Cuando, hace algo más de una década, surgió el movimiento neocom, se suponía que iban a traer un nuevo modo de hacer política.
En realidad, nihil novum sub sole. El
marxismo lleva dos siglos cambiando de disfraz, pero aplicando siempre las
mismas recetas, fracasando siempre… y haciendo que, si alguno logra mejorar de
vida, ese sea siempre de la élite dirigente.
Naturalmente, el saber esto no impidió que
fueran utilizados por los de la mano y el capullo cuando surgieron; repudiados
cuando amenazaron con el sorpasso; tolerados cuando fueron necesarios
para detentar el poder; y exprimidos y echados a un lado cuando fue necesario
fagocitarlos.
Y ahora la fiscalía -que ya sabemos de quién
depende- pide dieciocho años de inhabilitación especial para el ignaro que fue
alcalde de Cádiz -tan ignorante que consideró que José María Pemán era
franquista, cuando lo que fue toda su vida es monárquico- dos delitos
continuados de revelación de secretos y de prevaricación por el desempeño que
tuvo un asesor de su partido en el consistorio.
Claro, que si el ministerio público fuera tan celoso en todos los casos con la responsabilidad in vigilando, el psicópata de la Moncloa no volvía a pisar un despacho oficial en lo que le queda de vida.




















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