La Justicia en España va despacio, pero va. Poco a poco, el cerco en torno al desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, al partido de la mano y el capullo y al psicópata de la Moncloa.
Y empezando por el eslabón más débil -también
el más vago, y el más torpe-, el teledirector de orquesta, que ha sido condenado a nueve años de inhabilitación. En realidad, y dado que desatendió sus obligaciones y compromisos, acudiendo apenas a su puesto de trabajo, a lo
que le condenaría yo es a trabajos forzados: eso sí que supondría un verdadero
castigo.
Sentencia en la que, además, se señala un
hecho incontrovertible: la posibilidad de influencia del hermano, a la sazón
secretario general de la banda (criminal, no sinfónica) cuando Chirimoyo fue nombrado para el
puesto. Elemento que reconocen hasta los apologetas de Su Sanchidad,
cuando dicen que todo el caso se basa en que el condenado es hermano de quien
es.
Naturalmente: si no fuera hermano de quien es, ni en cien años le daban el puesto.

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