Decididos a reescribir la Historia -buscaron la guerra civil, y cuando la consiguieron la perdieron, y luego se tiraron cuarenta años viviendo del cuento-, los del partido de la mano y el capullo no cejan en su afán de profanar tumbas.
Sin embargo, como hace nueve décadas, hay
quienes se han cansado de agachar la cerviz. Y, aunque sin ir al enfrentamiento
directo, buscan poner palos en las ruedas de los desmanes del desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer.
Como, por ejemplo, sabotear la perforadora
que el consejo de ninistros envió al Valle de los Caídos para agujerear
la explanada, al tiempo que la adornaban con pintadas relativas a la dudosa
filiación paterna del psicópata de la Moncloa.
Los benedictinos, naturalmente, condenaron de manera rotunda los destrozos… aunque estoy seguro de que, en su fuero interno, alguno se alegró.

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