Hace un par de años, el ninistro Bolardos quiso colarse en el palco de autoridades durante las celebraciones del día de la Comunidad de Madrid.
Dado que no estaba invitado, una jefa de
protocolo ejerció su función (bendita sea) y le impidió el paso, a pesar de que
culebreó y fintó para intentar pasar. Pero no hubo caso, y yo diría que no ha
logrado superar la humillación.
Ahora se le ha añadido otro caso, con
repercusión internacional además. Porque quiso sumarse al grupo de Sus
Majestades los Reyes de España, a quienes Dios guarde muchos años, para asistir
al funeral de Harald V, a quien Dios tenga en Su gloria (aunque fuera
protestante, parecía un buen hombre, y se ha ganado el cielo con los hijos que
le tocaron en suerte).
Lo malo para Bolardos fue que el
número de asistentes por país estaba limitado a tres, y la tercera plaza
correspondiente a España la ocupaba Su Majestad la Reina doña Sofía, a quien
Dios guarde muchos años.
Y, la verdad, entre una y otro no hay color.
























