martes, 1 de septiembre de 2026

Reflexiones atemporales CCXXVII – De maduración tardía

Esta es una de esas ocasiones en que desearía, cuando tuve la idea brillante para esta entrada de la serie, haber sido un poco más explícito con las notas

Porque, cuando ataqué la redacción de la misma -dos semanas antes de la publicación (ventajas de ir con adelanto), pero probablemente un mes después de que se me hubiera ocurrido-, todo lo que tenía eran estas ocho palabras:

Simplemente, nos tomamos las cosas con más filosofía

Y claro, me quedé preguntándome qué demonios había querido decir, o a qué me estaba refiriendo, o sobre qué pensaba cuando las escribí. De hecho, mientras se iba aproximando el día en que tendría que escribirla, confiaba en que mi memoria -esa que, en ocasiones, funciona mejor cuando la dejo trabajar en segundo plano- recuperara el tema. Y, de hecho, creo que puedo haberlo hecho. En cualquier caso, no tengo un tema alternativo mejor sobre el que escribir, así que ahí va.

La cosa es (probablemente) que, reflexionando sobre mí mismo en particular, y sobre mi generación en general, llegara a la conclusión de que hemos avanzado en la vida, en nuestra evolución de carácter, a un ritmo más pausado que nuestros padres (y no digamos nuestros abuelos).

En mi caso, a veces pienso que mis reacciones o mi actitud frente a la vida es, en cierto modo, inmadura, o que no se corresponde con las casi seis décadas de vida que llevo a cuesta. Y no es que me arrepienta o avergüence de ello: como suelo decir -mitad en broma, mitad en serio, como casi todo lo que digo-, ser como uno de esos pequeñuelos es una de las bazas que tengo para ir al reino de los cielos (luego vendría lo de no saber mantener la boca cerrada y fastidiarlo todo, pero ese es otro tema).

Y puede ser también, y aquí enlazo con la nota del principio, que me tome las cosas con filosofía, con escepticismo, con una sana falta de dramatismo. O, al menos, que esa sea mi actitud exterior mientras la procesión va por dentro.

Un inciso final: ya me parecía a mí que este tema lo había tratado antes... (dos veces, de hecho).

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!