A menudo he señalado que los de izquierdas tienen la piel muy fina en lo referente a los chistes. Es decir, consideran que se puede hacer humor sobre todo aquello que a ellos no les importa, pero si entras dentro del ámbito de los ofendiditos, entonces estás perdido, porque te van a dar hasta en el carnet de identidad.
Creía que en esto era mejor que ellos. Pero hete
aquí que hay un ¿humorista? ¿monologuista? individuo, de nombre Juan Dávila,
que hace gracias sobre casi cualquier cosa, especialmente aquellas que son más
sensibles para el progretariado: los minusválidos, los deficientes
mentales (o como quiera que se llame ahora a estas personas en esta era de lo
políticamente correcto)…
Hasta ahí, bien. Pero me encontré con que
también hacía chistes sobre la religión (católica, por supuesto: como
cualquiera sabe, la única verdadera). Y a mí, esos chistes no me hicieron
gracia. Pero, por otra parte, si soy coherente con mis propios postulados, no
tengo derecho a censurarle. Únicamente, tengo derecho a molestarme por mí
mismo, no por los demás.

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