No todo el que sale con un título de la facultad de Derecho está intelectualmente capacitado para ejercer la abogacía.
Por un lado están los picapleitos chanchulleros,
trapaceros y sin escrúpulos, que se valen de todo tipo de tretas y artimañas
para lograr sus objetivos. Esos no trabajan por amor a su oficio o al Derecho,
sino al vil metal. Gente a la que, en general, suelen recurrir los del partido
de la mano y el capullo cuando les pillan y les resulta imposible escabullirse.
Por otro lado están los juristas de verdad,
los que aman la Justicia y el Derecho, y dedican su inteligencia y capacidad a
ello. Y cuando uno de los del primer párrafo se encuentra con uno de los del
segundo, entra en pánico.
Y es lógico, porque de nada les servirán sus triquiñuelas.

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