Por una vez voy a repartir estopa a diestros, y no sólo a siniestros. No sé cómo me saldrá la cosa, habida cuenta de mi acreditada falta de práctica en semejante menester.
Resulta que el número dos de
la Hacienda canaria -miembro del Partido Popular- decidió imponer un arancel al
chocolate extranjero. Hasta ahí muy bien, no hay nada que objetar, es
perfectamente correcto buscar favorecer la industria local.
Lo que ya no es tan presentable
es que ese arancel beneficie precisamente al negocio de su familia. Y es que la
esposa de César no sólo debe ser decente, sino también parecerlo. Y este asunto
parece cualquier cosa menos decente.
Salvando siempre, claro, la presunción de inocencia.

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