La izquierda española actual aúna dos defectos que por separado son perjudiciales, pero que unidos son desastrosos para el interés público: demagogia e inepcia.
Por ahí leí en alguna parte que la demagógica
consiste en dar soluciones sencillas a problemas complejos. La demagogia no es
necesariamente mala, consiste sólo en tomar el camino más fácil: así, podríamos
decir que el modo en que Alejandro Magno resolvió el problema del nudo gordiano
fue demagógico, porque (literalmente) cortó por lo sano.
Pero el macedonio era un genio, uno de los
mayores talentos militares y políticos que ha dado el género humano. Muy por
encima de la panda de tuercebotas que integran el desgobierno socialcomunista
que tenemos la desgracia de padecer. Tirando por la vía fácil -y provechosa-,
eligieron crear un sedicente ingreso mínimo vital, porque el que daban una
paguita a quienes no tenían medios de subsistencia. Así, de una tacada, creaban
un rebaño de apesebrados y desincentivaban la iniciativa privada para salir del
hoyo.
Y ahora resulta que hay miles de afectados por cobros indebidos que, aunque quieren devolver aquello a lo que no tienen derecho, no pueden hacerlo.

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