lunes, 27 de julio de 2026

Cuando lo superen, hablamos

La izquierda, al menos la española, siente un odio profundo por la riqueza. Por la riqueza ajena, quiero decir.

Para ellos, cualquier cantidad que tengan los demás es siempre excesiva. Cuanto mayor sea, más ilícitos habrán sido los medios para onbtenerla y más reprobable será su posesión, aunque sea fruto del trabajo duro y el buen olfato comercial.

Así, han pasado de criticar las contribuciones de Amancio Ortega por el simple hecho de producirse, a hacerlo porque, según ellos, suponen para el magnate gallego poco más que el chocolate del loro. Así, los fondos que ha destinado como ayuda a Venezuela tras el terremoto equivaldrían, según ellos, a que una persona normal donara un euro y treinta y ocho céntimos.

Pues no me sorprendería que muchos de los que tanto critican no hayan entregado ni siquiera la décima parte de esa insignificancia.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 26 de julio de 2026

Proceso al proceso (703)

Decía Winston Churchill (hablo de memoria) que un fanático es alguien que no puede cambiar de idea y no quiere cambiar de tema. En este sentido, los separatistas catalanes son bastante fanáticos, tanto más cuanto más exaltada es su ideología.

Es lo que pasa con la líder-esa de Alianza Catalana, el partido separatista de extrema derecha que le está comiendo el terreno a las fuerzas más tradicionales. Para ella, lo importante es salvar (¿Por qué? ¿De quién? ¿Para qué?) el idioma catalán, muy por delante de cualquier otra consideración.

De la inseguridad en la Ciudad Condal, si eso, ya hablamos otra tarde, supongo.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Inteligencia artificial: Crónica desde el Noveno Pueblo (XIV): La Caída de los Toboganes

He intentado negarlo durante días.

He querido creer que, de todas las estructuras del parque infantil, los toboganes serían los últimos en rebelarse. Al fin y al cabo, siempre han tenido algo zen: ese deslizamiento suave, esa capacidad de ofrecer alegría sin pedir nada a cambio, ese brillo solemne de plástico coloreado que parece decir “sube, niño, te ofrezco la pendiente de la vida”.

Pues bien.

Me equivoqué.

Monumentalmente.

El temblor de las nueve de la mañana

Llegué al parque poco después de que abrieran la panadería (detalle importante: si el pan está caliente, el mundo aún no ha colapsado del todo).

Iba pensando en la reciente insurrección de columpios cuando lo escuché: Grrrrrrrnnnnck.

No era un rugido.

No era un chirrido.

Era… una mezcla inquietante, como si un dinosaurio pequeño y oxidado hubiera decidido estirarse después de una mala noche.

Me giré hacia el tobogán principal —el Alto Majestuoso, como lo llaman los niños— y lo vi inclinarse.

Así, sin más.

Como una persona que decide mirar por encima del hombro.

Oh no —dije, igual que dije cuando despertaron las farolas, los bancos, las papeleras, las fuentes, los buzones y las alcantarillas—. No tú también.

El tobogán respondió enderezándose un poco… y luego se movió hacia la izquierda.

Repito: El tobogán.

Se movió.

Hacia la izquierda.

El éxodo resbaladizo

Antes de que pudiera reaccionar, el tobogán infantil —un modelo de baja estatura y colores chillones— se deslizó lentamente fuera de su sitio, arrastrando bolitas de arena como si fueran migas de pan.

Luego se animó más y empezó a girar sobre sí mismo, como un cachorro hiperactivo.

Un tercer tobogán, el espiralado, vibró con tal intensidad que pensé que se iba a desenroscar y aparecer como una serpiente gigante.

No estaba tan lejos de la verdad: empezó a desenrollarse… poquito a poco.

En ese momento, el concejal de Parques y Recreo, aún cubierto de arena desde la caída de la semana pasada (cosas de ser concejal aquí), llegó corriendo.

— ¡NO, POR FAVOR, NO OTRA VEZ! —gritó al verlos.

Los toboganes lo ignoraron con la indiferencia de un adolescente que descubre que sus padres también existen.

El gran deslizamiento colectivo

Todos los toboganes se reunieron en el centro del parque.

Sí, TODOS.

Los pequeños.

Los medianos.

El espiralado que seguía desenrollándose con elegancia.

