Si no hay un refrán que diga la verdad sólo es una, pero las mentiras son muchas, debería haberlo, porque retrata a la perfección la manera de dar explicaciones (nótese la ironía) del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer y con su entorno.
Ocurrió con las maletas de la vicedictadora venezolana,
de cuya visita se dio cerca de una docena distinta de versiones, y está ocurriendo con los joyones del marido de Gorgoritos. Primero fueron herencias tanto
de su familia como de la familia de su mujer, y valdrían (como mucho) unos
cincuenta mil euros, negando además expresamente que fueran un regalo de Arabia
Saudí.
Lo siguiente fue decir que eran un regalo de
cortesía que guardó sin afán patrimonial. Claro, porque uno guarda
las cosas sin afán patrimonial en una caja fuerte, como… como… como cualquier
chorrada de la que ahora no se me ocurre ningún ejemplo.
Finalmente, dijo que eran un obsequio personal
del rey de Arabia Saudí. Pero es que, además de que una autoridad política no recibe
obsequios personales, y menos de semejante entidad, resulta que el mismo día
que las recibía firmaba un convenio con Arabia Saudí para prevenir la evasión fiscal… para después no declararlas a Hacienda.
A mí esto me recuerda un modus operandi similar: firmar un pacto por las libertades y contra el terrorismo mientras se negociaba con los terroristas y contra las libertades.

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