Se supone que la izquierda está a favor de lo que ellos llaman diálogo de civilizaciones. En la práctica, una bajada de pantalones ante el Islam, partiendo del presupuesto de que todas las religiones son igualmente respetables.
Bien, esto no es así. Si hay una religión que
dice que el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre, no es
respetable. Si hay una religión que dice que es lícito emprender una guerra contra
los infieles, no es respetable. Si hay una religión que condena a muerte
a adúlteras (lo de los adúlteros está por ver, no lo sé) y homosexuales, no es
respetable. Si hay una religión que dice que si mueres luchando contra los infieles
irás directo al paraíso, y que allí serás atendido (es de suponer que si eres
varón, porque si fueras mujer serías lesbiana y, entonces, estarías en el infierno)
por setenta jóvenes vírgenes, no es respetable.
Pero hete aquí que llega un cocuquista con
barretina y ha descubierto una nueva manera de bajarse los pantalones: entregar
la Casa del Temple a una fundación islámica. Los templarios (¿quedaba alguno?
Primera noticia), lógicamente, se han indignado.
Por menos de esto se montaba una santa cruzada, hace siglos…

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