Para los catalanistas, Barcelona es poco más que un oasis de paz, tranquilidad e integración multicultural.
Para los demás, es un lugar peligroso y
degradado, donde el gobierno de la extrema izquierda populista e inepta ha
convertido lo que en ocasiones podía aspirar a ser la primera ciudad del país en
algo parecido al mundo de Jumanji (el primero, el de Robin
Williams).
Esto piensa por ejemplo, Jessica Goicoechea, influencer (sea eso
lo que sea) que en su bolso lleva cuatro espráis de pimienta y un táser, porque
-es su valoración de la situación de su ciudad- prefiere ser arrestada que muerta o violada.
Y a pesar de ser rubia, no es del todo tonta, porque cuando los ofendiditos la acusaron de racista, señaló lo evidente: que no había hablado de razas. Si a eso le unimos que criticó la campaña de ropa que promueve el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, esta chica ha subido puntos en mi valoración.

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