Dime de qué presumes y te diré de qué careces
En el inmenso repertorio de sabiduría popular
española tenemos ese refrán infalible: Dime de qué presumes y te diré de qué
careces. Y si hay alguien que lo lleva tatuado en la frente sin saberlo es el
excelentísimo señor doctor Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el más responsable, el
más progresista, el más feminista, el más europeísta y, sobre todo, el más
modesto presidente que jamás ha pisado la Moncloa.
¡Qué humildad la suya! Sube al estrado y nos
regala perlas como que España va como una moto gracias a su genial gestión.
Claro, hombre, claro. Una moto que se estrella cada dos por tres: trenes que
descarrilan, víctimas que se acumulan y él, imperturbable, sale a decir que
nuestro sistema ferroviario es de los mejores del mundo. ¡Ole tus huevos,
Pedro! Porque para eso sí que tienes talento: para vender humo de alta calidad
mientras el país se desangra en las vías.
¡Qué visión de Estado! Regulariza de un
plumazo a medio millón de inmigrantes irregulares, abre la frontera como quien
abre una lata de sardinas y luego se extraña de que Europa le mire con cara de ¿este tío de qué va? Hasta la Comisión Europea le ha tenido que dar un
toquecito de atención, pero él, tan responsable, sigue tan ancho. Y cuando Musk
le llama tirano y fascista por querer meter en la cárcel a quien no censure lo
que a él le molesta, Sánchez responde con esa sonrisa de anuncio de dentífrico: Eso es la ultraderecha. Claro, Pedro, claro. Todo es la ultraderecha menos
tú, que eres la reencarnación de la democracia en persona.
¡Qué escrúpulos! Se mantiene en el poder
gracias a los herederos de ETA, a los separatistas que sueñan con romper España
y a una coalición que parece un circo de tres pistas. Mientras, los casos de
corrupción le llueven como confeti: Koldo, Ábalos, Begoña, Tito Berni… una
lista más larga que la cola del INEM en sus peores tiempos. Pero él, impoluto,
presume de gobierno ético. ¡Qué grande eres, Pedro! Tan grande que hasta
Meloni y los líderes europeos serios te dejan fuera de la foto porque ya no
saben si ir contigo es contagioso.
Al final, tanto presumir de responsable, de
progresista, de salvador de la patria… y lo único que queda claro es que le
falta lo esencial: vergüenza, coherencia y un poquito de decencia.
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