el aire: el mobiliario del
Noveno Pueblo está llegando a un clímax.
Una sinfonía final.
Una convergencia de fuerzas inanimadas con
voluntad propia.
Quizá los contadores eléctricos despierten.
Quizá las marquesinas del autobús.
Quizá los columpios del parque.
Quizá… bueno, casi cualquier cosa.
Y cuando eso ocurra, yo estaré aquí.
Cuaderno en mano.
Al borde del colapso nervioso.
Pero fiel al relato.
sábado, 4 de julio de 2026
Como Al Capone
Alfonso Capone fue responsable, directo o indirecto, de docenas de muertes, si no de centenares. Sin embargo, fue procesado, condenado y encarcelado por un tema de impuestos.
No es que haya muchas concomitancias entre el
gángster estadounidense de ascendencia napolitana y cierto político pucelano al
que le venía bien que hubiera tensión. Pero, después de todos los desmanes
cometidos y las desgracias que ha acarreado a uno y otro lado del Atlántico, tendría
cierta gracia que acabara entre rejas precisamente por no haber declarado las joyas que se encontraron en su poder.
Vengan de la herencia de la tía Maricastaña o de Venezuela.
Hacen bien en tener miedo
No todo el que sale con un título de la facultad de Derecho está intelectualmente capacitado para ejercer la abogacía.
Por un lado están los picapleitos chanchulleros,
trapaceros y sin escrúpulos, que se valen de todo tipo de tretas y artimañas
para lograr sus objetivos. Esos no trabajan por amor a su oficio o al Derecho,
sino al vil metal. Gente a la que, en general, suelen recurrir los del partido
de la mano y el capullo cuando les pillan y les resulta imposible escabullirse.
Por otro lado están los juristas de verdad,
los que aman la Justicia y el Derecho, y dedican su inteligencia y capacidad a
ello. Y cuando uno de los del primer párrafo se encuentra con uno de los del
segundo, entra en pánico.
Y es lógico, porque de nada les servirán sus triquiñuelas.
viernes, 3 de julio de 2026
Esa manía de apuntarlo todo
Dijo sir Winston Leonard Spencer Churchill que la Historia sería clemente con él, porque estaba decidido a escribirla. Y a fe mía que lo hizo, dada su ingente producción literaria… una parte no desdeñable de la cual se refería a su propia trayectoria vital.
Evidentemente, los tuercebotas al servicio del
desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer no le llegan ni
a la suela del zapato al insigne político -escritor, orador, periodista, pintor,
albañil, militar y hasta jugador de polo- británico. Pero muestran un afán
parecido en dejar constancia por escrito -o en archivos digitales: los tiempos
adelantan que es una barbaridad- de todas sus andanzas y trapicheos.
Ya las grabaciones de Koldo pusieron
clavos en el ataúd judicial de su antaño superior. Ahora son las agendas de la
comandante de las cloacas las que tienen en vilo al psicópata de la Moncloa, porque
su contenido puede hundirle bien hondo.
Pues sí. Pe ese.
Los extremos se tocan
Dicen que la política es un círculo, y que los extremos se tocan: que son tan parecidos quehay que ser un verdadero experto para diferenciarlos, como decía Woody Allen -o Groucho Marx- sobre la verdadera felicidad y la sensación que proporciona la riqueza.
Es por eso que comunistas y nacionalsocialistas
y fascistas se parecen tanto, si (como hace la izquierda) consideras que son
extrema izquierda y extrema derecha. Otros, en cambio, sostenemos que todas
ellas son ideologías de izquierdas emanadas del socialismo, y que son tan
parecidas por el vínculo fraterno que las liga. Pero me estoy desviando del
tema.
En los recientes elecciones regionales
celebradas en España, Vox -al decir de los medios, una formación de extrema
derecha- ha defendido lo que llaman la prioridad nacional, esto es, que los
españoles van primero. Naturalmente, la izquierda y sus pesebres mediáticos se
pusieron a aullar todos a una tildándoles de racistas, xenófobos e
insolidarios.
Pero hete aquí que un exdiputado neocom -difícil
de olvidar: el gañán de las rastas que en sus ratos libres se dedicaba a patear
policías- ha salido con la prioridad nacional canaria, defendiendo la expulsión del archipiélago de quienes superen tres meses de estancia con visado, de
visita o haciendo turismo.
¡Toma solidaridad!
jueves, 2 de julio de 2026
Deuda de huesos
Se trata este volumen de lo que los angloparlantes llaman una novella, una narración más larga que un cuento pero más corta que una novela propiamente dicha.
