Decía don Manuel Fraga Iribarne que un socialista es alguien capaz de afirmar una cosa y la contraria y sostener que ambas son ciertas. Otra posible definición es que un socialista es alguien que criticará algo en los ajenos mientras lo defiende en los propios.
Se me dirá que esto es muy humano: nada nuevo
bajo el sol, desde que Jesucristo resumió la cuestión en que hay quienes ven la
paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. En esto, los socialistas
españoles son más humanos que nadie.
Cuando nacieron las privadas, cierto afamado
multipropietario, licenciado en Medicina -gracias a Dios, no ejercicio, lo
mismo que Petisú-, presentó un programa, versión (creo) de otro
argentino, en el que unos presuntos reporteros hacían preguntas más o menos
impertinentes pretendiendo ser entrevistadores incisivos.
Desde entonces, la técnica ha sido imitada
por multitud de sujetamicros en diversas cadenas. En general, a los
progres no les ha importado, porque las cadenas eran progres y los
entrevistados, cuando eran políticos, eran de derechas.
Pero hete aquí que los tiempos cambian y, con
la miniaturización de los equipos, prácticamente cualquiera puede meterse a
tocacoj… reportero. Y progres, separatistas y gente de ese pelaje no están
acostumbrados a que les pregunten las del barquero a la cara, de sopetón y sin
cortafuegos. Y o bien dan la callada por respuesta, o bien se enfadan, o bien
agreden al preguntón, para luego, en todos los casos, salir por patas.
Y todo eso no les hace gracia a los graciosos oficiales, que llaman acosadores a los de la acera contraria -no entro en las preferencias en materia de alcoba- mientras se dedican a hostigar a, por ejemplo, miembros del poder judicial que tienen la osadía de investigar al entorno más próximo del psicópata de la Moncloa.

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