Suele decirse, con un exceso de optimismo, que las energías sedicentemente renovables son las energías del futuro. Suele añadirse, con una gran dosis de mala uva, que siempre lo serán.
Lo cual no
obsta para que haya vivales que busquen forrarse con ellas. Es el caso de un
centro comercial sito en la isla de Tenerife, que según los promotores sería autosuficiente
y se abastecería con placas solares.
La realidad
ha sido muy distinta: se ha tenido que recurrir a un generador alimentado por gasóleo, situado en un aparcamiento subterráneo (ojos que no ven…) que, para
más inri, no resulta suficiente para abastecer a todos los locales comerciales.
Y es que los
promotores primero pusieron las placas y luego vieron que no llegaban con
ellas, cuando lo que deberían haber hecho sería contar con la conexión a la red
eléctrica -que no tienen- para, posteriormente, instalar las placas para
reducir el consumo.
Vamos, que no es que pusieran el carro delante de los bueyes: es que, además, los bueyes son tiernos erales.

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