Rara vez un político admitirá haber cometido un error. Si es español, y de izquierdas, le echará además la culpa a la derecha.
Por inaudito que pueda parecer, hace poco se
produjo una circunstancia que invalidó las dos afirmaciones del párrafo anterior:
el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer hizo algo
parecido a reconocer que se habían equivocado, y no les echaron la culpa a la
derecha extrema y a la extrema derecha.
Que la regularización masiva de invasores
(llamarles migrantes cuando entran ilegalmente y no tienen intención de
marcharse oscila entre la candidez supina y el pensar que todos los demás son imbéciles)
iba a provocar un efecto llamada era algo que hasta el ideologizado más necio sería
capaz de ver… aunque probablemente negara haberlo hecho. Los requisitos eran
tan rigurosos que bastaba con presentarse en una comisaría y decir que se llevaba
seis meses en España y que eras más bueno que el pan para que te dieran los
papeles.
Pues bien, el departamento del ninistro Pequeño
asumió hace una semana que la regularización era un coladero y ordenó intentar identificar a los indocumentados. Les deseo mucha suerte. La vamos a necesitar.
Todos.

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