De acuerdo con el psicópata de la Moncloa, el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer y los voceros de uno y otros, el que la pareja del yerno de Sabiniano está siendo investigada judicialmente se debe, única y exclusivamente, precisamente a que es cónyuge de la segunda autoridad del Estado.
Es decir, que Begoña Gómez sería inocente
como un cordero lechal, como un niño recién nacido, como un angelote de los
pintados por Ribera o Murillo (que no sé si pintaron angelotes, pero decirlo le
da a la entrada una nota erudita y tal). Se trataría, entonces, de una campaña
de la extrema derecha y de la derecha extrema, de una conjura de las togas, de
un invento de la fachosfera, de un producto de la máquina de bulos y
fango.
Vamos a aceptar, a efectos puramente dialécticos, que esta aseveración sea cierta. De ser así, ¿qué temen, Begoña Gómez en primer lugar y todos los que la defienden después? ¿Por qué ha cambiado de abogado defensor? ¿A qué tantos desplantes y desaires al juez que lleva la investigación, cuando lo único que puede conseguir con ellos es cabrearle? ¿Por qué varía su línea de defensa? ¿Por qué no hace hincapié -procesalmente hablando- en su inocencia, y en cambio se dedica a atacar a la acusación por detalles técnicos insubsanables (insubsanables según la defensa, claro)?
Resumiendo: si es inocente, ¿a qué tanto bandazo?

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