Entre giliprogres y maricomplejines ha cundido la alarma ante el triunfo del partido de extrema derecha (o eso dicen) llamado Alternativa por Alemania en las elecciones regionales en Sajonia.
En efecto, la formación se ha quedado a sólo tres escaños de la mayoría absoluta y ha dejado a la Democracia Cristiana en
mínimos. Ante esto, el canciller del país ha reconocido que no esperaba un resultado así.
No es mi intención hacer un análisis profundo
y detallado de la cuestión, por lo que me limitaré a decir dos cosas. La primera,
que el auge de los populismos -opciones políticas que ofrecen soluciones
simples a problemas complejos- es consecuencia (como lo fue hace un siglo) de
que los partidos políticos tradicionales no han sido capaces de
solucionar los problemas planteados (en muchos casos, por ellos mismos).
La segunda, que estas opciones políticas no
han llegado al poder de la nada, caídas del cielo. Han llegado ahí porque la
gente las ha votado. Y la gente las ha votado por la cosa que ya he señalado en
el párrafo anterior.
Sí, ya lo sé: lo mismo pasó hace un siglo.

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