El desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer y su grupo de corifeos, secuaces y compinches no para de proclamar que están en el poder porque tal es la voluntad de los españoles. Falso, como casi todo lo que dicen.
Porque, en las últimas elecciones generales,
el partido más votado y, consiguientemente (no necesariamente, pero siempre ha
ocurrido así en España), el que más escaños obtuvo en el Congreso de los
Diputados no fue el partido de la mano y el capullo, sino el Partido Popular.
Una de las pocas verdades que sale de la boca
de la coalición Frankenstein es que había más españoles que no querían a Feijóo
como presidente del gobierno que españoles que sí lo querían. De ser esto
cierto, no sería menos cierto que había todavía más españoles que no querían al
psicópata de la Moncloa al frente del ejecutivo, puesto que todos menos el
PSOE es mayor que todos menos el PP.
Lo que ocurre es que, ayuno de principios, en
su ansia por detentar el poder les prometió todo lo que le pidieron, fueran
transferencias o una bajada de pantalones, y así obtuvo su ansiada meta.
Lo malo es que, una vez cedes a un
chantajista, ya no hay manera de parar. Sus demandas irán en aumento, y llegará
un momento en que ya no puedan ser satisfechas o que, simplemente, se canse . Y
ese momento ha llegado, y por eso no paran de cosechar derrota parlamentaria
tras derrota parlamentaria. La última, en el momento de escribir estas líneas
-una semana después de producirse, y dos antes de ser publicada la entrada- fue
el rechazo de la senda de estabilidad propuesta por el Gobierno.
Tanto da que el ninistro de Hacienda quisiera
restar trascendencia política al rechazo y asegurase que no debía
interpretarse como una victoria o una derrota del Ejecutivo. Porque es una
derrota -otra más-, y en toda la línea.
Diría de flotación, pero es que no se van a pique porque la mierda flota…

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