El estar leyendo una saga tan larga permite dedicar el comentario de cada libro a algún aspecto concreto.
En efecto, la trama es prácticamente
continuada, sin llegar nunca a ninguna resolución (de momento). Cuando se llega
al final de cada volumen, las cosas parecen estar más o menos calmadas… sólo
para descubrir que alguna metedura de pata de alguno de los personajes
principales hacen que la cosa vaya a peor.
En este cuarto volumen de la serie se
mantienen las constantes de los anteriores: violencia bastante explícita,
cierta tendencia a la truculencia y giros de la trama que hacen que los que
parecen ser amigos resulten ser villanos, y viceversa.
Más de una vez, durante la lectura, me he
preguntado si Goodkind tenía toda la trama en su cabeza desde un principio o
iba improvisando a lo largo del camino. Lo que sí tengo claro es que no tenía
problemas en escribir, como se dice en España, más que el Tostado.
A señalar que la imagen que incluyo en esta entrada me la creó Copilot, a partir de las de las ediciones reales pero sin violar la propiedad intelectual. Me costó refinarla, pero lo conseguí.

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