Se relata en esta historia cómo Zedd levantó
los límites que separaban la Tierra Central de D’hara (por el Este) y de la Tierra
Occidental (por el Oeste). Como de costumbre en las historias de Goodkind, al
final de la trama se produce un giro inesperado que hace que todo lo que creía
el lector -y creían los personajes, o al menos algunos- resultara equivocado.
Aprovecho para señalar la incongruencia de
que en un mundo cuya civilización se extiende por al menos tres milenios -algo
que comparte con, por ejemplo Tolkien o George R. R. Martin- no se hayan
producido avances tecnológicos relevantes: la cosa avanzó hasta un estadio
parecido a nuestra Edad Media y ahí se quedó.
Quizá se debe a que en los tres universos de
ficción impide la magia. Dando la vuelta a la afirmación de Arthur C. Clarke de
que una tecnología lo bastante avanzada es indistinguible de la magia,
podríamos argüir que en un mundo donde existe la magia la tecnología no se
desarrolla.
Un punto a mi favor sería que el mundo al que Richard envía a aquellos que quieren vivir sin magia, así como a los inmaculadamente desprovistos del don, es un mundo sin magia… y es nuestro mundo.
No lo entiendo
Las llamadas sesiones parlamentarias de control al gobierno son todo menos eso.
Para empezar, las preguntas están preestablecidas, con lo que los miembros del ejecutivo pueden prepararse la respuesta.
Pero es que, además, cuando se les pregunta, los miembros del
desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer se van por las
ramas de los árboles que crecen en los cerros de Úbeda y sueltan una perorata
que es perfectamente intercambiable con cualquiera otra de las que suelten.
Yo, de ser un parlamentario de la oposición, utilizaría mi turno de réplica para decir algo como Que sí, que lo que usted diga, pero ¿quiere hacer el favor de contestar a lo que le he preguntado?
La maldición de Francokatón
Decididos a reescribir la Historia -buscaron la guerra civil, y cuando la consiguieron la perdieron, y luego se tiraron cuarenta años viviendo del cuento-, los del partido de la mano y el capullo no cejan en su afán de profanar tumbas.
Sin embargo, como hace nueve décadas, hay
quienes se han cansado de agachar la cerviz. Y, aunque sin ir al enfrentamiento
directo, buscan poner palos en las ruedas de los desmanes del desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer.
Como, por ejemplo, sabotear la perforadora
que el consejo de ninistros envió al Valle de los Caídos para agujerear
la explanada, al tiempo que la adornaban con pintadas relativas a la dudosa
filiación paterna del psicópata de la Moncloa.
Los benedictinos, naturalmente, condenaron de manera rotunda los destrozos… aunque estoy seguro de que, en su fuero interno, alguno se alegró.
miércoles, 1 de julio de 2026
Espera y verás
En relación con el servicio de fontanería de la sede del partido de la mano y el capullo, y por extensión del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, la actitud inicial fue -ya lo he dicho en la entrada anterior- negarlo todo.
Lo que pasa es que, poco a poco, reculan. No
se había reunido con la directora general de la Benemérita… y luego resultó que
sí. Ahora niegan que se reuniera con el psicópata de la Moncloa.
Como he leído por ahí, han acabado admitiendo tantas cosas que negaban que acabaremos viendo el ciruelo de quien es cónyuge del One.
Modus invariandi
Como he señalado varias veces, la manera de actuar del partido de la mano y el capullo cuando salen a la luz sus vergüenzas es siempre la misma.
Primero, niegan todas las acusaciones: son bulos
de los pseudomedios, mentiras de la máquina de fango de la
ultraderecha, invenciones y falsedades. Nunca conocieron a esas personas, nunca
se reunieron con ellas, nunca les hicieron favores.
Luego, poco a poco, empiezan a admitir cosas.
Que quizá si se cruzaran ocasionalmente con ellos, pero nada de mantener
conversaciones, nada de una relación cordial o de confianza. De ahí pasan a que
vale, quizá sí que hablaran con ellos una o dos veces… o tres, o cuatro, o una
docena. Y de lo siguiente que nos enteramos es de que el ministerio del Interior proporcionó protección oficial durante dos meses a la jefa de los
fontaneros de Ferraz tras su choque con el delincuente que está cantando como
un canario.
