Los ecologistas sandía -verdes por fuera, rojos por dentro- dicen luchar contra el (presunto) calentamiento global y apoyar las llamadas energías renovables o verdes, por considerarlas más ecológicas y menos contaminantes. Centrándonos en este último aspecto, repasemos.
Los elementos necesarios para obtener energía
eólica, solar, hidrotermal o eléctrica (en los vehículos) no salen de la nada. Hay
que fabricarlos, y en esa fabricación se emplean recursos que contaminan. Es más,
finalizada su vida útil, hay que reciclarlos… y aquí, de nuevo, se general
residuos muy contaminantes.
Por otra parte, si por eficiencia entendemos el
ratio entre los recursos empleados y el resultado obtenido, las energías verdes
son, actualmente, poco eficientes y, además, económicamente insostenibles salvo
que sean sunvencionadas.
Hay una alternativa, pero los sandías más
recalcitrantes se niegan a reconocerlo, y es la energía nuclear de fisión (la
de fusión es, hoy por hoy, ineficiente): es eficiente, es segura, no es
contaminante y los residuos son almacenables.
De hecho, en España esta energía aporta casi el veinte por ciento de la electricidad con sólo el cinco por ciento de la capacidad instalada. Eso quiere decir que, con sólo en veinticinco por ciento
de la capacidad instalada, produciría el cien por cien.
Elemental.

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