Los de la mano y el capullo no es sólo que sistemáticamente hagan las cosas de modo incorrecto. Es que, además, hacen como que hacen, pero sin hacer, y se muestran muy ofendidos cuando se les critica su desidia. Lo cual no les priva de criticar a los demás cuando esos demás, al menos, hacen algo.
Tomemos el caso de la invasión de Ceuta de
hace ya más de un mes. Cuando habían transcurrido dos semanas, todavía quedaban
en la ciudad autónoma española unos cinco mil presuntos menores presuntamente
no acompañados (o sea, pemepenas: permito generosamente el uso gratuito
del palabro a quien quiera que desee utilizarlo). Para tramitar los
correspondientes expedientes de expulsión, el ministro Pekeño había
destinado ni más ni menos que a seis policías. Es decir, que aunque trabajaran
a destajo, la cosa les llevaría más de un mes.
¿Alguien cree que, mientras tanto, la morisma se va a estar quietecita?

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