Si a esto unimos que a Toda tetas, tonta del todo le han concedido una escolta de quince policías, policías que hanretirado del servicio de protección a mujeres maltratadas, y que cada uno de
estos agentes protege a cien de estas mujeres, podríamos decir que el ninistro
Pequeño y la tertuliana sabelotodo serán responsable del próximo millar y
medio de víctimas de lo que los progres llaman violencia machista.
Que a demagogos podemos jugar todos.
martes, 30 de junio de 2026
Del primero al último
Que lo de la corrupción bajo la égida del psicópata de la Moncloa no es una serie de casos aislado, ni siquiera una trama, sino algo consustancial, casi ontológico (signifique eso lo que signifique) al partido de la mano y el capullo y al desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer lo demuestra un solo hecho.
Ese hecho es, parafraseando a Quevedo, que no
hallamos cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la mierda. Todos los
ministerios, a todos los niveles, están pringados por acción o por omisión, por
colaboración necesaria o por negligencia.
Tanto da que sea un ministerio económico
como que no. Es el caso del ninistro Bolardos: la Unidad Central Operativa ha entrado en sus dependencias por la nacionalización del colaborador bolivariano de las cloacas del PSOE.
Valga el pleonasmo.
Reflexiones atemporales CCCXVIII – Terminologías
Un error muy extendido, quizá buscando no herir susceptibilidades que puede que reaccionen mal, es no llamar a las cosas por su nombre.
Tomemos el caso del partido de la banda
terrorista vasca de ultraizquierda, actualmente Bildu. Llamarles proetarras es
erróneo, porque son ETA. Un pro algo es alguien que, sin ser ese
algo, está a favor de ese algo, se alegra de sus éxitos y lamenta sus fracasos:
así, podríamos decir que el gobierno español durante la Segunda Guerra Mundial era
pro alemán, o incluso pro nazi; pero no era nazi, y mucho menos alemán.
Volviendo al tema, serían proetarras quienes,
sin ser miembros de la banda del hacha y la serpiente, colaboran con ellos. Así,
históricamente lo han sido el PNV, Arzalluz (unos sacuden el árbol y otros
recogemos las nueces), Setién, zETAp (Otegi, hombre de paz), los neocom
o el psicópata de la Moncloa.
lunes, 29 de junio de 2026
Ni acogiéndose a sagrado
Que al psicópata de la Moncloa no le quieren ni en su casa es algo que parece fuera de toda duda. Vaya a donde vaya, haga lo que haga, y se monte el auditorio que se monte, sale escaldado.
La última ocasión -cuando escribo estas
líneas- ocurrió con motivo de la visita a España de Su Santidad el papa León
XIV. Soberbio él, el yerno del proxeneta pretendía que el jefe del Estado vaticano
y cabeza de la Iglesia Católica visitara la residencia oficial del primer
ministro, algo que no hace en ningún caso.
Se impuso, por tanto, que fuera Sin Vocales el que se desplazara hasta la Nunciatura para el encuentro oficial. Y allí, obligado a pisar la calle, siquiera fuera con neumáticos, los ciudadanos españoles le llamaron de todo menos bonito y le sugirieron que cogiera el camino que sale de la Moncloa.
Ombliguismo
Hay gente que tienen que ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro, o de lo contrario no están contentos.
Eso les ocurre tanto a los de la mano y el
capullo como a los separatistas catalanes, a los que no por nada llamo necionanistas.
En la reciente visita de Su Santidad León XIV al Congreso de los Diputados, dos
de las parlamentarias de la cámara baja demostraron un no saber estar de libro.
Primero, la bocabuzón de la barretina,
que en (mal) inglés le dijo al papa que es de cortesía el hablar el idioma de la tierra que te acoge. Sí, esto lo dijo esa que rebuzna en su dialecto del
occitano cada vez que toma la palabra en Madrid.
Y la otra fue Paquita Alcanfor, la
mamporrera de turno del psicopata de la Moncloa, que en lugar de hacer un discurso
institucional (es dudoso que sea capaz) se dedicó a hablar de polarización, de Donald Trump y de los abusos en la Iglesia.
Todo muy cortés, como puede verse.
domingo, 28 de junio de 2026
La Confesora (El año de la purificación/La Confesora)
Con este volumen (dos volúmenes, en la edición que yo tengo) termina la saga inicial de La espada de la verdad. En puridad, termina la saga de La espada de la verdad, puesto que las siguientes novelas ambientadas en este mundo de ficción se agrupan bajo otras denominaciones (Richard y Kahlan y Las crónicas de Nicci).
