Desde hace mucho tiempo, las avalanchas humanas en los pasos fronterizos de las ciudades autónomas españolas son cualquier cosa menos espontáneas.
Son movimientos perfectamente orquestados
desde Rabat, como lo fue hace medio siglo la Marcha Verde que nos privó
de una de nuestras provincias africanas, pues eso era el Sáhara Occidental, y
no una colonia, figura jurídica que España nunca tuvo: los españoles eran
españoles nacieran donde nacieran. De ambos hemisferios, decía el primer
artículo de la primera Constitución que tuvo nuestro país.
Si son para ejercer presión sobre Madrid y
conseguir gabelas, o son tanteos antes de organizar una invasión que sea
definitiva, no lo sé. Y lo demuestra el hecho de que, cuando quiere, Marruecos
puede frustrar una invasión sin que le suponga el más mínimo esfuerzo.
Eso sí, a saber a cambio de qué.

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