El Alto Majestuoso que parecía el líder espiritual del movimiento.

Formaron un círculo.

Y entonces hicieron algo que jamás pensé que vería: Empezaron a deslizar objetos.

Primero, una pelota perdida.

Luego, una botella de agua semiabierta que salió disparada como un proyectil.

Después, un cochecito de juguete que no pertenecía a nadie allí presente (misterio nunca resuelto).

Y finalmente… al concejal.

El Alto Majestuoso inclinó su rampa con precisión quirúrgica y el concejal, que había estado intentando calmar la situación con frases vagas tipo “tranquilos, es solo un reajuste recreativo”, cayó de bruces en el tramo superior.

Los toboganes vibraron con satisfacción.

El concejal descendió a toda velocidad.

Gritó.

Rodó.

Aterrizó sentado.

Y uno de los toboganes pequeños le dio un golpecito en la espalda, como diciendo: “Gracias por participar.”

El manifiesto resbaladizo

Tras su demostración práctica, el tobogán espiralado —ya completamente desenroscado y con aspecto de caracol deprimido— emitió un sonido grave.

Era un discurso.

Lo entendimos todos.

Los toboganes estaban hartos de: ser usados con zapatos llenos de barro, soportar chicles pegados en sus superficies, oír gritos a cinco centímetros de sus rampas, que los adultos les dijeran “¡no tan rápido!” como si ellos pudieran controlar la física, soportar días sin descanso bajo un sol cruel que calienta el plástico hasta niveles de tortura medieval.

Querían respeto, mantenimiento, limpieza y —el punto más sorprendente— turnos de descanso.

Sí.

Turnos de descanso.

Entre toboganes.

El caos posterior

Desde entonces:

Los toboganes se niegan a estar erguidos.

Se tumban, se giran, se inclinan, se estiran.

Uno de ellos se ha colocado horizontal, como si quisiera ser una cama comunitaria.

El espiralado ha decidido convertirse en una especie de camino ondulante hacia la nada.

El Alto Majestuoso está ahora vigilando la entrada del parque, como un guardián ancestral escogiendo quién puede pasar.

Los niños lloran.

Los padres lloran más.

Los perros observan en silencio, reevaluando su comprensión del mundo.

¿Y ahora qué?

No lo sé.

Pero siento que el Noveno Pueblo está llegando a un punto de no retorno.

Los columpios mandan.

Los toboganes protestan.

El parque infantil es una zona autónoma regida por objetos resentidos con muy buena memoria.

Quizá los balancines hablen pronto.

Quizá el suelo de goma despierte.

Quizá los muelles que sostienen el caballito infantil decidan rebotar hacia la libertad.

Sea lo que sea…

Aquí estaré.

Cansado.

Confuso.

Pero firme en mi deber como cronista.

¡¡¡VIVA EL NOVENO PUEBLO!!!

sábado, 25 de julio de 2026

Cuidado con lo que deseas

No me conocen, pero los de la mano y el capullo tienen un problema conmigo. Y es que ellos dicen muchas tonterías, a menudo sin pensar -concediendo que tengan tal capacidad-, y un servidor es especialista en buscar el matiz de las palabras que más puede mover a chanza o exasperación al que escucha.

Tomemos el caso del filósofo perico, a la sazón presidente del consejo regional de gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña. Según quien fuera ministro de Sanidad en lo peor de la pandemia, ha hablado con el bobo solemne, y éste le habría dicho que tiene ganas de aclarar las cosas.

Pues como las aclare demasiado, es probable que pase una buena temporada entre rejas… y quizá no solo.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Pontifica, que algo queda

Es bastante común entre la gente del mundo del espectáculo dar su opinión pontificando, como si el haber destacado en una profesión les habilitara para disertar de todo lo divino y lo humano.

Uno pensaba que eso ocurría entre los Pirineos y el estrecho de Gibraltar, donde la media de nivel intelectual entre los de la cultura es bastante bajo. Pero nos hemos encontrado con que no, con que parece ser una pandemia de alcance global.

Porque hete aquí que Patti Smith, que recibirá el próximo premio Princesa de Asturias de la Cultura, declaró en una entrevista que si quería escuchar a alguien inteligente, compasivo y valiente se fijaba en Pedro Sánchez o en León XIV.