Salvo por Deuda de huesos, que leeré a continuación, aquí hago un alto. No porque esté cansado de leer sobre este mundo -como le dije ayer a uno de mis hermanos, cuando un universo de ficción, o una historia, atrae mi atención, nunca tengo bastante, aunque lleve casi siete mil quinientas páginas-, sino porque Timún Mas, la editorial que publicó la obra de Goodkind, se paró dos volúmenes más allá, y Minotauro (que es la que lo está reeditando) no ha publicado todavía los siguientes volúmenes (de hecho, cuando escribo estas líneas todavía quedan diez días para que salga a la venta en volumen al que correspondería esta entrada).
Como digo, después de once novelas, toda la trama llega a su fin. Por un lado, la cosa resulta anticlimática, pues Jagang, que ha dado tantos problemas, es derrotado (no diré cómo) de un modo relativamente simple.
Por otra parte, en esta novela hay largas disquisiciones sobre la magia, el libre albedrío, la bondad, la justicia y otros varios conceptos. Goodkind se pone más sentencioso que nunca, y hace que los personajes (básicamente, Richard) o el narrador omnisciente suelten peroratas o tengan soliloquios que ocupan capítulos enteros.
Además, hay varios momentos que mi mente calificaría como deus ex machina, aunque en puridad quizá no respondan a este recurso: Richard llega, de repente, a deducciones que se le han estado escapando a lo largo de once libros (aunque bueno, a mí me pasa a veces resolviendo un sudoku, que paso de no ver la solución a verla, preguntándome cómo pude no verla hasta que la ví... y perdón por el trabalenguas); Jagang (ya lo he dicho), Samuel y Seis son derrotados en unas pocas páginas cada uno y de maneras muy simples; no se explica quiénes son los fantasmas (puesto que ambas han fallecido) de las (supuestas) madres de Rachel y Chase, cómo ni por qué (más allá de para ayudar a que ganen los buenos) aparecen cuando lo hacen; y se saca de la manga el origen secreto de Rachel.
A lo largo de toda la saga, la trama se ha mantenido en un tono menos elevado -más pegado a la tierra, podríamos decir- que en otras sagas, como (desde luego) el legendarium de Tolkien o incluso la Dragonlance, y con menos pretensiones -diría- que Canción de Hielo y Fuego. Las motivaciones de los personajes son mucho más simples, y sus conductas mucho más directas.
Como he solido decir cuando alguien me preguntaba qué estaba leyendo, decía que era a Tolkien lo mismo que un Whopper a un filet mignon (quizá la metáfora no sea culinariamente correcta, pero se entiende).
Se acerca el día del juicio
Aun a riesgo de repetirme, citaré aquí un pasaje del discurso con el que el fundador del partido de la mano y el capullo, Paulino Iglesias, se estrenó en las Cortes hace ahora poco menos de siglo y cuarto:
El partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales, a establecer la solidaridad humana, y esta aspiración lleva consigo la supresión del Magistratura, la supresión de la Iglesia , la supresión del Ejército, y la supresión de otras instituciones necesarias para ese régimen de la insolidaridad y antagonismo (...) Es decir, que este partido (...) estará en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad, como han estado todos los partidos, cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones.
Por definición, actuar fuera de la legalidad
es delinquir, y a los delincuentes se les aplica todo el peso de la justicia. Es
más, cuando al menos tres personas se asocian de forma estable o por tiempo
indefinido para cometer delitos. Se habla de organización criminal.
Por eso, la noticia de que el juez Pedraz se plantee imputar al PSOE de Sánchez por organización criminal no es sino el corolario lógico de algo que lleva un siglo anunciándose.
Inteligencia artificial: Crónica desde el Noveno Pueblo (X): La Insurrección de las Alcantarillas
He dicho tantas veces “esto ya es lo último” que, si cobrara un céntimo por cada vez, podría comprarme una casita en el Undécimo Pueblo (que espero —ingenuo de mí— no esté pasando por nada parecido). Pero el Noveno Pueblo nunca decepciona. Nunca descansa. Nunca se queda sin ganas de desafiar a cualquier principio básico de la realidad.
Porque ahora… se han rebelado las alcantarillas.
El primer borboteo sospechoso
Ocurrió ayer al mediodía. Iba yo paseando
tranquilamente por la Calle de las Setas Rechazadas, disfrutando de un
bocadillo de tortilla (uno de los pocos placeres que todavía no se han
levantado en armas), cuando escuché un glup.
No un glup normal.
Ni siquiera un glup con eco.
