Leyendo estas novelas de Tarzán, me vino a la mente la impresión de que Burroughs recurre, uno por uno, a todos los tópicos de la novela de aventuras exóticas. Y es cierto -civilizaciones perdidas, animales fantásticos, tesoros escondidos-, pero con un matiz.
Ese matiz es que todos esos tópicos se
estaban creando en ese momento. Es decir, que no estamos asistiendo a la
reutilización de una fórmula manida, sino a los primeros pasos de lo que luego
sería una receta exitosa.
En esta novela -que continúa la anterior-,
Tarzán emprende la búsqueda de Jane. En esa búsqueda se topará con un valle
oculto en el que, además de una raza de triceratops carnívoros (aparentemente,
la única fauna prehistórica), existen dos razas de homínidos inteligentes con
cola, enfrentadas entre sí, y una tercera de homínidos mucho más primitivos.
Como no puede ser menos, el hombre mono se
las arregla para establecer la paz entre las dos razas (una blanca, otra negra),
encontrar a su esposa, establecer una reforma religiosa y acabar con una
tiranía viciosa (que, por lo que parece, sería sustituida por otra más
benevolente, ya que no parece haber cortapisas al poder del monarca).
La acción se desarrolla en varios escenarios (o prestando atención a varios personajes, que están dispersos geográficamente), de modo que la acción avanza pero retrocede cuando sucede algo que necesita ser explicado.
A señalar
también que Tarzán demuestra ser menos superhumano que en otras ocasiones, ya que
es vencido, atrapado o engañado varias veces.

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