Suele decirse que las televisiones (y las radios, pero esta entrada va de las televisiones) públicas -nacionales, regionales, locales- no son sino medios de propaganda del poder político de turno.
Esto puede ser así… en cierto modo. Porque,
desde otro punto de vista, los medios de comunicación -privados y públicos- son
objetivo de la izquierda patria para tenerlos controlados y eliminar
contrapesos -el famoso cuarto poder- a su afán de control omnímodo de la
vida del país.
Y así, en la televisión pública regional andaluza
los sindicatos montan huelgas cuando sus reivindicaciones no son atendidas. Entre
estas reivindicaciones estaría el reservar un número concreto de plazas para
trabajadores temporales sin pasar por un proceso de concurso-oposición lo que,
según la dirección de la empresa, podría atentar contra los principios de
igualdad, mérito y capacidad que rigen el acceso al empleo público.
Mientras, en la televisión espantosa (Rosa María Mateo dixit) contratan a dedo a voceras como Broncano o Inchaurrondo, externalizan todo lo externalizable, tiran el dinero de todos los españoles… y no pasa nada.

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