domingo, 5 de julio de 2026

Tarzán de los Monos

Como casi todas las personas de mi generación, conocí al personaje más famoso de Edgar Rice Burroughs a través de las películas que, generalmente los Sábados por la tarde, ponían en televisión. En estas películas aprendimos a asociar al hombre mono con la apariencia de Johnny Weissmuller: quizá sus películas no fueran las más fieles al original literario, pero sin duda enganchaban.
Y es que esa es otra: los cineastas no habían creado al hombre mono de la nada, sino que se habían basado en una novela, que no leería hasta algún tiempo después, en la edición de Círculo de Lectores que había en casa de un primo de mi padre.
Pero todavía me quedaba descubrir que en realidad no era una novela, sino toda una serie -una serie bastante larga, de hecho: veinticuatro volúmenes-, algunos de cuyos libros leí estando en el colegio, gracias a un compañero de clase.
Eso hace que la edición que hace un par de años empecé a adquirir, y que es la que comienzo a comentar en esta entrada, no pudiera ser la que yo leí en el colegio, puesto que apareció diez años después. Probablemente fuera la edición de Montena.
En cuanto a este volumen, poco hay que decir. Prácticamente todo el mundo conoce el origen de Tarzán, nacido en la jungla tras ser sus padres abandonados en la costa de África y criado por los monos al fallecer sus progenitores, así como la aparición de Jane Porter (yo, Tarzán; tú, Jane), que se convertirá en el amor de su vida.
Comentar sólo dos detalles: que el libro comienza de modo parecido a la serie marciana del mismo autor (la historia que voy a referir me fue contada por un sujeto que, cuando manifesté mi incredulidad, aportó pruebas de su veracidad), y que tiene pasajes que no recordaba.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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