Que el psicópata de la Moncloa no traga a Su Majestad el Rey don Felipe VI, a quien Dios guarde muchos años, es un hecho que no necesita de confirmación.
Se le nota perfectamente al yerno de
Sabiniano que quisiera ser califa en lugar del califa; dejar de ser la segunda
autoridad del Estado y pasar a ser la primera. Pero es que el Rey es más alto, es
más elegante, tiene una mujer más discreta (mira que es difícil, con las
maneras que apuntaba Leticia… pero ha sabido aprenderse la lección) y la gente
le quiere más.
El Rey sabe estar, aguanta los chaparrones y escucha a la gente. Y si tiene que aguantar el chaparrón a pie firme, lo aguanta. No como el galgo de Paiporta, que en la localidad homónima salió por piernas mientras se iba por la pata abajo. En un intento de defender lo indefendible, la ninistra de Ciencia planteó la siguiente posibilidad: ¿Alguien se puede imaginar que en su lugar hubiesen agredido al Rey y se hubiese quedado elpresidente allí?
No sólo está planteando un imposible
ontológico -en caso de agresión al Jefe del Estado, el primer ministro del
desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer haría tiempo
que habría sido linchado por la turba-, sino que está haciendo algo
imperdonable: meter al Rey en la contienda política, ya que todo sería una campaña
de acoso impulsada por los adversarios políticos de Su Sanchidad.
Y es que de casa se viene meado y cagado, nenes.









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