Ya dijo Lord Acton que el poder tiende a corromper. Como deseosos de demostrarlo, los del partido de la mano y el capullo -hasta los que parecen más alelados- se pringan no bien pillan cacho.
Y eso sucede a todos los niveles: nacional,
regional o municipal. El filósofo perico, que sólo había pecado contra
el quinto mandamiento, se ve entre la espada y la pared en relación con el
séptimo, cuando la oposición regional le exige explicaciones por el caso de su jefe de gabinete, implicado en un posible desvío de fondos con la adjudicación
de contratos de limpieza y mantenimiento cuando era alcalde de Esparraguera.
Al igual que es una desgracia que todas las sobrinas de Ábalos le hayan salido ligeras de cascos, qué mal ojo tienen los líderes socialistas, que siempre eligen a colaboradores corruptos.

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