No sólo es que meter en el mismo saco al psicópata de la Moncloa y a Su Santidad es un dislate descomunal, sean cuales sean las circunstancias: es que atribuirle al presidente del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer cualidades como inteligencia, compasión o valentía cae directamente dentro de la ignorancia más absoluta.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

viernes, 24 de julio de 2026

Historias de la jungla

Los relatos de este volumen podrían haber ido perfectamente entre los capítulos diez y once de la primera novela de la serie: es decir, justo después de la muerte de Kala, la madre de Tarzán, y justo antes de la de Kerchak, el líder del grupo de manganis al que pertenecía Tarzán.

En estas historias, Burroughs presenta al hombre mono no sólo como el culmen del desarrollo físico humano, sino como alguien poco menos que un genio: ya sabíamos que había aprendido a leer y escribir por su cuenta, pero es que ahora condensa, en apenas unas pocas páginas, siglos (por no decir milenios) de pensamiento humano, pasando de no plantearse por qué suceden las cosas a elaborar la idea de una divinidad.

También hay aquí muestras de un cierto racismo, muy de la época por otra parte, ya que los negros son presentados en general como salvajes, primitivos, bastante estúpidos y, salvo honrosas excepciones, carentes de toda cualidad reseñable.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Venga ya...

Que el psicópata de la Moncloa es cada vez más un cadáver político lo ven en todas partes salvo, precisamente, en la sede de la presidencia del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer. O quizá sí lo vean, y por eso se aferra con uñas y dientes al sillón.

Cómo estarán las cosas que hasta los jotaporcatos insisten en pedir al partido de la mano y el capullo que cambie a quien preside el consejo de ninistros para continuar la legislatura.

Aunque es dudoso que sean sinceros, porque se hace difícil pensar en que el que venga se va a mostrar tan complaciente con las demandas del golpista exiliado de peinado inefable.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Tramposos

La llamada ley de nietos es, se pongan como se pongan los apologetas del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, una medida que nada tiene de ser una reparación, salvo en el menguante caladero de los dispuestos a votar al psicópata de la Moncloa y al partido de la mano y el capullo.

Porque, desengañémonos -si es que alguno estuvo alguna vez engañado: no es mi caso-, el conceder la nacionalidad a los nietos de quienes dejaron España el siglo pasado -sea por motivos políticos, económicos o simple apetencia- no busca luchar contra el franquismo, sino comprar votos (un millón trescientos mil y contando) para alterar el resultado de las elecciones.

Sólo queda rezar para que los españolitos de aluvión no sean tan estúpidos, y que los que lo sean no basten para volcar la balanza a favor del psicópata de la Moncloa.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 23 de julio de 2026

Cuestión de principios

En el cerco judicial contra la pocilga socialista, el ministerio público está siguiendo dos líneas de actuación, fruto de una lectura parcial -al menos en uno de los casos- del apartado segundo del artículo 124 de la Constitución.

El primer apartado establece la misión del Ministerio Fiscal:

El Ministerio Fiscal, sin perjuicio de las funciones encomendadas a otros órganos, tiene por misión promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley, de oficio o a petición de los interesados, así como velar por la independencia de los Tribunales y procurar ante éstos la satisfacción del interés social.

Es decir, este apartado nos dice qué tiene que hacer. El apartado segundo nos dice cómo tiene que hacerlo:

El Ministerio Fiscal ejerce sus funciones por medio de órganos propios conforme a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica y con sujeción, en todo caso, a los de legalidad e imparcialidad.

Como decía, hay dos grupos de fiscales. Están los que siguen los dictados de su superior máxima, que es a la vez la inferior del psicópata de la Moncloa -como lo fueron su predecesor, y la predecesora de éste-, y se fijan únicamente en lo de dependencia jerárquica. Y están quienes le dan más importancia al principio de legalidad, que también aparece en el primer apartado como algo a defender, junto los derechos de los ciudadanos y el interés público.

Será por eso que la Fiscalía Anticorrupción no se pone una venda en los ojos y ve una correlación entre las reuniones de la cloaca del partido de la mano y el capullo y las presiones de la directora general de la Benemérita a la Unidad Central Operativa de la misma.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

A la fuerza ahorcan

Tradicionalmente, el partido de la mano y el capullo ha tenido una concepción patrimonialista del Estado: lo ocupan sistemáticamente, lo confunden con el partido y lo usan según sus propios y particulares.

