Cuando Charles de Secondat estableció su principio de la división de poderes, estaba estableciendo las bases para eliminar el absolutismo.
A sensu contrario, cuando en un régimen sedicentemente
se minan los contrapesos entre los distintos poderes del Estado, se está
produciendo una regresión hacia la tiranía. Y eso es lo que está haciendo el
desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer.
No había transcurrido ni una década desde la
aprobación de la Constitución de 1.978 cuando, tras las elecciones de 1.982, el
rodillo del partido de la mano y el capullo procedió a ir laminando, uno tras
otro, todos los diques que separaban los tres poderes del Estado, para hacer
que en última instancia todos dependieran del ejecutivo.
Tanto les gustó la cosa a unos y a otros que
ningún partido, cuando ha tenido la mayoría absoluta, ha reconstruido los diques.
Gracias a Dios, los poderes disponen de sus propios medios de defensa contra
las intromisiones autocráticas del psicópata de la Moncloa y su grupo de
corifeos. Y si el ninistro Bolardos ataca al juez encargado de la
instrucción del caso en el que está involucrada la hija del proxeneta, la Asociación Profesional de la Magistratura carga contra el triministro.
Y por más que el desgobierno socialcomunista
que tenemos la desgracia de padecer diga que no hay nada contra la
pareja del secretario general del partido de la mano y el capullo, y que este
último afirme que el tiempo pondrá a todos en su sitio, más les valdría
callar.
No sea que, por una vez, el mentiroso compulsivo acierte y diga la verdad.
























