Los neocom siempre han sido muy dados a la imagen. Es, de hecho, la única manera de vender una mercancía que nació obsoleta, hace siglo y tres cuartos.
Hace un par de años, la tucán de Fene se fue a
las playas del Cantábrico a hacer como que recogía microplásticos. Hace uno, el
psicópata de la Moncloa se pasó por las criptas del Valle de los Caídos a hacer
como que asistía muy atento al examen de los restos mortales enterados allí (luego
resultó que eran de víctimas de los rojos, no de víctimas rojas, pero a eso a
él qué más le daba, le da y le dará).
Y ahora, con el tema del hantavirus, la ninistra
de Insalubridad, MoMiMeMa, se ha paseado por allí con un chaleco de Sanidad
exterior. Prenda que, aunque ella sea realmente médica (anestesista, y a
veces duerme a la gente sin necesidad de éter), estaba de más.
Lógicamente, los médicos estaban que trinaban con semejante postureo. Máxime, cuando falta personal y recuerdan que ningún ministro del ramo les recibe desde 2.010.

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