El marxismo es una doctrina fundada por gente que no tenían ni pajolera idea de aquello sobre lo que estaban hablando, puesto que nunca habían dado un palo al agua: uno, por ser un vago redomado; otro, por ser un hijo de papá.
Vamos a admitir, a efectos puramente
dialécticos, que su objetivo fuera verdaderamente el mejorar la situación del proletariado.
Pero, con su desconocimiento práctico del tema, es como si yo me preocupo por
mejorar la seguridad de las naves espaciales en el vuelo a marte: una receta
segura para el desastre.
Dos siglos después, las cosas no han cambiado.
Es más, como siguen anclados en la primera mitad del siglo XIX, no conocen la
máxima acuñada por Abraham Lincoln: esa que dice que puedes engañar a todos
durante un tiempo, y a algunos siempre, pero que no puedes mantener engañado a
todo el mundo todo el tiempo. Y así, se empeñan en negar la realidad contra
toda evidencia.
Es lo que hace la ninistra de
Insalubridad, por otro nombre MoMiMeMa, que negaba el colapso sanitario
en Ceuta mientras los expedientes sanitarios se disparaban un doscientos sesenta por ciento.
Ésta fue anestesista cinco minutos y aspiró demasiado éter…

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