Como proclamó la víbora con cataratas -Alfonso Guerra dixit-, las promesas electorales se hacen para incumplirlas.
Es algo a lo que los electores ya estamos
acostumbrados. En general, votamos más por nuestras filias y fobias que por los
programas, y los partidos políticos lo saben. Y nosotros sabemos que lo saben,
y ellos sabe que nosotros sabemos que lo saben, y a nadie le importa un ardite.
Pero mientras que hay promesas electorales cuyo
incumplimiento no permite percibir la importancia del mismo -¿quién se va a
percatar de que hay doscientas mil viviendas más o menos?-, otras en cambio
tienen repercusiones reales.
Como los medios aeronáuticos de la lucha
contra incendios (los aviones cisterna, para entendernos): cada vez hay menos y
más antiguos, pero la culpa del aumento de hectáreas calcinadas sigue siendo
del cambio climático.
A cambio, tenemos un montón de informes técnicos, que seguro que en la librería quedan preciosos.

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