Esta es una de esas reflexiones en las que el tema que trato no es el mundo que me rodea, sino yo mismo.
Suelo definirme como un animal de
costumbres, con hincapié en lo de animal. Con esto quiero decir que las
rutinas no me molestan, sino todo lo contrario. Por ejemplo, me levanto siempre
a la misma hora (salvo que me quede dormido, lo que no suele ocurrir), para ir
a trabajar, almuerzo (casi) todos los días lo mismo (ensalada) con los mismos
ingredientes (que además, si la preparo yo, añado siempre en el mismo orden),
ceno lo mismo cada tres días..
Pero es que, además, tengo facilidad para
rutinizar. Es decir, si tengo que incorporar algo, lo incorporo sin mayores
problemas y lo hago parte de mi día a día, como si llevara con ello toda la
vida: empecé haciendo ejercicio un par de días a la semana, y ahora lo hago
todos los días (salvo que esté en un viaje y, aun así, busco un hueco); durante
el verano camino durante una hora al levantarme, pero a la vuelta del verano,
por una serie de circunstancias que no vienen al caso, mantuve esa rutina de
caminar durante una hora, aunque cuando trabajo lo hago por la tarde.
Vamos, que ser cuadriculado, a veces, tiene
sus ventajas.

1 comentario:
¡Bienvenido al club! 😜😘
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