Como sucede a menudo, para que el mal venza basta con que los buenos no hagan nada.
Eso es lo que sucede en Cataluña. Los secesionistas
no son más -como mucho, la sociedad está partida por la mitad-, pero están mejor
organizados y, sobre todo, hacen mucho ruido. Y ante esto, adoptar una postura
que no sea la de no enfrentarse para no meterse en líos roza prácticamente lo
heroico.
Pero, como suele ocurrir con los matones, si
se les hace frente se achantan. Es el caso de Eduardo Mendoza, escritor de
éxito y de prestigio (ha sido el último galardonado con el premio Príncipe de
Asturias) que osó proponer pasar de san Jorge y reivindicar el Día del Libro.
Con agudeza, señaló que el matadragones -cuya existencia no está demostrada y
raya más bien en lo mítico- no sabía leer y era un maltratador de animales.
Ante esto, los secesionistas se echaron las
manos a la cabeza e hicieron una llamada para boicotear la firma de ejemplares
del escritor el pasado 23 de Abril. Les salió el tiro por la culata, porque la
última novela del autor se convirtió en el libro más vendido en esa jornada festiva, además
de que había largas colas para obtener la firma.
El problema, para los de la barretina atornillada, es que Mendoza es más inteligente que todos ellos juntos. Para lo cual, todo sea dicho, tampoco es que haya que correr demasiado…

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