Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente del desgobierno socialcomunista que tiene la desgracia de padecer, tiene muchos rasgos de carácter, y ninguno que se me ocurra bueno. Vale, la perseverancia podría considerarse una cualidad, pero cuando se aplica a alguien con tan pocos escrúpulos como él deviene agravante más que rasgo positivo.
Con ocasión del funeral de las víctimas del accidente de Adamuz, mostró simultáneamente tres de ellos: al no asistir al
mismo puso en evidencia tanto su cobardía como su ausencia de empatía con los
familiares de las víctimas; además, al decir que llegaría hasta el final
y que no dejaría solas a las víctimas.
Admito sesgo de confirmación, pero que pregunten a los valencianos y a los canarios.

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