Sé que es repetirme, pero desde su estreno parlamentario el respeto que el partido de la mano y el capullo ha mostrado por el ordenamiento jurídico oscila entre cero y nada. Aunque las normas las hayan aprobado ellos.
Tomemos el Real Decreto por el que se prohibía la contratación con empresas israelíes, como reacción a la defensa ejercida por el Estado hebreo contra los terroristas palestinos. En teoría, los primeros que deberían respetar esa prohibición serían los propios socialistas.
Pero
no: en un contrato para dotar de más medios técnicos a los periodistas y
cámaras de Radio Televisión Española y que puedan realizar transmisiones en
directo de video y audio en alta calidad utilizando redes inalámbricas, se redactó el pliego pensando en beneficiar a la empresa hasta entonces suministradora
-una empresa israelí-, de modo que no pudieran presentarse otras marcas (hay
cosa de una docena de competidores).
Llamar descaro a eso es como llamar bocazas pechugona a quien todos sabemos.

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