Uno de los fallos de la democracia española es la importancia desproporcionada que se otorga a partidos políticos y sindicatos, y la financiación pública derivada de semejante importancia inmerecida.
Para empezar, la Constitución establece que
la estructura y funcionamiento interno de los partidos políticos deberá ser
democrática. Esto es algo que no se da en prácticamente ninguna formación política
con la posible excepción de los Click Unidos de Playmobil… y ya sabemos
el cacao que resultó, que hasta el último momento no podías estar seguro de qué
iban a hacer-
Esto mismo se predica de los sindicatos y de
las asociaciones empresariales, y la misma objeción les es aplicable. Pero es
que además dice que contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos
y sociales que les son propios. Probablemente, nuestra norma suprema se refiera
a los intereses de trabajadores y empresarios, no a los de los propios
sindicatos y asociaciones.
Pero es que, además, tanto partidos como
sindicatos reciben fondos públicos. Si ya en el caso de los partidos la cosa
tiene delito, porque se está financiando con el dinero de todos a organizaciones
que buscan acabar con el sistema, en el de los sindicatos se está
proporcionando (hay excepciones) una vida de lujo a una panda de tuercebotas
que en su vida han dado un palo al agua.
Resumiendo: que se financien con las cuotas de sus militantes/afiliados, libertad de donaciones a los mismos y transparencia total.

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