Alfonso Capone fue responsable, directo o indirecto, de docenas de muertes, si no de centenares. Sin embargo, fue procesado, condenado y encarcelado por un tema de impuestos.
No es que haya muchas concomitancias entre el
gángster estadounidense de ascendencia napolitana y cierto político pucelano al
que le venía bien que hubiera tensión. Pero, después de todos los desmanes
cometidos y las desgracias que ha acarreado a uno y otro lado del Atlántico, tendría
cierta gracia que acabara entre rejas precisamente por no haber declarado las joyas que se encontraron en su poder.
Vengan de la herencia de la tía Maricastaña o de Venezuela.

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