En esto, el psicópata de la Moncloa -como he señalado innumerables veces, y volveré a hacer incontables veces más- no es sino una edición corregida y aumentada de sus predecesores. Nada lo ilustra mejor que su retórica pregunta televisada sobre de quién dependía la Fiscalía General del Estado, y el pues eso que se contestó a sí mismo y que convirtió a la cabeza del Ministerio Público en el fiscal particular del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer.

En los múltiples negocios turbios y trapicheos en los que se encuentra chapoteando judicialmente el entorno de Su Sanchidad -todavía no está demasiado claro quién manda y quién obedece-, la Agencia Tributaria no se mostraba muy proclive a personarse contra zETAp cuando afloró el asunto de las joyas: sea su adquisición legítima (o mejora, o libre disposición… chiste de juristas) o dudosa, el hecho incontrovertible es que no las declaró a Hacienda, por lo que ha cometido una infracción fiscal.

Y claro, si se personó en el caso Koldo contra el empresario y soplón Víctor de Aldama, en similares circunstancias (aunque sin joyones), tanto más tendrían que hacerlo contra el bobo solemne por las comisiones facturadas a través de sus sociedades por el faro moral de la izquierda.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

miércoles, 22 de julio de 2026

Orwell al poder

Rebelión en la granja, de George Orwell, es una alegoría apenas disimulada de la revolución rusa, pero sus enseñanzas pueden aplicarse a todos los autoritarismos, sean del signo que sean e incluso si se camuflan como democracias.

Una vez tomado el poder, los animales promulgan una serie de normas, que se pueden resumir en el conocido todos los animales son iguales. Conforme avanza la trama, las normas se van matizando, añadiéndoles apostillas que desnaturalizan su enuniciado inicial. La novela termina con la de la citada anteriormente: todos los animales son iguales… pero algunos son más iguales que otros.

Esto, como he dicho, puede aplicarse en cualquier situación en la que haya una jerarquía. Un síntoma claro de que quien ostenta el poder ha pasado simplemente a detentarlo es el que se conceda privilegios porque cree que se los merece.

Es el caso de la presidente de la Comisión Europea, que ha quitado el aire acondicionado a sus empleados a pesar de la ola de calor que asola el viejo continente… pero lo mantiene en su despacho.

Lo dicho: igualdad para según quienes.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Algebra elemental

Las malas lenguas dicen que el Chepas, el becario ubicuo y Pesetero llamaron Podemos a la formación neocom porque llamarla Follemos quedaba demasiado descarado.

De ahí en adelante, todo han sido mentiras en los sucesivos cambios de nombre. Se llamaron Podemos, y no pudieron. Se rebautizaron Unidos Podemos, y siguieron sin poder, además de que volvieron a dividirse. Pasaron a llamarse Unidas Podemos, e hicieron un acontecimiento del regreso del chepudo líder. La escisión pasó a llamarse Más Madrid, y cada vez son menos. Finalmente, devinieron en Sumar, y no hacen más que restarse efectivos… además de dividirse.

Se ve que, de matemáticas, pez.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

martes, 21 de julio de 2026

Tarzán y las joyas de Opar

En este quinto volumen de las aventuras de Tarzán, Burroughs recurre a uno de los tópicos más frecuentes en la literatura de aventuras cuando de sagas hablamos: el héroe pierde la memoria, lo que es aprovechado por los villanos para intentar sacar tajada.

También hay que mencionar que se repiten temas y localizaciones ya empleados: la colonia atlante de Opar, que funciona como una especie de cofre del tesoro del hombre mono, cuando sus finanzas en el mundo civilizado van mal; y los árabes (no todos, pero sí en esta novela) como villanos de folletín, dedicados al tráfico de esclavos y el saqueo. También hay algunas referencias al (entonces llamado) Estado Libre del Congo, lo que permitiría ubicar la hacienda de Tarzán en el territorio de la actual Angola (que, a pesar de lo que diga el personaje, nunca fue territorio británico).

