Durante la dictadura franquista se hablaba, si no recuerdo mal, de la tradicional amistad con los países árabes.
Con la llegada de la democracia-que no el
regreso, nunca hubo una verdadera democracia en España hasta la Constitución de
1.978, y menos que nunca durante la segunda república-, se hizo tradicional que
el primer viaje al exterior de los presidentes del gobierno fuera a nuestro vecino
del Sur. No nuestro amigo, ni siquiera nuestro aliado: son simplemente unos
vecinos incómodos que, a poco que nos descuidemos, moverán los mojones de la
linde para quedarse con territorio español. Al fin y al cabo, ya lo hicieron en
1.975.
Con el psicópata de la Moncloa en el poder,
las humillaciones a España -en la persona de sus gobernantes- por parte del
sátrapa alauí se han multiplicado, y las bajadas de pantalones -algo peligroso,
si ciertos rumores sobre el suprascrito tiranuelo son ciertos- por parte del
desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer han llegado a
niveles sonrojantes.
Pero no hay peor tonto que el que no quiere
aprender, y así, tras el anuncio de una concesión de papeles por la vía rápida
que hizo el yerno del proxeneta, la prensa de Marruecos propagó el efecto
llamada y cargó contra Vox -el único partido que habla claro (no me refiero
al fondo, que será o no realizable, sino a la forma) en este tema- pidiendo
regularización ya.
Como no me canso de decir, a una inmigración ilegal en mi pueblo se le ha llamado, de toda la vida, invasión.

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