Hace algo más de diez años se quebró el bipartidismo en España y surgieron formaciones que encarnaban lo que se dio en llamar la nueva política… que de nueva tenía bastante poco.
Por un lado estaban los naranjitos,
que no eran sino el enésimo intento de crear un partido de centro: demasiado
progres para los conservadores y demasiado conservadores para los progres, con
miedo al que dirán según con quien pactaran, después de la sorpresa
inicial se fueron diluyendo y de ellos ya no quedan ni las raspas.
Por el otro estaban los neocom. Como el
propio apodo indica, no son sino los comunistas de toda la vida, con nuevo
envoltorio para engañar a los de siempre. Un grupo de demagogos de la peor
especie se hicieron con el partido y a punto estuvieron de sobrepasar a un
partido de la mano y el capullo en sus horas más bajas. Caído el disfraz, como
en la canción de La Trinca se fueron escindiendo sucesivamente mientras
se peleaban unos con otros.
Y como todos los revolucionarios de salón, en cuanto rascas un poco te sale el racista defraudador que llevan dentro.

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