Cuando al moro gurrumino le interesa, deja pasar impunemente a las hordas invasoras camino de España; cuando no le interesa, las retiene.
A finales de Julio, sendas multitudes se
dirigieron a las ciudades autónomas españolas en el Norte de África. Pero mientras
que en Ceuta la muchedumbre invasora igualó prácticamente en número a la
población local, en Melilla no ocurrió lo mismo.
No sólo eso, sino que se ha castigado las
agresiones a policías y el asalto a la valla. Pero tampoco demasiado, no vayamos
a creernos: pocos meses de cárcel y cuarenta y cinco euros de multa.
Muy disuasorio, como puede verse.

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