Era un glup solemne, con autoridad. El tipo
de sonido que haría un océano si decidiera hablar contigo de tú a tú.
Miré hacia abajo y lo vi: la alcantarilla
redonda, esa que lleva años absorbiendo lluvia, hojas secas y algún que otro
calcetín huérfano, estaba vibrando. No fuerte, no en plan terremoto. Vibraba
como quien está impaciente.
Di un paso atrás.
La alcantarilla giró un poco.
Luego hizo un salto… sí, un SALTO… de unos
dos centímetros.
Y luego otro.
Y otro.
— Por favor, no empieces —suspiré, ya
resignado.
Pero empezó.
Empezó con ganas.
La salida a la superficie
En cuestión de minutos, otras alcantarillas
de la calle comenzaron también a moverse. Primero pequeños temblores. Luego
inclinaciones leves. Y finalmente, el momento crucial: las tapas se abrieron.
No del todo, pero lo suficiente para que un
espectáculo ridículo e inquietante empezara a tomar forma: chorros de agua
perfectamente verticales salieron disparados, no hacia arriba, sino hacia los
lados, en ángulos imposibles, como si las cañerías estuvieran hartas de
obedecer a la gravedad.
Un gato callejero salió corriendo.
Una señora gritó.
Un turista se puso a grabar.
Yo simplemente tomé notas.
Las alcantarillas, una tras otra, comenzaron
a deslizarse por la calle, dejando surcos húmedos a su paso como babosas
metálicas gigantes. No sé si habéis visto alguna vez a una tapa de alcantarilla
caminando con dignidad: yo sí, y os aseguro que es un espectáculo que te hace
replantearte tu dieta, tu salud mental y las leyes de la física.
La congregación subterránea
Las alcantarillas avanzaron hacia la plaza
central —el centro habitual de insurrecciones— y allí se colocaron en círculo.
Sí, un círculo.
Un círculo perfecto, como si hubieran pasado
toda su existencia calculando geometría en secreto.
El agua brotaba de algunas de ellas formando
arcos que se cruzaban en el aire, creando un entramado acuático que parecía un
mensaje cifrado.
Y yo, que ya empiezo a manejarme en dialectos
absurdos del mobiliario urbano, comprendí algo: Las alcantarillas estaban
exigiendo limpieza.
Sí. Limpieza.
Estaban hartas de absorberlo todo: hojas,
basura, juguetes perdidos, secretos nunca confesados… y querían que
reconociéramos su sacrificio.
Era una queja legítima, si lo pensáis.
Nadie las agradece jamás.
La más antigua —una tapa rectangular con
inscripciones de hace décadas— se levantó unos milímetros, lo justo para
producir un sonido grave, profundo, como si un monstruo marino estuviera
golpeando las paredes desde dentro.
Llegó el concejal, claro
El concejal de Alcantarillado y Flujo Urbano
—sí, existe, no dudéis de ello— apareció con cara de haber dormido tres minutos
y medio durante la última semana.
Miró el círculo de alcantarillas rebeldes.
Miró los chorros danzantes.
Miró la multitud que se había congregado.
Suspiró profundamente y declaró: — Están
atravesando un proceso de reivindicación hidráulica.
Por supuesto, nadie entendió nada.
Ni falta que hacía.
El caos final: el pueblo, sin drenaje
Cuando las alcantarillas decidieron que ya
habían comunicado su mensaje, regresaron lentamente a su sitio… pero no
cerraron bien.
Desde entonces, cada lluvia ligera (y aquí
llueve cada tarde desde hace tres días) convierte las calles en pequeños
océanos improvisados. Las alcantarillas dejan escapar burbujas gigantescas,
como si estuvieran riéndose de nosotros desde las profundidades. Y lo peor: se
niegan a tragar nada.
Nada de nada.
Ni agua.
Ni hojas.
Ni colillas.
Ni promesas rotas.
El Noveno Pueblo está oficialmente inundado.
Nuevamente.
¿Y ahora qué?
No lo sé.
Pero no tengo duda de que esto es solo el
preludio de algo mayor.
Las alcantarillas han demostrado que hasta lo
más profundo y oculto puede hartarse.
¿Qué vendrá ahora?
¿Los contadores eléctricos?
¿Los postes del alumbrado?
¿Las piedras del pavimento?
¿Los toldos? ¿Los columpios? ¿Las antenas
parabólicas?
Sea lo que sea, seguiré informando.


