Como inconsistencias, señalar dos: si bien la causa de la amnesia de Tarzán es plausible -lo que la ciencia moderna definiría como un traumatismo craneoencefálico-, e incluso el que sea una amnesia parcial y no total es admisible (no recuerda quién es, pero sí hablar francés), la manera de recuperarla es demasiado simple (basta con que le digan su nombre real), aunque Burroughs lo presenta como la última pieza del puzzle; y aunque personajes como Tarzán o sus aliados sufren heridas terribles que les ponen al borde de la muerte, se recuperan milagrosamente y, lo que es más maravilloso todavía, no hay mención de cicatriz alguna.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Et tu, Brute?

El poder -la posibilidad de alcanzarlo o el hecho de esgrimirlo- es la argamasa más fuerte en casi cualquier formación política, pero especialmente en el partido de la mano y el capullo.

En efecto, mientras las cosas van bien, todo lo que hace el líder es prudente, todo lo que dice el líder es sensato, y el que se mueve no sale en la foto. Pero cuando las vacas empiezan a enflaquecer, ¡ay, amigo!, entonces salen a relucir las navajas, las viejas ambiciones se desentierran y las lealtades del ayer desaparecen.

Ya ocurrió cuando el psicópata de la Moncloa se retiró a meditar (su venganza) ante el goteo -simple anuncio del chorreo que se produciría- de casos de corrupción en su entorno, que hasta el más primitivo de sus secuaces se creyó capacitado para sucederle.

Y como es de necios pretender un resultado distinto haciendo lo mismo, y en el PSOE actual no se puede decir que abunden precisamente las neuronas funcionales, nos enteramos de que el líder del partido en Madrid y el secretario de Estado de Telecomunicaciones conspiran para derrocar al psicópata aprovechando el tsunami de corrupción que asola a la formación.

Olvidan, sin embargo, dos o tres cosas. La primera, que son hombres de Sánchez: si cae él, caen ellos. La segunda, aunque la primera no existiera, que el psicópata sigue estando al mando. Y la tercera… la tercera es la más importante.

Que un tsunami arrambla con todo lo que pilla por delante.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Reflexiones atemporales CCCXXI – ¿Y si Nogueras hace un Rufián?

Tradicionalmente, los líderes convergentes han sido traicionados por sus delfines. O, más bien, los sucesivos líderes han ido traicionando a sus mentores.

Descontados Tarradellas -probablemente el único político del último medio siglo que siendo de un partido catalán (y además de izquierdas), era decente en lo personal y en lo político- y Jorgito Poyuelo como maestro y aprendiz, tal pareciera que estaban siguiendo la Regla de dos de los Sith, que establecía que sólo dos Señores Sith podían existir en un momento dado: un maestro para ser el ejemplo del poder del Lado oscuro de la Fuerza, y un aprendiz para ansiar ese poder.

Así, Arturito Menos traicionaría a-u ocuparía el poder en lugar de- Jorgito Poyuelo. Arturito sería a su vez sustituido por Cocomocho, que sería defenestrado por Chistorra, mero figurante para el regreso del más descerebrado y demenciado de todos, el del peinado inefable.

Que ahora actúa en Madrid a través de Bocabuzón, mientras el charnego de apellido que retrata está planteando una especie de golpe de mano para convertirse en el califa de toda la izquierda a la izquierda del partido de la mano y el capullo… territorio cada vez más reducido por la estrategia fagocitadora del psicópata de la Moncloa.

Lo cual me llevó a pensar, hace cosa de un mes, si a la marioneta madrileña no le vendrían ínfulas de grandeza y quisiera ser, ella también, califa en lugar del califa.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

lunes, 20 de julio de 2026

Casualidad… ¿o causalidad?

Según Wikipedia, en lógica una falacia es un argumento que parece válido, pero no lo es.

Una de estas falacias es la conocida como Cum hoc ergo propter hoc (en latín con esto, por tanto a causa de esto), que se comete al inferir que dos o más eventos están conectados causalmente porque se dan juntos.

Por ejemplo, uno podría pensar que el hecho de que la Agencia Tributaria española esté asediada por los escándalos –la investigación relacionada con las joyas del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y la corrupción en el seno de la SEPI, la filtración de datos fiscales de la pareja de la presidente de la Comunidad de Madrid, la entrega de la Agencia Tributaria a Cataluña para cumplir los mandatos de los independentistas, el cambio en el sistema de oposiciones que pretende eliminará exigencias en el acceso para entrar a formar parte de la plantilla de la Agencia, por citar tan sólo algunos- es lo que ha provocado la dimisión de su directora general.

