Hay veces que uno se queda ojiplático perdido con las afirmaciones del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer.
En efecto, suponen tal descaro, tal
desfachatez, que uno se pregunta en qué mundo viven: porque, si de verdad se
creen lo que están diciendo, es que se hallan fuera de la realidad; y si no se
lo creen, el concepto que tienen del público al que se dirigen no podría ser
peor. Aunque, por otra parte, hay que estar bastante mal para votarles, pero
ese es otro asunto.
Tomemos el caso de las consecuencias de la invasión
marroquí de Ceuta. Entró un volumen de gente parejo al de la población de la
ciudad autónoma española. Aunque la gran mayoría regresó a su país
relativamente pronto, todavía queda una cantidad apreciable.
Cantidad que es de gente perteneciente a otra
cultura, con otros valores y con otros antecedentes penales. Ante el aumento de
incidentes, los ceutíes se sienten inseguros. Pero tranquilos, que según el ninistro
Pequeño se trata de una inseguridad subjetiva. Como la que él siente, yendo en una furgoneta de la policía, en lugar de en coche oficial, cuando ha visitado la ciudad autónoma española.
Debe ser porque sólo se ha identificado a poco más de mil de los invasores.
























