martes, 6 de octubre de 2026

Reflexiones atemporales CCXXXII – Los límites del humor

A menudo he señalado que los de izquierdas tienen la piel muy fina en lo referente a los chistes. Es decir, consideran que se puede hacer humor sobre todo aquello que a ellos no les importa, pero si entras dentro del ámbito de los ofendiditos, entonces estás perdido, porque te van a dar hasta en el carnet de identidad.

Creía que en esto era mejor que ellos. Pero hete aquí que hay un ¿humorista? ¿monologuista? individuo, de nombre Juan Dávila, que hace gracias sobre casi cualquier cosa, especialmente aquellas que son más sensibles para el progretariado: los minusválidos, los deficientes mentales (o como quiera que se llame ahora a estas personas en esta era de lo políticamente correcto)…

Hasta ahí, bien. Pero me encontré con que también hacía chistes sobre la religión (católica, por supuesto: como cualquiera sabe, la única verdadera). Y a mí, esos chistes no me hicieron gracia. Pero, por otra parte, si soy coherente con mis propios postulados, no tengo derecho a censurarle. Únicamente, tengo derecho a molestarme por mí mismo, no por los demás.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

No hay comentarios: