Resulta que, hace algo más de una década, el (ex) comisario Villarejo envió una alerta al Centro Nacional de Inteligencia sobre el (futuro) psicópata de la Moncloa.
Según la rata mayor de las cloacas patrias,
el yerno del proxeneta de homosexuales era un sujeto con inquietantes
antecedentes de conducta que deberían valorarse, y un marcado carácter
trepa y arribista.
La respuesta del CNI fue quitarle importancia
al asunto: estaban convencidos de que su trayectoria sería efímera; y
que, si terminaba saliéndose del guión que se pactó con Felipe González,
le quitarían.
Y eso hicieron. Lo que al parecer nadie,
salvo Villarejo, fue capaz de prever es que volvería. Y, al modo de los tiranos
depuestos que recuperan el poder, irían eliminando todos los contrapesos y apoderándose
de todos los resortes de poder en el partido de la mano y el capullo.
Táctica que repitió una vez cambiado el colchón de la Moncloa, para desgracia de los españoles.

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