Un marxista es alguien que predica una cosa para los demás, pero practica para sí exactamente la diametralmente opuesta.
Criticará la riqueza, pero buscará
enriquecerse. Proclamará el reparto, pero acaparará. Voceará la transparencia,
pero serán opacos. Abominarán de la prostitución, pero se irán de putas. Dirán
que son genéticamente incapaces de delinquir, pero delinquirán.
Y defenderán el abolir la prostitución -olvidando
que la prostitución no es delito, lo es el proxenetismo, como el que ejercía
Sabiniano-, pero recurrirán a una organización subvencionada con dinero público
(eso que llaman oenegés) que defiende la prostitución para la regularización masiva de invasores.
Cabalgar contradicciones, lo llamaba el Chepas.

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