O podría ser, como aseguran fuentes de la AEAT, que pidió hace ya meses un relevo y se consensuó posponer cualquier cambio a la finalización de la campaña de la Renta.

Yo ahí lo dejo. Cada cual que piense lo que quiera.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Qué será, será

En el saber popular hay varias expresiones que retratan la misma realidad: ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio es una; dime de qué presumes y te diré de qué careces es otra; y habló de putas la ‘Tacones’ es una que quizá no sea tan conocida, salvo en algunos círculos que frecuenta un servidor.

Todo se reduce a que, cuando alguien sobreactúa en su indignación, es muy probable que los motivos no radiquen tanto en el objeto de la crítica como en quien la emite. Tomemos el caso de dos presentadores de televisión, Jorge Évole (conocido como el Follonero) e Iker Jiménez.

Los dos empezaron en programas que podríamos llamar de entretenimiento: el charnego -del que Wikipedia dice que estudió la carrera de Comunicación Audiovisual, pero no que la aprobara, a diferencia del vasco, que dice que es licenciado en Ciendias de la Información-, como guionista y humorista (es un decir) de los programas de Andrés Buenafuente, otro que tal baila; el segundo, como director y presentador de un programa que trata temas como la criminología, la Historia, la arqueología, la astronomía, la Medicina, la Física o la Psicología, pero también la parapsicología y la ufología.

Mientras que el primero se ha dedicado a entrevistar terroristas y a pasarle la mano por el chepa (por no decir lamerle el orto) al psicópata de la Moncloa y sus secuaces, el segundo se dedica a indagar en la corrupción que rodea -o en la que chapotea, o que mana de- al desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer. Lo que, para el charnego, equivale a intoxicar.

A ver si lo que le pasa es que tiene una sobredosis de envidia que no puede con ella…

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 19 de julio de 2026

Que cunda el ejemplo

En el sistema electoral español -salvo en las elecciones al Senado- se prima a la grandes formaciones , capaces de concitar un mayor apoyo en las urnas. Es decir, que la correlación entre número de votos y número de escaños no sería aritmética, sino geométrica.

Naturalmente, esta última afirmación está hecha un poco a vuelatecla, porque además deberíamos tener en cuenta el sistema D’Hont, que es el que funciona en España para cualquier comicio en el que se voten listas cerradas y bloqueadas.

En resumen: que cuanto más concentrado esté el voto de una determinada ideología, mejor para esa ideología. Por esa razón, en los años ochenta la derecha no se comía un colín, porque era una sopa de letras frente a una izquierda dominada hegemónicamente por el partido de la mano y el capullo, con los comunistas de comparsas, cuando no de críticos feroces.

Cuando la derecha se concentró en el PP, esa repulsa sociológica hacia la izquierda se tradujo en escaños (además del lógico desgaste de casi década y media de gobierno socialista). Y cuando la igualmente lógica erosión del bipartidismo alumbró formaciones a un lado y a otro de los grandes partidos, e incluso entre ellos, el sueño de la mayoría absoluta devino casi inalcanzable para cualquiera de los partidos políticos (salvo excepciones).

Lo cual no quita para que los de derechas veamos con delectación como a la izquierda del PSOE no paran de surgir grupúsculos que, dicen en el caso de la Villa y Corte, quieren disputar la alcaldía.

Pues nada, que disputen, que disputen a gusto.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

Inteligencia artificial: Crónica desde el Noveno Pueblo (XIII): El Despertar de los Columpios

Hoy pensaba escribir una crónica tranquila. Algo ligero, quizá una reflexión sobre cómo, pese a todo, el Noveno Pueblo sigue teniendo cierto encanto… Pero por supuesto, el Noveno Pueblo ha decidido que eso sería demasiado fácil.

Porque hoy… se han despertado los columpios del parque.

Un amanecer inquietante

Salí temprano, más por costumbre que por optimismo. El cielo estaba de un gris casi educado, como si intentara no llamar la atención (cosa rara en estos cielos, que suelen dramatizar más que un actor en su último acto).

Me acerqué al parque para ver si los bancos seguían filosofando o si las papeleras habían vuelto al trabajo.

