Sí, ya sé lo que estás pensando: “¿Otra vez alcantarillas? ¡Eso ya pasó en la décima entrega!”
Y tienes razón… pero no del todo.
Porque si en aquella ocasión despertaron las
alcantarillas grandes, hoy les toca a sus hermanas pequeñas: las rejillas de
desagüe.
Las mini‑alcantarillas.
Los cuadraditos metálicos que todos pisamos
sin pensar y que, hasta hoy, habían aceptado su destino silencioso.
Pues bien: ya no.
Capítulo 1: El primer murmullito
Ocurrió esta mañana, mientras intentaba
evitar pisar un charco (error: en el Noveno Pueblo, evitar cosas suele
atraerlas).
Sentí un sonido ligero bajo mi pie, un
susurro metálico, como un secreto muy mal guardado: ssshk… sshhss… krr…
Miré hacia abajo.
La rejilla estaba temblando.
Minúsculos movimientos, casi invisibles, como
el aleteo de un insecto dubitativo.
Dio un saltito.
Sí, un SALTITO.
De quizá un centímetro, pero suficiente para
que yo me apartara dando un brinco que habría hecho historia en la gimnasia
rítmica improvisada.
Y entonces, de repente, la rejilla emitió un
ruido más claro: ¡CLINK!
No era amenaza.
Era llamada.
A otras rejillas.
Capítulo 2: La reunión en miniatura
Giré la esquina hacia la Calle del Carpintero
Somnoliento.
Error.
Había al menos doce rejillas moviéndose en
fila, como un desfile de insectos metálicos que hubieran leído demasiadas
novelas de aventuras.
Cada una se levantaba, avanzaba, y se dejaba caer: tonk… tonk… tonk…
Un ritmo perturbador.
Un perro intentó oler una.
La rejilla se giró violentamente.
El perro huyó traumado.
Yo también habría huido, de no ser porque ya
estoy demasiado metido en este tema.
Capítulo 3: La conspiración subterránea
Todas las rejillas terminaron en la plaza.
No en la parte central, no: se colocaron
alrededor de la fuente (que en la quinta entrega ya estaba de huelga,
recordemos), formando un anillo metálico perfectamente simétrico.
Y entonces empezaron a hablar.
Sí, hablar.
No en español, ni en un idioma humano.
Más bien era un idioma drenaje‑dialéctico:
mezcla de vibraciones, golpecitos y el sonido del agua corriendo por debajo.
El mensaje, aunque críptico, se entendía: “Estamos
cansadas de tragarlo TODO”.
Capítulo 4: El manifiesto drenante
Una de las rejillas más viejas —oxidada,
torcida, legendaria— vibró con fuerza y transmitió el discurso:
“Estamos hartas de colillas”.
“De chicles olvidados”.
“De papeles arrugados”.
“De que nos escupan”.
“De que nadie LIMPIE nuestras ranuras”.
“De hacer de repuesto emocional de la gente
cuando llueve”.
Y luego, el mensaje final, proyectado
mediante gotas de agua expulsadas hacia arriba como si fueran una fuente
improvisada: “QUEREMOS DESCANSO”.
El público quedó atónito.
Yo también, aunque ya tengo la tolerancia
destruida por semanas de revueltas materiales.
Capítulo 5: Entra en escena el concejal
Porque, por supuesto, NINGÚN levantamiento
está completo sin la intervención del concejal de algo.
Hoy tocó el Concejal de Infraestructuras Muy
Menores, cuya existencia desconocíamos hasta que apareció con un casco
demasiado brillante.
— Ciudadanos —dijo—, las rejillas están
experimentando una saturación…
La rejilla más cercana se levantó medio
centímetro y golpeó el suelo con un CLONK tan contundente que el concejal se
calló de inmediato.
Interpretación libre del gesto: “No hables
por nosotras”.
Se retiró sin hacer ruido.
Capítulo 6: El caos drenacional
Desde esta tarde:
Varias rejillas han decidido no volver a
colocarse en su sitio, dejando agujeros estratégicos en las aceras.
Otras se han apilado unas sobre otras,
formando pequeños montículos metálicos que parecen esculturas conceptuales
urbanas (pero peligrosas).
Una rejilla se ha subido al banco rebelde de
la tercera entrega y ambos discutieron durante diez minutos.
Otra rejilla se coló en la panadería. Aún no
sabemos cómo.
Algunas han empezado a rechazar el agua: la
lluvia rebota y se dispersa como si hubiera un campo de fuerza.
Resultado: charcos gigantescos formándose
donde antes no había, y sumideros secos donde debería haber agua.
El Noveno Pueblo está oficialmente…
hidráticamente confuso.
Capítulo 7: ¿Y ahora qué?
No lo sé.
Pero si las rejillas se han unido al levantamiento general, significa que pronto podrían hacerlo: las puertas automáticas, los bancos de gimnasio, las tapas de los cubos de basura, los picaportes, las sillas de los bares, los aspersores… y NO quiero pensar qué pasará si los aspersores aprenden a apuntar.
Yo seguiré aquí, como siempre, escribiendo
desde la trinchera del absurdo cotidiano.




.jpg)












