Cuando era sólo la pistolera comunista en la asamblea legislativa madrileña, a Mónica García la llamaban mema, no por su escasa inteligencia (que también, visto lo visto), sino por su afición a definirse a sí misma como médica y madre.
Andando el tiempo, Pedro quebró también en
ella el principio de Peter, y la ascendió muy por encima de su nivel de incompetencia…
nivel que, probablemente, no supere el de limpiar el almacén de medicinas, la
verdad.
Como ministra de Sanidad ha logrado algo difícil
de conseguir: que todos los estamentos médicos se manifiesten en su contra: las
mareas blancas, esta vez, iban dirigidos contra los morados.
Así las cosas, y como eso de ser ministro
debe ser muy cansado, la susodicha barajó la posibilidad de presentarse
-las hay que no aprenden- como candidata por su partido en las próximas
elecciones regionales madrileñas, y así enfrentarse a Isabel Díaz-Ayuso. Dicho y
hecho: tres días después de que se filtrara la posibilidad, MoMiMeMa dio
el paso adelante y anunció la candidatura.
Lo malo de los autócratas comunistas (perdón
por la redundancia, un comunista es siempre un autócrata) es que están
acostumbrados al ordeno y obedecen. Y como cada comunistita quiere ser
el que mande, hay más candidatos. Y como no tienen vergüenza ninguna, se
enfrentan en público, frente a las cámaras de televisión, para dirimir quién tendrá derecho a votar en las primarias.
Resulta de lo más divertido, ver cómo se pelean para ver quién conduce el proyecto al desastre.

