En el rico refranero castellano hay multitud de ejemplos para referirse a la misma realidad: lo que Natura non da, Salamanca non presta; vérsele el pelo de la dehesa; puedes sacar a Fulanito del basurero, pero no puedes sacar la basura de Fulanito; el buey es de donde nace, y no de donde pace; de tal palo, tal astilla; etcétera.
Todas estas expresiones podrían aplicársele a
la ministra de Hacienda, antigua portacoz del desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, vicesecretaria general del
partido de la mano y el capullo y candidata del mismo en las próximas
elecciones regionales al Sur de Despeñaperros, la inefable -literalmente: no
hay palabras para describirla- Petisú Montero.
En inagotable el repertorio de sus gestos soeces,
sus muecas chabacanas, sus patadas a la sintaxis, la prosodia, la fonética y
hasta a la semántica. No sabe estar, no sabe comportarse y hace que una
verdulera de la peor estofa resulte, por comparación, un epítome de la
urbanidad y las buenas maneras.
La penúltima -con esta gente, la última
siempre se ha quedado atrasada- ocasión en que se retrató fue en el funeral por
las víctimas de la tragedia ferroviaria de Adamuz, al que la envió el psicópata
de la Moncloa porque él carece de los dídimos para aparecer en público.
En tal circunstancia, se quejó de que el presidente
de la Junta de Andalucía -por definición, el máximo representante del Estado en
la comunidad autónoma- acompañase a Sus Majestades los Reyes de España, a
quienes Dios guarde muchos años.
Y se quejó como un niño malcriado, caprichoso y consentido tiene una pataleta, porque no hizo por consolar a las familias de las víctimas del siniestro, sino que se dedicó a hablar con otros cargos socialistas que acudieron a la misa funeral.

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