martes, 7 de abril de 2026

Reflexiones atemporales CCCVI – Cosas a cambiar (7): Los aforamientos

Otro de los sinsentidos de nuestro entramado legislativo es el tema de los aforamientos. Y lo es por una doble razón.

La primera, el número de los aforados. Prácticamente te basta cualquier cargo político para salirte de lo que podríamos llamar la jurisdicción ordinaria -tiene delito que, siendo licenciado en Derecho, no me salga el término preciso- y que te juzgue un tribunal especial. No sólo eso, sino que además está la figura del suplicatorio, por lo que puede darse el caso de que seas más culpable que Judas pero la asamblea a la que pertenezcas, controlada por tus conmilitones, no permita que se te encause.

Y lo segundo, que se extienda a cualquier acto realizado por el aforado. En origen, la figura tenía como objetivo proteger la independencia parlamentaria, de modo que no se pudiera coaccionar o amenazar a los miembros del poder legislativo. Ahora, es un refugio para maleantes.

Como tantos otros problemas, solucionar éste no requeriría tocar la Constitución, sólo la legislación procesal. Habría que restringir el aforamiento tanto cuantitativa -el número de aforados- como cualitativamente (que fuera sólo, y quizás ni eso, por actos realizados en el desempeño de su cargo: un homicidio, por poner un caso dramático, estaría fuera del aforamiento).

Y hasta aquí las cosas a cambiar, de momento. Si se me ocurren más, ya las iré poniendo.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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