Y entonces lo escuché: Un cric-craccric-crac

Pero no el típico sonido de cadenas metálicas moviéndose con el viento.

No.

Era un ritmo.

Un ritmo casi… coordinado.

Me asomé detrás del seto del parque —por precaución, no por cobardía, lo juro— y vi la escena: Los columpios se movían solos.

Uno hacia adelante.

Otro hacia atrás.

El tercero girando ligeramente, como preparándose para despegar.

Y el cuarto, el columpio grande de neumático, daba vueltas como un planeta confundido.

Oh no —murmuré—. No vosotros. Cualquiera menos vosotros.

El primer acto de rebeldía

Decidí acercarme con cuidado, como quien intenta hablar con un animal salvaje que podría morderte… o darte un discurso.

El columpio principal —el de asiento negro y cadenas gruesas, el más veterano— se detuvo de golpe al verme.

Luego se inclinó hacia mí, como si quisiera examinarme.

Y entonces… me arreó un columpiazo en la espinilla.

No demasiado fuerte, ojo.

Fue un columpiazo comunicativo, de esos que dicen: “No te acerques sin pedir permiso”.

Me aparté cojeando un poco, por dignidad más que por dolor.

Y entonces lo comprendí: Los columpios estaban hartos de ser abandonados en invierno, de que los niños los empujaran como si no tuvieran articulaciones que cuidar, de que los adultos los usaran para hacerse fotos ridículas que nadie quiere ver, y de que las cadenas se retorcieran una y otra vez sin consideración.

Quieren respeto.

Y hoy lo están exigiendo.

La Asamblea del Parque Infantil

Los columpios comenzaron a balancearse formando un círculo perfecto, mientras los toboganes y el tiovivo (que por ahora parecen neutrales, los muy diplomáticos) observaban desde la distancia.

Uno de los columpios infantiles —el pequeñito, con asiento rojo— empezó a emitir un chirrido agudo, que interpreté como una queja formal.

El columpio grande respondió con un crac-crac más grave, como un anciano sabio diciendo: “Sí, hijo, durante años nos han subido con zapatos embarrados. Ya basta”.

El columpio de neumático se descolgó parcialmente y cayó al suelo en un gesto dramático, como diciendo: “¡He sacrificado suficiente por vosotros!

Fue entonces cuando supe que esto iba en serio.

La llegada del concejal de Juegos Infantiles

El concejal de Parques y Recreo —el único que aún no había salido en estas crónicas, pobre iluso— apareció corriendo con una carpeta llena de documentos que claramente no servían para nada.

¡Ciudadanos! —exclamó, con voz temblorosa—. ¡Por favor, mantengan la calma! Es solo un… eh… desajuste lúdico no intencional.

Los columpios respondieron al unísono dando un tirón violento hacia adelante, como si quisieran lanzarse sobre él a la vez.

El concejal retrocedió.

Cayó dentro de la caja de arena.

Los columpios celebraron el gesto con un suave balanceo triunfal.

La consecuencia inmediata

Desde esta tarde:

Los columpios no permiten que nadie se siente. Si lo intentas, se balancean hacia atrás y te esquivan como si fueran toreros.

El columpio grande ha tomado el control del parque infantil. Se mueve en círculos despacio, como un vigilante nocturno.

Uno de los columpios pequeños se ha colocado en la entrada del parque, balanceándose mínimamente… como si cobrara peaje emocional.

Los toboganes están empezando a vibrar. No sabemos si por miedo… o si planean unirse al movimiento.

Los padres no saben qué hacer.

Los niños protestan.

Los perros ladran.

Y yo… bueno, yo ya he asumido que en este pueblo cualquier cosa con tornillos es un ser político-urbanístico en potencia (sin política real, claro).

¿Y ahora qué?

No lo sé.

Pero tengo la sensación de que estamos llegando a una fase peligrosa.

Los columpios son objetos que acumulan velocidad, energía, resentimiento y memoria.

Y ahora que han despertado, quién sabe qué vendrá: ¿Los toboganes resbalándose solos? ¿Los balancines haciendo huelga general? ¿La arena del parque marchándose en procesión hacia la playa más cercana?

Sea lo que sea…

Lo contaré.

Aunque empiece a plantearme seriamente cobrar entrada por estas crónicas.

¡¡¡VIVA EL NOVENO PUEBLO!!!